"IVANOV", DE CHEJOV, EN TEATRO DEL CENTRO

Un espejo para el hombre de hoy

No hay una línea que sugiera al autor novel, si exceptuamos, como sucede en el Jean Santeuil de Proust, cierto interés en convencer al espectador o al lector de su inteligencia y agudeza de observación, como cuando describe la depresión del protagonista, lo que en obras posteriores, logró disimular. La obra es muy extensa y el mismo Chejov la redujo; Sergio Pereira va un poco más allá, suprime dos personajes casi prescindibles (Borkin, Babákina) acorta los diálogos; actúa siempre con tino y con sentido del equilibrio y la proporción. El resultado es un incómodo espejo, porque los Ivanov son hoy, entre nosotros, multitud. Conocemos a Ivánov: su antecesor es Hamlet, sus hermanos Tréplev y Platónov. Nada de lo mucho que ven en la realidad les sirve como punto de apoyo; no encuentran ni donde pararse ni qué hacer. Ese vivir por encima de sus posibilidades, esa aridez sentimental, esa presunción de inteligencia basada en el mero hecho de ver los defectos ajenos, esa consagración a la inercia y sobre todo, ese refugiarse en la ensoñación, que a fines del siglo XIX solía ser la lectura, que cosechó las mismas acusaciones de nepente, «viaje» o droga que hoy recibe la televisión y que hoy, misteriosamente, ha entrado al Elíseo de la cultura respetable.

La puesta en escena de Sergio Pereira logra el tono justo de la comedia. Todo parece a primera vista trivial, y lo único que se muestra claramente es una lucha sin esperanzas contra el aburrimiento. El conde (Fernando Gallego) está siempre al borde del cinismo y Shabelski (Juan Antonio Saraví) oscila entre la agitación y la indiferencia. Sentimos que algo se prepara, como si una nube negra fuera cerrando el horizonte, hasta que al final la realidad choca contra la ficción y la pulveriza: Ivanov recobra por un instante la lucidez, vuelve a ser el de su juventud, pero ya no puede soportarse a sí mismo y nos deja una verdad amarga flotando sobre el escenario.

Uno de los mejores aspectos de Ivánov es la interpretación. Alvaro Pozzolo, que debe tener alguna afinidad con Chejov, compone al protagonista con exactitud, delicadeza de detalles y un hablar adecuado a los vaivenes y a la clase de Ivánov. Pereira saca partido de lo mejor que pueden dar Saraví y Gallego, a cuyo cargo están las varias escenas hilarantes de la obra. Rosa Simonelli, Adriana dos Reis, Maiana Olazábal y el joven Pablo Sintes cumplen sus papeles a la perfección. *

IVANOV, EL HOMBRE PERDIDO, de Antón Chejov, con Alvaro Pozzolo, Adriana dos Reis, Fernando Gallego, Juan A. Saraví, Rosa Simonelli, Maiana Olazábal, Pablo Sintes. Música de Fernando Condon, dirección de Sergio Pereira. En teatro del Centro Carlos Eugenio Scheck.

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