Serie negra en Punta del Este: un desafío cinematográfico
Gustavo Iribarne
Si bien Maldita cocaína lleva el sello de realización argentina, la película marca el debut cinematográfico de Osvaldo Laport junto a Diego del Grossi, Ricardo Espalter y Juan Manuel Tenuta, además de haber sido filmada, casi en su totalidad, en nuestro principal balneario esteño. LA REPUBLICA conversó con Pablo Rodríguez (también uruguayo), director de este largometraje próximo a estrenarse en nuestro país.
Esta experiencia cinematográfica no es la primera que aborda Pablo Rodríguez estudiante de Cine en la Escuela de La Habana y México, en su currículum figuran varios títulos entre los que se incluye el documental Las focas (1988); No Xirgu para nada, (1989), una adaptación de la obra teatral del mismo nombre; el mediometraje Color de tristecías (1991); Dudosa pasión (1991); Músicos por derechos humanos (1991) y la polémica Gardel, ecos del silencio (1997).
Consultado sobre los motivos de esta particular decisión de filmar una policial en Punta del Este, Rodríguez no vaciló en calificarlo como un experimento de continuidad: «Originalmente este filme se iba a llamar Las voces de Trejos, luego apareció el nombre de Una cacería en Punta del Este hasta que llegamos al título Maldita cocaína. Pero el desafío surge a partir de una carrera por la continuidad –agregó–, la idea es hacer una película y luego otra; no sirve de nada hacer un largometraje cada veinticinco años».
–¿Cómo surge el tema de la película?
–Apareció a través de un interesante libro de acción y aventura de Luis Nieto. El argumento nos pareció viable para seguir marcando ese camino de continuidad y buscar una respuesta en el público. Me gustó el libro y de esta manera surgió el filme policial. Por supuesto que lo primero que hicimos fue salir a Buenos Aires y España con el propósito de buscar conexiones y financiación para poder realizarlo.
–¿Cuántos países intervienen?
–Es una película argentina en la que interviene Uruguay, España y Estados Unidos pero a título de empresas particulares. En el casting tenemos una actriz norteamericana, Elizabeth Bradley, que fuera recomendada por Edward James Olmos y un fotógrafo holandés, Koen Suidgeest, que está radicado en España, entre otros. Esto significa que no es una coproducción oficial; yo me atrevería a decir que es muy difícil que uruguay pueda entrar en una coproducción mientras no tenga un instituto oficial que pueda establecer lazos legales con otras instituciones del mundo. Por eso podemos hablar de una reunión de empresas.
–¿Cómo se realizó el rodaje?
–La película tuvo momentos. Empezamos en el ’98, rodamos la película en Punta del Este, Barajas, Buenos Aires y Montevideo pero nos quedamos sin dinero. En este momento se dio un bache enorme hasta que aparecieron los fondos para terminar la película. Esperamos que se estrene a fines de setiembre o principios de octubre en combinación con las salas de Argentina y Uruguay. Estamos aspirando, por lo menos, a veinticinco salas en Argentina y ocho salas en Uruguay.
–¿Quiénes trabajan en el filme?
–En este caso se produce el debut cinematográfico de Osvaldo Laport que, como ya se sabe, ha hecho mucha televisión y teatro con un éxito impresionante. Esta es su primera película en 35 mm, aunque tengo entendido que ya ha recibido una propuesta para trabajar con Antonny Quinn. También está Juan Manuel Tenuta, otro conocidísimo actor de teatro, cine y televisión junto a Ricardo Espalter y Diego del Grossi que hace en la ficción de mano derecha de Laport, realizando un contrapunto interesantísimo en la película. Además de la mencionada Elizabeth Bradley intervienen Laura Arias, Edward Nutkiewitcz, Emiliano Lozano e Ivana Leyton.
–¿Podrías adelantarnos qué es lo que va a ver el público?
–Yo diría que estamos hablando de un largometraje de 91 minutos con un estilo narrativo que pretende acercarse al público. El objetivo es ingresar al circuito comercial preestablecido. Por eso los tiempos y formatos son importantísimos.
–Obviamente va a darle un punto de comparación inevitable con el estilo clásico del cine policial norteamericano. ¿Cómo piensas que eso va a influir en la percepción de tu película?
–Tirarse a filmar cualquier género en Uruguay ya, de por sí, es un riesgo y una aventura. Afuera ya se ha filmado de todo pero aquí, en nuestro país, siempre estamos probando en todos los géneros y no sólo en el policial.
Puedo decirte que me gusta el estilo policial o de aventuras; me parece una cosa muy divertida y entretenida, tanto a la hora de hacer como a la hora de ver. Me encanta ver policiales y pienso que al público también. Elegimos este género porque era un verdadero desafío y el libro nos gustó mucho, aunque podríamos decir que no sólo existe el precedente de la serie negra norteamericana sino también del cine policial argentino. En los últimos tiempos, por ejemplo, podríamos hablar de lo realizado por Suar con una gran producción de efectos especiales.
La película Maldita cocaína no va por este camino sino que busca generar cierto suspenso e intriga aunque no descartamos alguna explosión condimentada con sexo y balazos. Pero todo este cóctel está servido con más mesura, acompaña el acontecimiento sin que pase a ser el «sujeto» de la película.
Obviamente, estamos hablando de un argumento que involucra narcotraficantes llegados a Punta del Este para realizar una transa de droga, lo que ya condiciona bastante el ritmo de la película en el sentido de imágenes que muestran persecuciones automovilísticas, helicópteros y todo el marco de nuestro principal balneario. Intentamos hacer algo entretenido, con suspenso y cierta tensión dramática que no se busca por el lado del efecto. Es tan difícil hacer cine en Uruguay, como en cualquier parte del mundo por los costos elevados, que hay que buscar los canales para concretar proyectos porque un cineasta ejerce filmando.
De repente no siempre uno hace las películas que quisiera hacer pero hay que seguir rodando para, después, hacer los filmes que peferiría realizar. Es una búsqueda que también habla de «permanencia» laboral, de generar una fuente de trabajo. Para lograr esa continuidad, hay que tener una mínima aceptación en el público. Esa es la idea.
–¿Estás satisfecho con el trabajo realizado?
–Uno siempre dice que no, es el lugar común de las respuestas. Pero hay que pensar que esta película yo la empecé en el ’98 y ya estamos al borde del siglo XXI. Cuando estemos estrenando Maldita cocaína quizás ya aparezcan algunos arbolitos de navidad en los comercios y yo esté trabajando en otro proyecto que me tiene muy entusiasmado.
¿A qué viene todo esto? Lo digo para explicar que sí, estoy satisfecho con el trabajo, aunque, quizás, no del todo, porque hoy mejoraría cantidad de cosas como ocurre generalmente luego de editada una película. Una película es como una poesía: vos la hacés y después se puede modificar, arreglar los errores de ortografía o quitar una coma.
Pero no tenemos derecho a cambiar la esencia de ese poema, que escribimos en determinada circunstancia o estado de ánimo. Esta película se hizo en el ’98 y, por más que lleve el sello de 2000, es un largometraje «mentalmente» realizado por gente de hace dos años, sin el aporte que podríamos sumar con todo lo que hemos «crecido» desde ese momento hasta la fecha.
–¿Cuáles son las expectativas?
–¿Expectativas? que le guste a la gente. Que vaya a entre
tenerse un rato sin pretender intelectualizar más allá de lo que le provoque la película. No pretendemos ganar el Oscar ni ser los campeones de la taquilla. Simplemente queremos mostrar una película.
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