Festival de invierno en Cinemateca
En Cinemateca 18, y durante una semana y media, se proyectarán en una única función, casi cuarenta películas (tres diferentes cada día en distintos horarios), organizadas en varias secciones, y dirigidas a un público inquieto y capaz de apreciar las obras provocadoras de una programación de una docena de países, que arriesga repetir las colas en 18 de Julio y llenos en una de las salas mayores de la ciudad. La fiesta, como en anteriores Festivales de Invierno de la Cinemateca, rechaza toda posible trivialidad comercial y descubrirá obras inéditas, la mayoría de las cuales no tendrán exhibiciones posteriores, y ninguna, desde luego, en el circuito comercial.
El Festival consta de un bloque central, donde aparecen filmes tan diferentes e imprevistos como Tape del norteamericano Richard Linklater (Antes del amanecer, y Antes del atardecer), quien aquí en un ejercicio minimalista, en ambientes mínimos retrocede con simplicidad y fuerza al pasado al que no quieren volver los protagonistas. Otros desaires afloran en la opera prima de Park Chan-wook (descubrimiento reciente de Cinemateca con su filme Oldboy), quien en Simpatía por el señor Venganza (Corea) traza otras venganzas (eran la obsesión de Oldboy) con violencia sugerida o mostrada en un contexto social preciso y crítico: Corea no es el paraíso. En cambio, Mondovino (Francia/Argentina, de Jonathan Nossiter) explica cómo la globalización incide en la producción de vino en todo el planeta a partir de cómo se manipulan los gustos del consumidor y éste es moldeado por los intereses de los grandes productores que se comen a los chicos. Otros desbordes de esta sección incluyen una película al borde de la subversión (la coreana Repatriación), que documenta cómo en el sur hubo prisioneros políticos por espionaje a favor del norte (algo que se ocultó durante más de treinta años de la opinión pública), o la única película todavía desconocida en Uruguay del checo Vladimir Michalek (Sekala debe morir), o una película femenina de la danesa Susanne Bier (Hermano) con un punto de vista sobre la juventud por una autora también joven, o El corno emplumado (México, de Anne Mette Nielsen y Nicolenka Beltrán) sobre un momento en que parecía al alcance de la mano cambiarlo todo. Más inquietante, Días de perros (Austria, de Ulrich Seidl) pasea su mirada por el patio trasero de la sociedad austríaca con gente que hace cosas muy extrañas a veces inquietantes en un drama poco auspicioso en el primer mundo. Capturing the Friedmans (EEUU, de Andrew Jarecki), premio de Sundance, puede perturbar con su investigación sobre las elusivas fronteras de la verdad.
Otro bloque fundamental del 7º Festival de Invierno muestra la obra del japonés Kiyoshi Kurosawa, alguien que desde hace siete u ocho años ha subvertido convenciones, shockeado a espectadores y alertado a la crítica internacional, con un largo reconocimiento de premios. Se verán sus filmes desde 1997 al 2001: La cura (que fue el descubrimiento para Occidente), Permiso para vivir, Carisma, Ilusión estéril, Circuito. No tiene nada que ver con su homónimo Akira, ni es familiar suyo ni su cine se parece al del respetado maestro. Sus películas pueden ser thrillers, pueden parecer paranormales, insisten sobre las pérdidas de identidad en el Japón actual y sus climas son densos, cargados. Estas meditaciones existenciales son poco frecuentes por lo que se sabe en el cine y la literatura de su país, un dato que realza su radical rebeldía, utilizando mecanismos de suspenso, con encadenamientos narrativos casuales, como si los personajes estuvieran gobernados por un sino particular, y por raptos repentinos de terror.
Una muestra del cine de Irán procura evitar a los grandes maestros, y casi lo logra. La sección, de todos modos, incluye una pequeña obra maestra, Estación desierta, dirigida por Alireza Raisian pero como argumento y libreto son de Abbas Kiarostami, aquí se produce una curiosa metamorfosis entre el cine del maestro (largas panorámicas por espacios desérticos, personajes en viaje, simbolismos que esconden esperanzas, los adultos y los niños). Al lado de este filme los otros iraníes parecen menos impactantes, pero como rasgos importantes debe saberse que se ocupan de la discriminación de género contra las mujeres, de la vida cotidiana en Teherán, y hasta alguna culminación poética desde el punto de vista de una joven, por ejemplo: Una luz brillante, Viaje al mañana, Anoche vi a tu padre Aída, La quinta reacción, títulos de producción muy reciente, algunos premiados ya en festivales y otros, curiosamente con rasgos de Buñuel (Una luz brillante recuerda a El ángel exterminador).
Como en anteriores ediciones el Festival de Invierno abre un espacio al cine como testimonio, con tres ejemplos latinoamericanos: Juan Gelmán y otras historias (México, de Jorge Denti) aporta una visión de varios años siguiendo la peripecia de Gelman, sin quedarse en el mero reportaje (el filme se presenta con el auspicio de SERPAJ). Lula más allá de la esperanza (Brasil, del uruguayo Gonzalo Arijón) explica Brasil a través del personaje, lo que ha ocurrido y lo que no pasó. Injeren-CIA años 50 (Venezuela, de Angel Palacios) reúne documentación filmada contundente sobre las acciones en América Central, el sur y Venezuela) de la Agencia Central de Inteligencia de los Estados Unidos, con materiales y testimonios de Philip Agee. Casi todo lo que muestra era desconocido hasta ahora.
La monográfica homenaje, en esta edición está dedicada a François Truffaut, con su otro yo Antoine Doinel, siguiendo dos líneas: Las aventuras de Antoine Doinel (Los 400 golpes, Antoine y Colette, La hora del amor, Domicilio conyugal, El amor en fuga) y El amor y las mujeres (Jules y Jim, La piel dulce, Las dos inglesas, El último metro, La mujer de la próxima puerta, Confidencialmente tuya). En copias nuevas, aquí está la esencia de un autor muy personal, tierno y confidente, capaz de hacer un cine llano, cargado de sentimientos. Se completa con un documento de Anne Andreu, François Truffaut, una autobiografía, hasta ahora inédito.
Dato final y complementario: las exhibiciones serán para todo público, pero los socios de Cinemateca Uruguaya tendrán entrada gratuita a todas las funciones, incluídas las trasnoches de los sábados. *
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