Se entregaron los Premios MTV

La noche de Eminem

Raúl Forlán Lamarque

Si algunos observadores especializados consideraron en las horas previas a la entrega de los Premios MTV 2000, ocurridos anteanoche en el amplio recinto del Radio City Hall neoyorkino, como una auténtica puesta al día del estado creativo de la cultura rock y pop, pues los resultados podrían llegar a ser desalentadores.

Acaso porque en el territorio del pop la estética «barbie» y tontuela ha ganado el podio a partir de ejemplos descartables como la ex gordita Britney Spears y de la flacucha Christina Aguilera (quien al momento de actuar obtuvo los servicios del vocalista de los Limp Bizkit, Fred Durst, acaso por aquello del cachondeo que ocurre en estos rituales) y de los grupos corales como N’sync, quien obtuvieron dos galardones (mejor video pop y premio de los televidentes), como para legitimar esta línea de gestión cancionística con un perfil ‘teenager» muy bien respaldado en producción.

Así estamos y estaremos si no nos disponemos a ejercer un foco crítico. Como me decía alarmado hace meses atrás un alto ejecutivo de la discográfica Warner, no precisamente de la filial Uruguaya, la década del noventa se inició a todo fuego creativo con Nirvana y se culminó con la sonoridad latina estupidizante de Ricky Martin y compañía. Así vamos.

Pero si la zona del pop no ofrece autores o intérpretes para nada interesantes en su gran mayoría, la industria musical no puede sesgar que los ya citados u otros como los insufribles Backstreet Boys, son hoy un fenómeno de generosa taquilla y por lo tanto el respaldo llega de inmediato con un marketing y un merchandising impresionantes.

Desde luego que por oposición, siempre será preferible optar por Shakira (una de las vencedoras en el área latina) que por la Spears o la Aguilera.

Hay música pop mucho más rigurosa y exigente y sin tantos fuegos de artificio como el de la compositora colombiana. Y ya que hablamos de premios latinos: celebremos el más que merecido premio a los Fabulosos Cadillacs como mejor banda de rock latina (se los galardonó por su excelente videoclip «La vida»), aún cuando debió estar dentro de los candidatos un proyecto mayor como Café Tacuba.

En el panorama del rock, el juego de MTV parece por lo menos a primera lectura perverso: nunca un grupo menor, seguramente correcto pero sin novedades como Blink 182 puede trepar al podio como mejor banda por encima de los Red Hot Chili Peppers (y siempre hablando de los candidatos). Es una broma y una jugada de marketing formidable: apuntalar a la banda para su inevitable crecimiento.

Claro que en este falso sistema de verdad cultural que es la MTV, todo posee su correspondiente arreglo: se premia a los creadores del espléndido videoclip «Californication»de los Red Hot y, posteriormente, segundos antes de su avasallante presentación en vivo con sus pelos cortados al estilo navajo, se les entrega un galardón especial, todo un reconocimiento por haber fundado una saga de videos de alta factura a lo largo de su no menos extraordinaria trayectoria artística.

Y se la siguen emparchando cuando al momento de la categoría mejor grupo de rock le entregan el galardón a Limp Bizkit. Que no será precisamente la mejor banda de rock del momento, pero su popularidad está en fase de ascenso y hay que apoyarla. Todo es negocio mezclado con insolencias de los invitados y los conductores, pero estratégicamente delimitado en cuanto a las premiaciones.

Los Red Hot Chili Peppers y el rapero Eminem fueron, por lo tanto, las figuras de la velada. Ambos recibieron sus correspondientes premios (en el caso de Eminem a mejor video de rap junto a Dr. Dre y mejor video del año), efectuaron sets en vivo impactantes (el de Eminem se inició en plena Quinta Avenida), al que puede sumarse el de los inflamados, furiosos pero no menos creativos Rage Against The Machine, estos últimos introducidos por un largo speech del irlandés Bono que versó sobre la capacidad de compromiso y de las lógicas de cambio que todavía posee el rocanrol.

La ceremonia fue abierta por un tedioso monólogo de Chirs Rock, para luego pasarle la posta a los conductores naturales de la extensa velada: los hermanos Marlon y Shawn Wayans (protagonistas de Scarey Movie, esa parodia a Scream, de próximo estreno montevideano) y dar paso a lady Janet Jackson que no ofreció novedad alguna a excepción que parece notoriamente más convincente a nivel coreográfico y escénico que las «barbies» que ha impuesto al MTV.

Hubo un gesto de no olvidar el pop con sabor a Jeniffer López (la gran perdedora del año anterior) y muy grato que la más que promisoria Macy Gray haya sido la revelación (y vaya que si lo es) y que, de algún modo, también se respaldara los amagues de talento de Sisqo en el territorio cada vez más a vasto del hip-hop: dependerá de su talento convertirse o no en una estrella de envergadura.

Otros premios, las Destiny’s Child se llevaron el de mejor video rithn & blues y Alaia el mejor video dance.

Los hermanos Wayans dirigieron la ceremonia con una serie de gags y mucha verborragia más cercana al aburrimiento que a la gracia. El otro gran protagonista fue Jim Carrey: ovacionado por los miles de espectadores hizo reír a todos y tuvo el honor de introducir al stage al genio de Eminem. Más no podía pedir.

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