Tiene la Palabra

Jubilaciones

Señor Director de LA REPUBLICA

Dr. Federico Fasano Mertens

* Sobre los descuentos a las jubilaciones que se vienen proyectando, parece que hubieran sido pensados por gente que no ha vivido en nuestro país.

Se alega que hay 80.000 jubilados que reciben muy bajas remuneraciones, pero no se examina quiénes pueden ser estas personas. Sabemos que todos los patrones o propietarios de negocios aportaban por un mínimo ficto muy bajo en comparación con lo que le correspondía a un obrero o técnico de una empresa.

Me refiero a los años 45 al 85 aproximadamente, tiempo en el que todavía no se habían inventado las tercerizaciones.

De los 800.000 mencionados, seguramente hay un 30% que fueron patrones comerciantes que hubieran podido aportar mucho más que el ficto pero no lo hicieron invirtiendo en otros rubros como casas, campos, etc. Y otro por lo menos 20% que fueron operarios patrones que también podían haber contribuido con más. De modo que el resto, o son peones de campo que fueron menospreciados y que deben ser contemplados o gente que recibió por favor político esta prebenda y que nunca aportaron nada y por lo tanto no hay que tener en cuenta.

El que escribe siempre trabajó en una empresa que exportaba por millones de dólares anuales y cumplía con las leyes sociales de 18 y 20%, para empleado y patrono respectivamente.

Lo que resulta indignante es que a personas que siempre aportaron lo legal como empleados o técnicos (patronal y obrero) y que son los que hoy están percibiendo entre 20 y 25 mil pesos los quieran liquidar con un disparatado descuento de 25%, el mismo que luego se extiende hasta los privilegiados ex políticos que nunca contribuyeron al ingreso económico del país. Es muy extraña esta escala y evidentemente como se argumenta la financiará la clase media ya tan deprimida.

No creemos que haya políticos que no se den cuenta de esto y se hagan cómplices de este atropello, pero parece que es así.

Luego de esto ¿cómo tomar en serio a los políticos?

H.R.C. C.I. 761-160 8

Uruguay carece de buques y ello repercute en la economía de todos

Señor Director de LA REPUBLICA

Dr. Federico Fasano Mertens

* Cuando se habla de extender los mercados comerciales del Uruguay no se menciona que el país carece de una herramienta importantísima para su comercio exterior: buques nacionales.

Si se considera que, en términos generales, las exportaciones e importaciones suman aproximadamente 6 mil millones de dólares al año, mayormente mediante el tráfico marítimo, se puede deducir la importancia que tiene este medio de transporte. Sin embargo, excepto un par de barcos de escaso tonelaje, no hay buques nacionales.

El caso más notorio es el de Ancap, ente que importa todo el petróleo en buques de bandera extranjera; se sabe que las compras de crudo alcanzan una cifra de unos 800 millones de dólares al año, dentro de lo cual está incluido el costo de transporte. ¿Cuánto paga la Ancap por este concepto? ¿El 5%, 6%, 10%, del valor total? No se sabe, pero si se toma el valor más bajo, la cantidad es muy grande. Y eso se gasta año a año. Y es dinero que se va y no vuelve. Y además, aunque se pretenda ignorar, lo estamos pagando todos y cada uno de los habitantes del país. El costo de arrendamiento de estos buques, cualquiera que sea, se divide naturalmente, en gastos y beneficios. En este último rubro se cuentan: los del propietario, los salarios de las tripulaciones y empleados, los talleres de reparaciones y mantenimiento, los proveedores de insumos, las empresas aseguradoras, etc. Esto significa que, un solo buque de este tipo tiene un costo operativo diario no inferior a los 30.000 dólares diarios, de los cuales no menos del 30% va a los ítems mencionados. El propietario del buque tiene su ganancia, que no es inferior al 10% o 15%, por decir una cifra baja; eso sería lo que puede ahorrar Ancap y trasladarlo, por ejemplo, a un aumento en sus inversiones de infraestructura o a bajar el precio de los combustibles, sin mencionar que los seguros los podría gestionar el BSE, los puestos de trabajo (directos o indirectos) quedarían dentro del país activando el mercado interno, etc. Lo peor es que esta situación, esta carencia, se viene prolongando desde hace décadas, así que es fácil inferir la enormidad de las cifras involucradas. Los sucesivos directorios de Ancap, hasta el momento no han hecho nada por este tema, ni se han dado a conocer los costos de arrendamiento de los mencionados buques.

En el transporte de otras mercaderías (importación-exportación) la situación no es mejor y se le pueden aplicar los mismos parámetros antes mencionados. Pero a eso se le deben agregar las pérdidas de negocios de exportaciones que se producen por no disponerse de los buques al servicios del país. Este es un tema al que no se le ha dado la debida importancia y que, si se pretende abrir mercados en países fuera de la región, debería ser expuesto.

Para poner un ejemplo de las desventajas competitivas, basta lo que plantea un informe del pasado año del BID. Los productos locales, cuando llegan a los consumidores finales de los países compradores (Norteamérica, Europa, etc.) tienen un costo suplementario no inferior al 7% por causa del transporte. Esto se debe en parte a las distancias, es cierto, pero mayormente es porque existe una dependencia absoluta con respecto a los transportistas (armadores) extranjeros, que especulan con la situación.

Aparentemente, de acuerdo a una noticia de la prensa de hace algunos meses, habría intenciones de activar este sector, por parte del Ministerio de Transporte y Obras Públicas y la ANP. Desde ese momento no se conocen más informaciones al respecto, ni se ha manifestado interés por parte de los medios en averiguar sobre el asunto.

Las señales de advertencia de la fragilidad de nuestras relaciones comerciales con el resto del mundo (y hasta dentro de fronteras) se están dando en forma persistente y son cada vez más fuertes. Sería buena cosa que se reaccionara adecuadamente.

R.G. C.I. 1.023.818-8

Nos han tratado de inculcar el complejo de inferioridad

Señor Director de LA REPUBLICA

Dr. Federico Fasano Mertens

* Uno de los grandes males que enfrenta América Latina desde su descubrimiento hasta nuestros días, es el complejo de inferioridad que los conquistadores de turno han tratado –con éxito– de meter en nuestras cabezas. Para los latinoamericanos, todo lo que viene «de afuera» es mejor, más valioso y de mayor calidad, que lo vernáculo. Miramos a USA y Europa como se mira a los artistas de cine, o al cantante de moda, con admiración y la boca abierta. En los medios masivos de comunicación vemos con frecuencia y lástima, hablar a políticos, que quieren implantar una ley de dudosa eficacia, diciendo que dicha ley fue aplicada con éxito en algún país europeo, como único argumento de elogio. En muchos países latinoamericanos, su gente de bronce sueña con casarse y tener hijos con gente blanca «para mejorar la raza», absolviendo a la raza blanca de la sífilis, la tuberculosis y la caries dental que nos dejaron como herencia. Incluso a principios del pasado siglo, connotados poetas latinoamericanos hablaban de las finas manos de las princesas Eulalias, para olvidar por un momento sus manos de gruesos dedos de origen indio y trabajador. En el caso particular de Uruguay, se nota el orgullo de su gente cuando nos llaman o nos llamaban «la Suiza de América». ¿Eso es motivo de orgullo? Orgullo para Uruguay y los uruguayos sería que a Suiza la llamaran «el Uruguay de Europa», aunque los suizos protesten.

Hasta ahora, tanto L
atinoamérica como Africa han sido tratados como el culo del mundo por las grandes potencias económicas del viejo continente pero es bueno que los latinoamericanos sepamos que sin el culo, el cerebro y el corazón no podrían existir. Eso sería un buen comienzo para liberarnos de nuestros complejos.

OSCAR MUSETTI, [email protected] C.I. 1.225.245

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