Nuevo videojuego estadounidense propone "invadir Venezuela y derrocar al tirano"

Otra barbaridad: invadir Venezuela, derrocar a un «tirano hambriento de poder» y asegurar el suministro de petróleo es el objetivo de uno de los últimos videojuegos que saldrá al mercado en Estados Unidos. (Mercenarios (II): mundo en llamas) es el nombre de este videojuego con lo último en tecnología que saldrá a la venta el año próximo y cuya primera entrega se desarrolla en la península de Corea. Con imágenes tridimensionales el usuario encarna a un soldado cuya misión es derrocar a «un tirano hambriento de poder que altera el suministro de petróleo de Venezuela, desatando una invasión que convierte al país en una zona de guerra», reza la presentación de sus creadores, Pandemic Studios, en su sitio web.

Vale recordar que antes de la invasión estadounidense a Irak también se puso en circulación un video juego que, al igual que este, alentaba a los usuarios a derrocar a Husseim y apoderanse del petróeleo iraquí. Hace unos años las puestas en escena de los videojuegos eran tan fantásticas como sus tramas, pero recientemente se han lanzado al mercado o anunciado varios juegos con claras referencias a acontecimientos reales. En «Mercenarios (II)» -de la empresa Pandemic Studios con sede en Los Angeles (California)’ se elige como escenario a la República Bolivariana de Venezuela, que exporta a Estados Unidos 1,5 millones de barriles diarios.

«Pandemic Studios está en el negocio del entretenimiento. Nunca ha estado en contacto con ningún departamento del gobierno de Estados Unidos para el desarrollo de este video juego, declaró a la AFP un portavoz de la compañía que pidió el anonimato. En un breve comunicado enviado a la AFP, la compañía agrega que «la decisión de elegir acontecimientos y locaciones actuales e interesantes para cualquiera de estos juegos tiene el único objetivo de proporcionarle una experiencia divertida e intensa al jugador». Las escenas tridimensionales trasladan a paisajes urbanos, selváticos e instalaciones petroleras evidentemente de las zonas donde se extrae crudo venezolano y de Caracas. Incluso en una imagen de la capital venezolana con edificios derribados tras un ataque se puede ver una sede de la petrolera estatal Pdvsa con el mismo logo que la original. La trama de los bombardeos de la invasión, en la que los jugadores deben dominar las hazañas de un «héroe» con aire de motorizado, alto, musculoso, tatuado, rubio, de peinado «punk», lentes oscuros, cara cuadrada y barba, podría inspirarse en cualquiera filme de acción con el sello de Hollywood. Hay otros juegos con la guerra como telón de fondo ambientados en Irak, e incluso existe «Super Columbine Massacre RPG», una idea que erizó a multitudes el mes pasado cuando se supo que reproducía fielmente la matanza del colegio de Columbine hace siete años. Su creador consideró que promovería el «diálogo». El propósito de ese videojuego es que sus jugadores se conviertan en Eric Harris y Dylan Klebold, los dos adolescentes que mataron a doce estudiantes y un profesor antes de suicidarse, el 20 de abril de 1999 en la localidad de Columbine (Colorado, oeste). En Colombia dos jóvenes programadores diseñaron un juego basado en el conflicto armado que vive su país, que mezcla acciones de narcotraficantes, guerrilleros y paramilitares. En otra ala, están los videojuegos cristianos que empiezan a abrirse paso en Estados Unidos. Hay héroes (Catecúmeno), combates (contra la pereza y los pecados capitales) y conversiones del enemigo, lo que no significa, dicen sus creadores, que su misión sea evangelizar. Creadores y productores de esta próspera industria insisten en que sólo «es entretenimiento», descartando las tesis sobre una manipulación de quien está tras la consola.

Vale recordar que el presidente constitucional de la República Bolivariana de Venezuela Hugo Chávez Frías ya sufrió un intento de golpe de Estado apoyado por los Estados Unidos y que tras 48 horas de cautiverio en poder de quienes intentaron derrocarlo y asesinarlo, fue repuesto en sus funciones tras una masiva movilización popular, encabezada por civiles y militares constitucionalistas leales a la democracia. *

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