Exilio
En «Exilio», el poeta argentino Juan Gelman y su compatriota Osvaldo Bayer construyen un auténtico alegato compartido, en el que condenan a la barbarie liberticida de los gobiernos autoritarios.
La obra compila textos escritos hace más de dos décadas y media, en los que cada escritor ensaya sus percepciones y reflexiones en torno a la terrible experiencia de la diáspora.
La inauguración de este conjunto literario intitulada «Bajo la lluvia ajena», está a cargo de Juan Gelman, quien, con su habitual sensibilidad militante, interpela a la realidad y a los tiempos de violencia que hicieron carne en el entramado social.
La voz del poeta representa a miles de voces, las del dramático exilio argentino y latinoamericano, las de los expulsados por la barbarie, la injusticia y la salvaje ignominia del autoritarismo que se apropió de nuestro balcanizado continente.
Gelman construye una conmovedora poética del desencanto y de rebeldía que estalla en un discurso pronunciado al unísono, un discurso multitudinario devenido en clamor, que no cesa ni calla.
El escritor experimenta el exilio como una suerte de experiencia traumática y como un agobiante periplo que alimenta permanentemente la nostalgia.
Sin embargo, ese exilio, que es a menudo materia prima literaria, muta en angustia, una angustia que es sinónimo de desarraigo, por la sensación de ajenidad, de las distancias geográficas y culturales y de no ser parte de ese algo cotidiano.
El autor condena a los responsables de la violencia que provocó el destierro, pero también fustiga la indiferencia de quienes lo hacen sentir extranjero, de los que nos avasallan hace siglos y lo siguen haciendo contemporáneamente.
Hay, tangencial y soterradamente, un severo enjuiciamiento a los colonizadores de ayer y de hoy, a los que no comprenden qué está sucediendo, a los que ocultan el rostro de la culpa y no sienten vergüenza de sus miserias.
La poesía de Juan Gelman exhala exilios y desexilios e inhala angustias y soledades, por los que se están quedando vacíos de identidad y los sueños ultrajados.
Desde su doloroso destierro europeo, el escritor denuncia a la dictadura genocida, al monstruo que le escamoteó la esperanza, que le robó a su hijo desaparecido, a su nuera secuestrada y a su entrañable patria.
Juan Gelman construye un contundente alegato que apela a la memoria, al pasado y al presente, a la cuna europea del capitalismo que cruzó el océano para saquear a nuestra América, mancillar su cultura y asesinar a sus nativos.
El hoy se expande y se trasmuta en recuerdo, que evoca emotivamente la génesis de la felicidad infantil luego devenida en lacerante dolor de adulto.
En ese contexto, el autor proclama su rabia y desencanto, por lo perdido y lo inexorable, por la utopía brutalmente aplastada por el autoritarismo.
En «Residencia en la amada tierra enemiga», el historiador Osvaldo Bayer reconstruye sus primeras sensaciones de exilio en la Alemania de sus ancestros, que por entonces estaba fracturada por la bipolaridad ideológica.
En su análisis, el autor establece un parangón entre la diáspora germana de la década del treinta de quienes se refugiaron en nuestro continente huyendo del nazismo, y los americanos desterrados que abandonaron sus tierras huyendo también del terrible flagelo autoritario y liberticida.
En este tramo de la obra, el ensayista reflexiona sobre la mentira repetida como axioma y dogma de fe y el doble discurso de los tiranos que invocan la libertad, la familia y la patria.
Bayer condena a los miserables de almas vacías y a los inquisidores que persiguen a los intelectuales, aludiendo a los pasados exilios de Marx, Freud y Einstein, tres paradigmáticos revolucionarios que desafiaron a las estructuras del sistema y removieron las conciencias de su época.
El escritor critica ácidamente al modelo capitalista, al que le atribuye la responsabilidad de las calamidades, el arrasamiento de las libertades y la instalación de regímenes cívico militares antidemocráticos que ampararon intereses económicos.
Bayer tampoco ahorra fuertes invectivas para condenar a los argentinos que se «adaptaron» a la situación, a los colaboradores, traidores y a quienes se beneficiaron de una dictadura que gobernó mediante el terrorismo de Estado.
El ensayista también dispara con munición gruesa contra el propio gobierno de Alemania Federal, al que acusa de acordar negocios con la tiranía genocida de Jorge Rafael Videla.
Bayer condena enérgicamente el doble discurso del mundo industrializado, que -tras su fachada humanista- oculta el grotesco rostro del lucro y los intereses empresariales, para los que vale más la seguridad interna a cualquier precio, que el respeto de los derechos humanos y las garantías constitucionales.
En este ensayo de sesgo contundentemente crítico, el autor de «La Patagonia rebelde» no soslaya referencias a la ignorada complicidad de la Iglesia con los regímenes fascistas, bendiciendo las armas de los asesinos uniformados de Videla o de los criminales de guerra que perpetraron abominables atrocidades en la Alemania nazi.
Pese a que han transcurrido más de dos largas décadas, los juicios de Bayer mantienen plena vigencia.
Es que en su Argentina, al amparo de una dictadura despiadada como la que también padecimos en nuestro Uruguay, ya comenzaba a visualizarse el embrión de la serpiente: el capitalismo salvaje, hoy disfrazado con los ropajes de la democracia liberal.
Bayer reconstruye varias imágenes del lacerante exilio, como la marcha de un puñado de argentinos que se concentraron frente a la embajada de su país, portando carteles con los rostros de sus queridos desaparecidos.
El autor se rasga las vestiduras por las víctimas de la tiranía que sojuzgó a su nación. Asimismo, critica a los reaccionarios que no comprenden o fingen no comprender qué está sucediendo en la martirizada América de los cuartelazos, la tortura, el secuestro, el asesinato y las prematuras recetas neoliberales.
En el anteúltimo capítulo de sus exiliadas reflexiones, el ensayista se instala en «El cementerio de los generales prusianos» de Berlín. En un fuerte alegato antimilitarista, fustiga sin eufemismos a los fantasmas del pasado y el presente y a la glorificación del despotismo al servicio de los más poderosos.
También denuncia el crudo martirologio de la cultura y el triunfo de la barbarie sobre la sensibilidad, aunque rescata la rebelde frescura de una intelectualidad contemporánea de fuerte discurso humanista.
Osvaldo Bayer reclama la redención de las víctimas del oscurantismo y no soslaya el clamor de los martirizados por el irreparable estigma de la pérdida.
En ese contexto, evoca a dos personajes que realmente nos duelen como uruguayos: Zelmar Michelini y Héctor Gutiérrez Ruiz, mártires de la democracia asesinados, hace treinta años, por los mastines del Plan Cóndor.
Bayer formula severas sentencias, para condenar la inmoralidad, el abuso, la mentira institucionalizada por el poder y la grotesca prédica de los falsarios de turno.
Denuncia las calamidades y las venas abiertas de América Latina, recurrentemente saqueada y custodiada por los obedientes cipayos de la oligarquía apátrida.
En este libro, dos descollantes intelectuales latinoamericanos proclaman sus verdades y sus rebeldías, hasta quedar afónicos.
Este exilio compartido no refiere a la mera distancia geográfica y el desarraigo, es el exilio que lastima la memoria y la identidad.
Con lenguajes diferentes pero impregnados de idéntico sentimiento democrático, ambos escritores trasuntan sus propias sensaciones sobre el destierro, dolorosa experiencia de fractura existencial que afectó a miles de latinoamericanos du
rante los años más oscuros.
Aunque la mayoría de los textos tienen naturalmente más de dos décadas de escritos, los discursos nos golpean como siempre, por la contundencia de las denuncias y la desnuda verdad sobre las violaciones a los derechos humanos.
Juan Gelman y Osvaldo Bayer suman sus voces, para proclamar el derecho a la justicia y la dignidad de la traumatizada patria grande latinoamericana, en una obra aguda, provocadora y particularmente conmovedora.
En un tiempo de inflexión histórica para nuestro Uruguay, que observa con satisfacción la comparecencia ante los estrados judiciales de algunos de los peores criminales de la dictadura, este libro nos convoca a reflexionar sobre la imperiosa necesidad de demoler definitivamente la arquitectura de la impunidad. *
(Editorial Planeta)
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