Tiene la palabra

La rosca médica contra la asistencia cubana (De un paciente operado en Cuba)

Señor Director de LA REPUBLICA

Dr. Federico Fasano Mertens

Algunas personas que actúan profesionalmente, en el sector médico uruguayo cargaron las tintas, los cañones y se confabularon para agredir y denunciar -ante una opinión pública siempre mal informada y manipulada- a tres médicos cubanos que llegaron hasta estas playas para brindar sus conocimientos en forma solidaria.

Lo solidario es un término que no se emplea en el leguaje burgués. Lo más aproximado, se dice corporativismo, aunque a nivel popular se le llama «rosca».

Corporativismo. || 2. En un grupo o sector profesional, tendencia abusiva a la solidaridad interna y a la defensa de los intereses del cuerpo. (Biblioteca de Consulta Microsoft® Encarta® 2005)

El motivo aducido -según nota en el diario El País del día 23 de mayo, en la pág. 9- para la denuncia de las SAQ (Sociedades Anestésico-Quirúrgicas), recurre a la figura de «usurpación de funciones», prevista en el Código Penal; y afirma que: «Los cirujanos aseguran que está suficientemente probado que los tres profesionales examinaron, diagnosticaron y brindaron opiniones técnicas, por lo cual ejercieron la medicina en Uruguay».

Yo soy uno de esos pacientes que volvieron de Cuba, con la vista recuperada. A pesar de que en la época, en que se descubrió que tenía una catarata en el ojo derecho, pagaba una mutualista, fui mal atendido por uno de los profesionales médicos del sector, que me hizo el diagnóstico, me pidió un pago de U$S 1.800 para la remoción de la misma y ante mi negativa por la imposibilidad de contar con esa suma, me despidió con un «Haga lo que quiera, pero si no consigue el dinero se va a quedar ciego, porque la institución no cubre ese tipo de operación».

Algún tiempo más tarde, hice la correspondiente denuncia ante el departamento jurídico de la Institución, y la seguí; hasta que no me fue posible comparecer más. Tuve una «cansera». Por aquella época andaba con una gran insuficiencia respiratoria, me costaba mucho moverme, y en cuanto -el médico que me atendía lo hacía por la mañana- las citaciones para declarar eran marcadas para la mitad de la tarde. Nada de más. Apenas una casualidad repetida.

Los uruguayos, hace tiempo que se acostumbraron a no reclamar por nada. A callarse la boca ante los desmanes, y los atropellos, de los que tienen «el sartén por el mango».

Este tal de SAQ, se me antoja muy parecido a los comités de «Cuba Libre» -que pululaban, en los años sesenta, en la ciudad de Montevideo- dedicados a tirar mierda todos los días contra la Revolución cubana. El comité constaba de: «uno que ponía la cara y firmaba y dos o tres amigos de aquel». Todos comprobadamente anticomunistas, por supuesto.

Ignoro si esta reunión de sociedades tiene vida jurídica real, si tiene reuniones regulares, si tiene sede propia, o si es apenas una sigla que representa «a los amantes del dinero», travestidos de «justicieros del Código».

Lo cierto es que el alegato es falso. El diagnóstico de si deberíamos operarnos o no; fue comunicado por la noche en el alojamiento en que estábamos hospedados, después de haber visitado la Clínica del pre-operatorio, en la villa Tarará, al día siguiente de nuestra llegada a la isla de Cuba, el 23 de marzo del corriente año.

Después de ser entrevistados, por uno de los cuatro médicos (ya con el resultado del examen de sangre realizado a la llegada) que recibían a los pacientes, a mi me tocó hablar con el Dr. Miguel (pa’ me olvidé de pedirle ver, su diploma debidamente certificado por escribano, y recién ahora me doy cuenta); en la siguiente sala, nos esperaban cuatro optometristas que nos sometieron a tres exámenes -antes de hacer las anotaciones en el histórico, que nos acompañó durante toda nuestra estadía- y a encaminarnos para otra sala, donde nos aguardaba la médica jefa, que fue quien determinó la necesidad de la intervención.

No todos fueron indicados. Por la noche, en el alojamiento -después de cenar- algunos fueron llamados para confirmar la ida al hospital el día siguiente. Otros fueron reunidos para comunicarles el tratamiento que deberían seguir, para llegar a los niveles de control (presión arterial, glicemia, etc.) y obtener las condiciones para ser operados. Incluso, hubo algunos pacientes que regresaron sin conseguir ser intervenidos. Entonces resulta a todas luces incomprensible, ¿cómo, si ya nos habían diagnosticado, aquí? ¿cuál era la necesidad de hacerlo nuevamente, allá? Y además… ¿si estaba todo resuelto desde aquí, por qué hubieron pacientes que no fueron operados?

Otro punto que no está muy claro en las pretensiones de esa sigla, es en cuanto a «examinaren pacientes» (sic) como dice la nota.

Cuando yo fui recibido por una médica cubana, en el Centro de Salud de la Ciudad de la Costa, lo que ella me preguntó fue mi nombre. Yo le respondí y agregué la razón de estar frente a ella. Me observó la vista y me encaminó a la Dra. de Salud Pública, que la acompañaba. Esta me llevó a otra sala, me tomó la presión arterial, llenó un formulario con mis datos y me solicitó que a la brevedad se lo devolviera con el consentimiento del cardiólogo, que me atendía para poder viajar a Cuba.

Quien sabe, hubo alguna regla o norma que, las personas que idealizaron esta corriente solidaria pasaron por alto. Tal vez, el estado de calamidad de los uruguayos pobres, con problemas de visión, haya gritado más alto que el inútil trámite burocrático (que apenas serviría para atrasar la solución de miles de problemas) y al que, la sociedad uruguaya está tan acostumbrada.

Los pacientes que regresaron de Cuba (operados), a esta altura ya deben pasar de mil y ninguno de ellos precisó desembolsar un centésimo ni firmar un manifiesto contra el bloqueo yanqui que la isla sufre hace 47 años. La ministra Arizmendi (comunista) no exigió a nadie el carné del Partido, para ser contemplado con el viaje y la operación.

Al regreso me encontré con personas, que allá habían estado «recomendando» (a los nuevos candidatos al viaje) «que llevaran dinero para comer»; porque la comida -servida a los pacientes- «era intragable». Veamos… en el desayuno eran servidos huevos revueltos, tostadas, manteca, y mermelada; más unas rodajas de pomelo, naranja y ananá. Para beber, café con leche o chocolate con leche y jugos de fruta (naranja, mango o ananá) a voluntad. Antes de retirase del restaurante, pacientes y acompañantes, recibían una botella de cola y unas galletitas con relleno) para la merienda de la mañana. Al mediodía, una sopa como entrada, y un plato con arroz y pollo, o carne de cerdo, o atún, o carne bovina y verduras (crudas o cocidas) y pan. Para beber, agua helada y a la salida, la cola y las galletitas para la merienda de la tarde. La cena repetía con otros platos y distintos ingredientes, los del almuerzo. No se me ocurre que con esta alimentación diaria, controlada por nutricionistas alguien pudiera morirse de hambre. Máxime que las coordinadoras del viaje habían llevado algunas donaciones recibidas, de galletas, galletitas y yerba.

Pero como mal agradecidos, hay en todas las sociedades, seguramente debo haberme cruzado con auténticos representantes de la sociedad uruguaya. ¡Qué feo!

Estoy de acuerdo con lo que dijo la ministra Arizmendi y me arriesgo a ir un poquito más allá: la medicina es la que se transformó en mercadería. Y las sociedades, como la reclamante, en sus mercaderes. Los avances de la medicina en Cuba incluyendo nuevas técnicas, y la formulación de nuevos medicamentos, no ha servido para que ning

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