Al rescate de los jóvenes "plancha"
A Bouzas no le duelen prendas y describe en pocos trazos la pequeñez de sus personajes, que persiguen una bolsa color verde flúo como una marca de identidad y distinción. Los personajes dan lástima; son nuestro espejo; Bouzas no se ilusiona, pero los ama, lúcidamente. El Uruguay de Batlle y Ordóñez, de Herrera, de la dictadura, de la recuperada democracia, de la democracia «progresista», ha aterrizado en la cultura «plancha».
Un grupo de adolescentes (Gustavo Bouzas, Horacio Nieves, Juan Manuel Gómez Antognazza) no tiene más vocabulario que la jerga de la tribu; son casi incapaces de vivir y aún de asaltar una agencia de cobranzas, lo que intentan. La encargada del negocio, que insinúa un nivel cultural superior (Julieta Denevi) se revela, no bien se rasca un poco, de la misma textura; lo mismo sucede con el guardia de seguridad (Mario Santana), ese costo de producción negativo que, inimaginable en nuestro medio hace cuarenta años, supera en número, hoy, en varios países de Sud América a las fuerzas policiales. Los mayores, la generación del naufragio, están representados por Mary Da Cuña, a quien por momentos llegan, como un reproche, ramalazos de una época distinta, a la que ya no comprende del todo y que por momentos se siente atraída por la marginación y la tribu.
Reconocemos en Rescatate la destreza en el diálogo, natural y significativo, el acierto de la observación psicológica que aparece aquí y allá y da como resultado personajes ambiguos, repartidos entre fuerzas divergentes de socialización y marginación, en los que podemos creer. Elogiamos nuevamente en Bouzas la necesidad, o bien de plantar el teatro en la calle o bien de llevar a la escena los problemas que nos aguardan no bien salimos de nuestras casas, oficinas o bibliotecas.
Pero si la materia prima está, no distinguimos bien la elaboración, la conversión de la materia en idea. En un punto Bouzas identifica un tema, cuando los protagonistas descubren que en vez de ser los autores de un asalto son las víctimas de una comedia, cuyo libreto han urdido el dueño de la agencia y la policía, con la complicidad de la televisión. Pero ese descubrimiento no transforma ni ilumina; tampoco hay una reflexión que llegue a la platea desde el escenario. Es como si el autor, luego que verificada la riqueza de su material, lo respetara demasiado, al punto de presentar casi en bruto los bloques de piedra o mármol de los que pudo sacar una estatua.
Una segunda objeción se refiere a cómo la idea original de Bouzas llegó al libreto que vimos en escena. Aceptado por el espectador el planteamiento, los personajes y las líneas generales de la acción que ha de ocurrir, el desarrollo es previsible. La segunda parte de la obra, no bien los chicos comprenden que han caído en una trampa, continúa teniendo aciertos de diálogo, pero estamos ante una nueva «Tarde de perros». Es difícil inventar algo que interese, una vez dada la situación; pero una sombra de tedio se insinúa y aunque no malogra el final, atenúa el efecto que pudo tener. Todos morimos en Braian; es el Uruguay que muere, y más todavía cuando el telespectador se dice, en su mullido sillón, «No me concierne».
La aparición del locutor de televisión (Ruben Coletto), encargado de convertir en rating toda la sangre que pueda derramarse, subraya una idea social; pero el teatro, que no es periodismo, tampoco es sociología.
El autor no puede ni debe abandonar sus ideas, pero cuando trata con su material y le da forma, no se guía por ellas. Ya le saldrán, naturalmente, por la punta de los dedos; pero la realidad tiene sus ideas artísticas propias, que habrá que escuchar.
Balzac creía ser católico y monárquico; pero nadie escribió mejor que él ni con más simpatía, como lo señala Engels, sobre los republicanos muertos en el atrio de la iglesia de Saint Merry.
En la dirección Ruben Coletto ratifica que es un maestro en la utilización del espacio e incorpora todo el escenario y hasta la platea del teatro del Notariado a la acción dramática. La interpretación es otro punto alto de la pieza, con la experiencia y calidad de Mary Da Cuña, Julieta Denevi y Mario Santana bien ensamblada con la naturalidad y gracia de los jóvenes, Horacio Nieves, Juan Manuel Gómez Antognazza y el autor, Gustavo Bouzas.
RESCATATE, de Gustavo Bouzas, con Gustavo Bouzas, Ruben Coletto, Mary Da Cuña, Julieta Denevi, Juan Manuel Gómez Antognazza, Horacio Nieves y Mario Santana. Escenografía e iluminación de Freddy Núñez Batlle, vestuario de Francisco Bentos, ambientación sonora de Alfredo Leirós, dirección de Ruben Coletto. Estreno del 10 de junio, teatro del Notariado.
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