Detrás de un vidrio oscuro
El programa hasta ahora se dirige al éxito de público: «El método Grönholm», pieza cuyo éxito se ha probado en el mundo, primero; y ahora «Pequeños crímenes conyugales», que nuestro público pudo ver en el teatro Stella el año pasado, en la interpretación de Jorge Marrale y Mercedes Morán.
En «El visitante» el profesor de filosofía de Chambéry (Saboya) Eric Emmanuel Schmitt ideó audazmente un encuentro, real o imaginario, entre Dios y Freud. Su éxito lo convenció de dedicarse exclusivamente al teatro: sus segundas y terceras obras, como casi todas las segundas y terceras partes, no alcanzaron la altura de la primera. «El libertino» sobre Diderot y «Variaciones enigmáticas» (que debió llamarse «Variaciones Enigma») así lo mostraron. Lo mismo sucede con «Pequeños crímenes conyugales», donde toda la intriga reposa en un modesto equívoco, ficción dentro de la ficción, que el espectador podrá intuir o adivinar al mediar la pieza y que se revelerá al final.
La idea del autor es casi metafísica. Schmitt nos sugiere desconfiar de las apariencias, que casi siempre presentan una ilusión. Propone atisbar debajo de la superficie plácida de un matrimonio con quince años de duración, algunos monstruos marinos que habitan las profundidades y que pueden salir de sus cuevas en cualquier momento. Dialéctica entre la calma azul del lago y las corrientes subterráneas, que deben verse en el espejo de las aguas sin agitarlas demasiado.
Para producir plenamente su efecto, la obra debe cargar sus diálogos con significados múltiples y hasta incongruentes entre sí, lo que sólo puede hacerse mediante brevísimas modificaciones de los gestos y leves variaciones en el tono o en el volumen de la voz. Pero como ocurre con otras obras que se han intentado en muestro medio, «Pequeños crímenes conyugales» requiere actores excepcionales; y, o bien no se dispuso de ellos, o bien, hipótesis más probable, tanto el director como los actores no hicieron lo suficiente. Las interrogantes del programa de mano «¿Pero si Elisa estuviera mintiendo? ¿Y si Guillermo escondiera un secreto?» debieron surgir de la interpretación, que hubo de alertar y adormecer al espectador, mostrándole y ocultándole la verdadera trama.
En esta puesta en escena la interpretación de Roberto Jones incurre en el error de la falsa naturalidad. La naturalidad es forzosa en esta obra que presenta a un matrimonio casi convencional y que comienza en un registro neutro, como si aquello pudiera ocurrir a cualquiera de nosotros; no puede consistir en un desmadejamiento corporal que roza lo desprolijo y en un hablar descuidado que roza el balbuceo. Creemos que el protagonista masculino de Schmitt no es el sempiterno personaje de Jones, que al fin nos parece siempre el mismo. El actor tiene presencia y controla o trata de controlar sus dificultades de dicción con resonancias en la cabeza; pero no debe despatarrarse en un sillón, si ha de sentarse: su personaje, un escritor de novelas policiales, no puede presentarse ante nosotros como el ejecutivo, también interpretado por Jones, de «Tres versiones de la vida» de Yasmina Reza. Encontramos una mejor aplicación en la busca del tono adecuado en Susana Groisman, aunque la actriz no ha cultivado su voz lo suficiente como para lograr la variedad de matices y la amplitud de registro que la obra requiere.
En su conjunto, la dirección de Dumas Lerena es aceptable, aunque la acción, el día del estreno al menos, tuvo sus baches y adoleció de lentitud; sin la menor duda «Pequeños crímenes conyugales», no es lo mejor que podría esperarse de sus conocimientos y antecedentes. Es posible que dado el tiempo del que se dispuso para poner en escena la pieza, el resultado haya sido hasta demasiado bueno; faltaron, tal vez, unas pocas horas; pero el tiempo omitido no siempre se recupera con el andar de las representaciones. A veces las dificultades tienden a agravarse. *
PEQUEÃOS CRIMENES CONYUGALES, de Eric Emanuel Schmitt, con Roberto Jones y Susana Groisman. Escenografía de Claudio Goeckler, iluminación de Martín Blanchet, música de Fernando Condon, dirección de Dumas Lerena. En Sala Teatro MovieCenter.
Compartí tu opinión con toda la comunidad