El escritor y sus contradicciones políticas y filosóficas

Contradictorio y escéptico, Borges criticaba la censura pero descreía de la democracia, a la que definía como «un curioso abuso de la estadística», y defendía al «individualismo como un buen rasgo, que la política no puede aprovechar ya que consiste precisamente en lo contrario». «Para mí un escritor comprometido es alguien que hace pasar la literatura por la política. ¿Cómo es posible? El deporte, la política, esos grandes espectáculos de la modernidad son frivolidades.

Pero la política, esa es una frivolidad peligrosa», expresaba Borges poco antes de morir. Parece extraño que este genial poeta que despreciaba a los dictadores por su «afán pueril de ser aplaudidos y obedecidos», se haya abrazado con el ex dictador chileno Augusto Pinochet (1973-90) quien lo condecoró.

Ese gesto le costó nunca recibir el Premio Nobel de Literatura, la gran frustración de una de las máximas plumas de habla hispana del siglo XX. Borges fue además uno de los intelectuales argentinos que, pocos meses después del golpe de Estado del 24 de marzo de 1976, se reunió con el dictador Jorge Videla, para agradecerle haber «sacado al país de la ignominia», por haber derrocado al gobierno de María Estela Martínez, la viuda de Perón. No obstante, fue también firmante de una de las primeras solicitadas que reclamaba por los desaparecidos en plena dictadura, antes de denunciar que Argentina había pasado de «un terrorismo sonoro a un terrorismo clandestino» de Estado.

Unas 30.000 personas fueron desaparecidas en la dictadura (1976-83), según los organismos de derechos humanos. «No juzgar y no condenar el crimen sería fomentar la impunidad y convertirse, de algun modo, en su cómplice», escribió un conmovido Borges en 1985, tras presenciar una jornada del histórico juicio a las juntas de comandantes, en la que escuchó el largo testimonio de un sobreviviente.

El poeta argentino Juan Gelman, cuyo hijo fue asesinado por la dictadura y su nuera sigue desaparecida, destacó años más tarde que «a diferencia de otros intelectuales que nunca supieron reconocer sus agachadas frente a la dictadura, Borges reconoció sus errores». *

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