La gata

Colette nació el 28 de enero de 1873, en Saint-Sauveur-en-Puisaye (Borgoña). En 1893, se casó con su primer marido, el escritor Henri Gauthier-Villars, mudándose con él a París. Aunque ella y Henri colaboraron en las cuatro novelas de la serie de Claudine (1900-1903), utilizando el seudónimo de él (Willy), estos dramáticos relatos fueron mayormente obra de la renombrada escritora francesa.

Divorciada en 1906, pasó unos años dedicada a satisfacer sus ambiciones teatrales como actriz del music-hall. Esta experiencia le proporcionó el ambiente de «La vagabunda» (1910).

Luego, firmando con el nombre de Colette, llegó a ser reconocida como la principal novelista francesa con la publicación de «Querido» (1920), la historia agridulce del amor de una mujer mayor con un joven egoísta.

«El otro (1929)» y «Gigi» (1945) son dos de sus novelas más conocidas. En libros de recuerdos, como «Sido» (1929), sobre su madre, y «Aprendizaje (1936)», sobre su primer marido, explora su amor por la naturaleza y los animales domésticos.

Colette también se desempeñó como periodista, crítica literaria, actriz y autora de obras teatrales. En su producción literaria, la escritora da muestra de una gran capacidad para la creación de personajes profundos y creíbles, además de un gran dominio de los tiempos narrativos, principalmente en el género dramático.

Este gran poder narrativo, sumando a personajes de complejo perfil psicológico, pero claramente reconocibles en nuestra cotidianidad, han inducido a numerosos directores, tanto teatrales como cinematográficos, a adaptar gran parte de su obra.

Debido a la admiración popular que concitaran sus libros y al profuso material publicado -ochenta volúmenes en total- Colette tardó muchos años en ser reconocida como una escritora de calidad, siendo finalmente valorada por autores como Marcel Proust y André Gide.

La gata (1933) es uno de los tantos relatos en los cuales Colette explora, con particular sensibilidad, los sentimientos y personalidad de los animales, al mismo tiempo que profundiza en el perfil psicológico de los personajes humanos, estableciendo, muchas veces, un curioso paralelismo en cuanto a la sensibilidad y los impulsos instintivos.

La autora hace aflorar los defectos y pulsiones más primitivas de los seres humanos, mostrándonos la conducta de los animales con los cuales conviven, con lo cual establece claras connotaciones de tipo conductista.

La talentosa escritora francesa mixtura su particular sensibilidad con un profundo conocimiento de la naturaleza tanto animal como humana, creando una historia en la cual los protagonistas son tanto los hombres y mujeres que pueblan el relato como la naturaleza y, particularmente, la gata a la que alude el título.

Muchos autores consideran, no sin razón, a este relato como uno de los más logrados de la autora. Aquí explora la relación entre una pareja de jóvenes novios, cómo su vínculo se trastoca debido al casamiento, y las vicisitudes de sus primeros meses de vida conyugal.

El despertar sexual y el mutuo conocimiento tanto carnal como espiritual, se suman a la compleja relación del joven con su gata, un vínculo rayano en la obsesión amorosa, que afecta la vida de los flamantes esposos.

Por otra parte, la convivencia los hace mostrarse como verdaderamente son, conociendo sus puntos oscuros y sus traumas, además del apego que muestra el joven hacia su antigua vida de adolescente soltero y sin preocupaciones.

La gata del joven recién casado, un animal que se presenta como un ser posesivo y celoso, mostrando todas las contradicciones de una persona, es un personaje fundamental en la trama, no sólo como complemento de la acción dramática, sino como generador de conflictos.

Los primeros devaneos sexuales de la pareja están, como de costumbre en la obra de Colette, retratados con sutileza y fino erotismo.

«La gata» es un relato atrayente, que no ha perdido vigencia, pese a que han transcurrido más de setenta años de su publicación.

Por el contrario, en un mundo plagado de fabricantes de productos literarios, una narrativa profunda, sensible y rica como la de Colette, nos brinda la invalorable oportunidad de recobrar la mejor tradición de la literatura universal.

 

(Ediciones de la Banda Oriental)

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