Alegrías y miserias de la vida conyugal

Lecho nupcial es un musical de bolsillo (Tom Jones y Harvey Schmidt) basado en una comedia (Jan de Hartog) que cuenta la vida de un matrimonio desde la noche de bodas hasta el momento en que, ya ancianos, venden la casa con la cama protagónica.

Todo musical tiene sus reglas, y este mini musical, con toda lógica, redujo la música al único piano de Julio Frade y confió las canciones a las posibilidades vocales de los mismos intérpretes, que, con toda felicidad, prescindieron de la molesta ortopedia de los amplificadores.

El propósito del director Mario Morgan fue poner en escena una comedia musical con un tema compartible por el gran público, como el matrimonio y las relaciones conyugales, con un rápido examen de los principales episodios que pueden sucederle, como el nacimiento de los hijos, las discusiones, una infidelidad, los perennes problemas del destino y la autorrealización. El diálogo es certero, sobrio, representativo, y los episodios bien seleccionados; extremando el análisis cabría reprochar a la comedia original la falta de una definición vigorosa de la personalidad de los agonistas (él es un escritor de cuya actividad artística se ignora todo o casi todo); quizás esta misma holgura de los personajes simplificó la labor de los intérpretes, que pudieron moverse con cierta discrecionalidad dentro de sus caracteres.

En segundo lugar, es claro que Morgan logró sus propósitos. Anotamos en los méritos de la puesta en escena, además de la sobriedad general, una de las marcas de fábrica del director, el acertado ensamble de la música con la acción. Las canciones aparecen como una continuación del diálogo, y la transición es siempre natural; no se advierte un cambio de tono entre lo que se conversa y lo que se canta; la trama fluye siempre, por el diálogo y con la música. Morgan eligió con acierto a dos de nuestros mejores intérpretes: si De Vargas tiene conocidos antecedentes como cantor, fue muy agradable la voz cantada de Laura Sánchez; inversamente, si ella es una de nuestras mejores comediantes, De Vargas demostró que puede pasar del registro dramático de El dulce pájaro de la juventud de Williams al tenor de la comedia musical, a las réplicas agudas y hasta al chiste y los gags.

La obra aspira sólo al entretenimiento, a matar el tiempo de nuestras vidas, a servir como un anestésico más de los muchos con que sobrellevamos ese poderosísimo instinto de autodestrucción y muerte que mueve a nuestra sociedad. Los atenienses, que eran un pueblo feliz, se nutrían con la tragedia; nosotros administramos rutinariamente la muerte en los hospitales, horror al que se suele llamar «una muerte digna». Quizás por eso no podemos soportar las noticias de los suicidios, así haya sido el de Horacio Quiroga.

Lecho Nupcial, libreto, Tom Jones sobre la comedia de Jan de Hartog; música, Harvey Schmidt; con Laura Sánchez y Humberto de Vargas. Piano y dirección musical, Julio Frade; escenografía y vestuario, Nelson Mancebo; escenificación, C. García; iluminación, J. Ferragut; versión y dirección Mario Morgan. Teatro del Notariado, estreno del 19 de agosto.

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