Entretenimiento pero también reflexión
El tercer episodio de la saga, «The last stand», con Halle Berry y Hugh Jackman, fue estrenado la semana pasada en nuestro país en coincidencia con su estreno mundial y ya se ha transformado en un fenómeno de taquilla.
En los últimos años, conscientes de los límites del maniqueísmo habitual de las películas de acción, los estudios hollywoodenses apostaron por obras híbridas que agregan a la tradición del cine de entretenimiento norteamericano una dosis de reflexión. La trilogía Matrix, de los hermanos Wachowski, o la Guerra de los mundos de Steven Spielberg, se enmarcan en esa tendencia, que utiliza a menudo el universo de los superhéroes, con la trilogía X-Men, los dos Spider-Man de Sam Raimi o Batman regresa de Christopher Nolan. El éxito de estas películas se debe en gran parte a sus directores, a su visión de cineastas y a sus ambiciones artísticas. Los dos primeros X-Men fueron dirigidos por Bryan Singer, director de Usual suspects, más interesado por el contenido que por la acción pura. Para el tercero, Singer cedió el lugar a Brett Ratner para asumir la dirección de otra película de superhérores, Superman regresa. Ratner, director de las comedias policiales Rush hour con Jackie Chan, goza de un prestigio artístico menor que el de Singer, pero trató de seguir los pasos de éste para desarrollar un mensaje en este tercer episodio. X-Men es la adaptación de un cómic norteamericano célebre, creado por Stan Lee y Jack Kirby en los años 60, que trata de la diferencia y la exclusión en un universo de superhéroes.
El punto de partida de la historia es la existencia de mutaciones genéticas que dan superpoderes a los individuos que las sufren, y que son considerados como parias por los humanos normales. Eso no impide a algunos mutantes, los X-Men, dirigidos por un profesor humanista y telepático, Charles Xavier, pongan sus poderes al servicio de la humanidad. X-Men (III) se articula alrededor del descubrimiento de una «vacuna» capaz de «curar» a los mutantes y convertirlos en humanos normales. La cuestión central de la película es la de la opción: ¿poseer un poder es un don o una maldición? ¿Es una cobardía renunciar a la propia identidad para evitar las persecuciones?
Por un lado están los mutantes «buenos» del profesor Xavier, que aboga por la ayuda mutua y la convivencia con los humanos, y por otro los de Magneto, un judío que fue víctima de las persecuciones nazis y que considera que los hombres normales son los enemigos de los mutantes.
Mensajes por los que la actriz negra Halle Berry, que ha denunciado a menudo la discriminación que sufrió, se siente particularmente concernida. «Me siento muy cerca de ese tema. Pero todo el mundo se ha sentido discriminado en una u otra ocasión, y eso es lo que explica el éxito de estas películas y de estos cómics», dijo. *
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