LA VIDA Y LA HISTORIA EN UNA OBRA DE ANGELES MASTRETTA

Mal de amores, en el Teatro del Mercado

Si, como creemos, el artista está en los detalles, Pignolo debe ser considerado desde ya un artista. Una informativa carpeta de prensa, un disco compacto con fotografías, un programa bien impreso, de color verde nilo, con sobria información sobre la autora y la versión y un cuadro alusivo en una buena fotografía. Nada de obscenos «programas de emergencia», que quieren sugerir naufragios o terremotos y revelan desidia; nada de rapsodias seudopoéticas; nada de faltas de ortografía… ¡gracias!

«Mal de amores» es un título irónico, porque la protagonista, Emilia Sauri (Alejandra Cortazzo) mantiene a lo largo de años una estrecha relación con dos hombres sin mayor conflicto íntimo. Ama a los dos, al idealista revolucionario Daniel Cuenca (Nelson González), cuya cabeza bulle, y al sosegado médico de Puebla, Antonio Zavalza (por el mismo Fernando Pignolo). Casi no se exige de la muy notable actriz protagónica sino un gesto de serenidad a prueba de tormentas; una seguridad en sí misma como para apoyar sin temblar su vida sobre dos pilares muy separados entre sí. Pero la autora, Angeles Mastretta, no se conforma con diseñar con trazos definitorios a este triángulo y proyecta la trama individual contra Porfirio Díaz, Francisco Madero, la revolución mexicana, la historia en suma. Es posible que la historia sirva aquí como fondo, como un escenario de precariedad y peligro contra el cual luce mejor la trenza de los agonistas, pues no se percibe una clara articulación entre las dos historias, la individual de Emilia y la general de México. Sin duda, jugada la novela sobre dos planos simultáneos, se habrían potenciado recíprocamente. Mastretta es diestra para retratar el ambiente familiar, con un logrado carácter en Diego Sauri (por Daniel Bello), como el desprejuiciado padre de la protagonista; pero no llega a entroncar la parte con el todo, la vida de familia y de pueblo con México. Pero no le pidamos a Mastretta que triunfe donde Flaubert fracasó (Salammbô), donde se necesitó a Brecht («El círculo de tiza caucasiano»): la comunión, armonía y correspondencia de dos claras líneas argumentales.

Pignolo afirma la teatralidad intrínseca del texto de Mastretta. Es posible sostener esta tesis, en base a la felicidad general del diálogo; pero el teatro requiere algo más que frases que se conecten con soltura y eficacia. Admitimos que el punto es discutible, pero creemos que algo particularmente comprometedor debe suceder en la escena; algo debe nacer, crecer y resolverse, quizás morir. Esta salvedad aparte, la acción es ágil y logra a menudo superar la fragmentación de los episodios de la novela; los actores tienen un patrón común para actuar y las escenas se suceden con orden y buena resolución. Hemos destacado, sin mengua de los demás actores, a Alejandra Cortazzo, que fuera para nosotros una revelación en «Criatura» de Eugenio Griffero; pero también Sabrina Speranza merece una distinción particular. *

 

MAL DE AMORES, de Angeles Mastretta en versión de Fernando Pignolo. Con Fabiana Constenla, Daniel Bello, Alejandra Cortazzo, Cristina Velásquez, Nelson González, Sabrina Speranza y Fernando Pignolo. Iluminación y vestuario de Lucía Dorrego, música y banda sonora de Carlos Giradles, dirección de Fernando Pignolo.

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