Arte

Propuestas diferentes

El Centro Cultural de España continúa con El reporte Meyer, un cruce de varias disciplinas instrumentado por la compositora Sylvia Meyer apela a lo visual (fotos, video, objetos) y lo sonoro (auriculares) en una no siempre contemplación del tiempo y la comodidad del visitante. Al igual que la muestra del humorista REP, en el mismo lugar, se espera más información y/o catálogo para extraer conclusiones.

 

Historias de ayer y de hoy

En el Museo Histórico Nacional de la Casa de Rivera, dos exhibiciones insólitas y dispares. Por un lado, Una nación agredida, recuerda tres décadas de los asesinatos de Zelmar Michelini, Héctor Gutiérrez Ruiz, Rosario Barredo y William Whitelaw que ironiza, en el título, un libelo de la dictadura militar, para recoger en el ascético y espectacular montaje de Osvaldo Reyno (evoca Tiro al Blanco de 1976 que también realizó, un homenaje secreto a Malevich de artistas nacionales, justamente 30 años) los relatos históricos y la verdad recuperada. La sala, blanquísima del piso, techo y paredes que ocultan los cuadros, recorre los textos impresos sobre paneles de vidrio para rematar con la estampa emblemática de Michelini. Quizá no sea la demorada lectura el atractivo para jóvenes generaciones y acaso un lenguaje audiovisual comprometería mejor una mayor asistencia.

En el otro extremo del museo, una pequeñísima muestra que cabe toda en una vitrina, de monedas romanas de la época imperial, Sestercios romanos. De la colección de 800 monedas que posee el museo se exhiben 30, seleccionadas por Elena Bagi, investigadora en la colección de numismática antigua de la Casa de Rivera. Creado durante la Segunda Guerra Púnica (218-201 a.C.) entre Roma y Cartago, el sestercio fue, primero, moneda de plata y luego de cobre y estaño, emisiones supuestamente controladas por el Senado romano. El arte de la numismática no frecuenta las de exposiciones y esta treintena de ejemplares, además del testimonio histórico, se nutre del trabajo de orfebrería que registra rostros de emperadores (Nerón, Vespasiano, Marco Aurelio) y emperatrices (Faustina, Otacilia Severa, Lucila). Como adelanto de futuros emprendimientos, Sestercios romanos, es muy bienvenida. Y ambas muestras atraen, por motivos disímiles, a un público que no suele concurrir a los museos históricos, tan desamparados como siempre y sin presupuesto elemental para una programación de interés. El anuncio de una modificación del estatuto de la situación actual de los museos nacionales permitirá, sin duda, cambios sustanciales en el diálogo con la comunidad y el conocimiento de un patrimonio sustraído al conocimiento y disfrute por los recortes económicos de siempre.

 

Paso a paso

Otra muestra auspiciada por Instituto Italiano de Cultura es Arte que camina, en la Sala Carlos F. Sáez. Como la moda, el zapato, del cual forma parte, es considerado por usuarios de amplios sectores sociales, una frivolidad, un aspecto social al cual no vale la pena detenerse a estudiar. Confunden los desfiles mundanos divulgados por la televisión con el arte de la vestimenta. Cuando viajan, no suelen visitar los museos de Londres, París, Barcelona o Lisboa (para citar algunos) dedicados a la moda y su evolución que rescatan los modos de vida de una época. Importantes filósofos (de Georg Simmel a Roland Barthes) dejaron libros y ensayos esclarecedores sobre un tema que afecta a todos los miembros de la sociedad, sus destinatarios obligados y usuarios permanentes. Nadie escapa a la moda.

Por eso, Arte que camina es una muestra necesaria. Escapa a las exposiciones rutinarias y pone de manifiesto que un objeto utilitario, funcional, como los utensilios domésticos o el mobiliario, tiene una componente estética que define épocas y costumbres. Por insertarse en la intimidad de hombres, mujeres y niños, la moda y el calzado capturan, a veces con mayor evidencia, las modificaciones de la sensibilidad a través de siglos y milenios.

Para los historiadores es difícil situar el comienzo del calzado. Pues a la necesidad elemental de cubrirse los pies para sortear las dificultades de los senderos a recorrer y en distintas estaciones climáticas, aún antes de la cultura urbana, el hombre primitivo se las ingenió para protegerse los pies. Posiblemente, al principio, con elementos vegetales, luego con la piel de los animales de caza, hasta desembocar, ya como habitante de la ciudad en elemento distintivo de las diferentes capas sociales. «El calzado debe haber constituido una verdadera revolución- escribe el arquitecto Luciano Calossso, curador de la exposición- además de una necesidad en la vida de la especie humana», agregando que «El objetivo era indudablemente aislar el pie del contacto directo con el suelo que podía ser arenoso y agradable pero también escarpado y lleno de aristas. En este sentido podría sostener una tesis, que tal vez suene bizarra, diciendo que el hombre comienza su verdadera evolución en el momento en que se calza su primer zapato». Justas apreciaciones para apreciar Arte que camina que, arranca con el calzado griego y romano antiguos, se desliza por el Medioevo (ejemplares copiados, es claro) y se interna hasta la actualidad con originales pertenecientes a Rossimoda, famosa empresa italiana del calzado. Ciertos detalles (la aparición del taco, que modifica la posición del cuerpo y la manera de caminar, la diferenciación de pie izquierdo y derecho, el paso de lo artesanal a lo fabricado, la separación del calzado diario, festivo o deportivo) son indicadores de las variaciones funcionales y del gusto. No hay que perderla.

 

Rostros de escritores

A su vez, la Biblioteca Nacional, resuelve ampliar su actividad, restableciendo las Segundas Fiestas Mayas, de origen revolucionario artiguista. Cursos, conferencias (el hall de entrada no es el lugar mejor) y exposiciones.

Cara de escritor, es una selección de retratos de escritores nacionales, cuadros, esculturas y fotografías, existentes en la institución, poco conocidos, con guión curatorial de Fernando Loustaunau. Un acierto el marco vacío que ocupa el lugar de Isidore Ducasse, conde de Lautréamont, cuya única imagen fotográfica se perdió, rodeado de firmas y pinturas importantes (Siqueiros, Pesce Castro) y otras convencionales. Lo mismo sucede en escultura (excelente el busto de Vaz Ferreira de Yepes), acompañando fotocopias de fotografías que, por ser muy frágiles, no se exhiben los originales. La inauguración fue anunciada para el miércoles pasado pero recién, junto con el catálogo, se efectuó el viernes. No siempre se puede volver al mismo sitio al poco tiempo.

 

Mujer con rostro

Por otros motivos, Mujer de las mil voces de autoría de Ruth Dorrit Yacoby, con apoyo de las embajadas de Canadá e Israel y auspicio de Israel National Lottery Council for the Arts, transcurre, para asombro del visitante, en el Museo del Gaucho. Que una institución oficial reciba una disparatada exposición, plagada de obras menos que mediocre, con intenciones místicas, es ilustrativa del estado actual de la cultura del éxito en un amplio sector de la sociedad globalmente comercializada, de la cual El código da Vinci, libro y película, es otro ejemplo vergonzoso de ese ascenso irresistible de la estupidez humana. *

Te recomendamos

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje