Israel-Palestina: paz o guerra santa
En «Israel-Palestina: paz o guerra santa», el escritor peruano Mario Vargas Llosa construye una obra de descarnado trazo testimonial, que denuncia –sin eufemismos– la salvaje política anexionista de Israel en los territorios ocupados, el odio, la visceral confrontación entre fanáticos exacerbados de ambos bandos y la grosera violación de los derechos humanos de la traumatizada población civil de la región.
En este libro, que compila quince artículos y reportajes publicados en importantes medios de prensa europeos, el novelista ingresa en el ojo de la tormenta de uno de los conflictos más sangrientos y perdurables de la historia, que ha golpeado a varias generaciones de judíos y palestinos.
Algunos de estos textos han merecido duras críticas por parte del oficialismo israelí, por las denuncias que ha formulando el autor condenando los desmanes cometidos en los flagelados territorios ocupados.
Sin embargo, en esta oportunidad, Vargas Llosa ratifica su apoyo a la existencia del Estado de Israel, aunque reclama el derecho a la legítima autodeterminación de los palestinos.
El exitoso escritor incaico señala los claros y oscuros de Israel, al que considera, en lo interno, un estado moderno y democrático. Sin embargo, no oculta su condena a las prácticas discriminatorias contra los árabes israelíes por parte de la ultraderecha dominante.
Vargas Llosa, que recorrió la región junto a su hija Morgana, descubre una masa crítica israelita poco conocida en Occidente, que fustiga la política exterior del gobierno, responsable –en buena medida– del estado de guerra permanente y del enfrentamiento con grupos integristas islámicos.
El autor concentra sus discrepancias básicamente en los asentamientos instalados en los territorios ocupados, práctica que considera un auténtico despojo contra los palestinos y el eje una política colonizadora alentada por fanatizados grupos ortodoxos.
Una de las entrevistas más importantes realizadas por el escritor, tiene como protagonista al mítico líder laborista Simon Peres, quien se alineó detrás de Ariel Sharon cuando este ordenó el desmantelamiento por la fuerza de numerosos asentamientos en la traumatizada Franja de Gaza.
El veterano dirigente se ganó muchos enemigos dentro de su propia fuerza política, lo que no fue óbice para que apoyara a su adversario, en el entendido de que esa medida facilitaba una distensión entre los bandos en pugna.
Sin embargo, Peres formula severas críticas a la situación doméstica de Israel, manifestando su malestar por la agudización de las asimetrías sociales entre pobres y ricos.
Por su parte, el escritor Amos Oz, uno de los intelectuales más reconocidos, admite que la única solución al sempiterno conflicto bélico es el reconocimiento de un estado palestino. Sin embargo, advierte sobre el riesgo de que la ultraderecha religiosa mantenga las riendas del poder y las decisiones en su país.
Mediante numerosos testimonios de víctimas de atentados u otros actos de violencia de ambos bandos, el autor se adentra en el corazón de una disputa de perfiles realmente irracionales, que ha transcurrido casi sin treguas ni concesiones.
El escritor reconstruye varios terribles episodios narrados por los propios sobrevivientes en ambas trincheras, que abonan la tesis de que la región es un teatro de confrontación entre extremismos y fanatismos religiosos, que tienen como rehenes a quienes ansían la paz.
Las versiones recogidas por el narrador confirman que la violencia excede las meras motivaciones políticas, originándose, en muchos casos, en la frustración, la pérdida y la miseria.
Uno de los relatos más conmovedores incluidos en este libro, es el referido al muro construido por Israel en Cisjordania, que es un auténtico monumento a la infamia y la intolerancia.
El propio Vargas Llosa junto a su hija, acompañó a un grupo de pacifistas israelíes que, por protestar contra la erección de la gigantesca mole, son duramente reprimidos por el ejército, mediante golpes, gases lacrimógenos y balas de goma.
La descripción de un pueblo estrangulado y ultrajado por el muro, que separa a familias y comunidades enteras, comporta un patético cuadro de humillación que, más que defender de los ataques terroristas, parece estar alimentándolos.
En un capítulo sugestivamente titulado «El horror de Hebrón», el novelista reconstruye el sombrío paisaje de una ciudad que soporta una salvaje ocupación, tanto civil como militar.
El odio de los colonos judíos hacia los árabes genera un permanente estado de violencia. Según el autor, abundan las torturas, los asesinatos y un permanente hostigamiento por parte de los usurpadores a los legítimos nativos de estas tierras.
Sin embargo, en medio de ese infierno, el autor encontró mentes lúcidas y tolerantes, que condenan la violencia de los bandos exacerbados y sueñan con una solución pacífica.
Mario Vargas Llosa no se limita a recabar los meros testimonios de las víctimas de la intolerancia, que es política, religiosa y hasta racial. También entrevista a colonos judíos, que son junto a los fundamentalistas islámicos- la piedra en el zapato de todo eventual proceso de paz en la convulsionada región.
El autor corrobora el visceral fanatismo de estos grupos radicalmente ortodoxos, que rechazan toda posibilidad de existencia de un estado palestino, porque reclaman su derecho al Israel bíblico.
Obviamente, el desmantelamiento de los algunos asentamientos coloniales, ha provocado la airada protesta de estos ultraderechistas, para quienes siempre el fin justifica los medios.
La visita a la estigmatizada Franja de Gaza constituye uno de los cuadros más dramáticos retratados en este libro testimonial.
En este caso, la pluma del novelista peruano asume la elocuencia de la denuncia, para describir la realidad de los atestados campos de refugiados, en los que miles de palestinos conviven con el rigor del hambre, la enfermedad y la desocupación.
Estas víctimas de la violencia sobreviven por la solidaridad internacional y han aprendido a odiar a Israel pero también a la autoridad palestina. Sólo confían en Hamás, el grupo armado islámico integrista que ha jurado borrar al estado hebreo de la faz del planeta.
Una de las entrevistas más reveladoras es la realizada a Ilan Pappe, paradigma judío de oposición a la política anexionista de Israel, quien lidera una comunidad de intelectuales que consideran que un estado palestino es condición sine qua non para la consecución de una paz duradera. Este reducido grupo es sistemáticamente aislado e incluso tildado de traidor.
Mario Vargas Llosa ensaya una visión sombría sobre el futuro de Medio Oriente, al advertir sobre el fracaso de las negociaciones y la consecuente radicalización de los bandos beligerantes.
El análisis del escritor llega aún más lejos, cuando advierte que otros conflictos, como la sangrienta invasión a Afganistán, han sido alimentados por el combustible de la disputa árabe israelí.
El novelista reclama a Estados Unidos el mayor aliado de Israel- que persuada al gobierno judío de abdicar de su agresiva política colonizadora y avenirse a soluciones negociadas.
Sin embargo, analiza la influencia de los grupos de presión que actúan sobre la Casa Blanca y la campaña de desinformación promovida por los medios de prensa norteamericanos, tendiente a tergiversar lo que realmente sucede en la conflictiva región.
Mario Vargas Llosa extiende su condena a la barbarie de Estados Unidos en Irak y las permanentes agresiones de Israel a los palestinos que, a su juicio, sólo logran exacerbar el odio de los perros de la guerra del fundamentalismo isl
Compartí tu opinión con toda la comunidad