Noches de teatro en Buenos Aires
«La venda» ocupa un lugar en la serie de ensayos de teatralización de novelas y narraciones contemporáneas que ha emprendido con éxito Gabriela Izcovich, desde «Nocturno hindú» de Tabucchi, las dos obras de Hanif Kureishi, «Intimidad» y «Cuando la noche comienza» y finalmente «Terapia» de David Lodge. Esta vez llegamos a este fermental contacto con el mundo a través de «La venda» de Siri Hustvedt (Minnesota, 1955), la esposa de Paul Auster.
Las dificultades son grandes, pero Gabriela Izcovich no retrocede ante ninguna dificultad. Ciertamente, la narrativa norteamericana trata de ir más allá de lo inmediato a través de lo inmediato; las distancias desde donde las metáforas son lanzadas a sus destinos finales son cada vez mayores. Los riesgos aumentan, pero el deslumbramiento de una nueva luz es siempre posible. Como en el caso de «Quiero estar sola», la idea es que la chispa sea exigida al máximo y que su recorrido sea más difícil y aventurero. En estas acrobacias Hustvedt tiene el respaldo de toda una tradición de narrativa; y de «La venda» podemos concluir que aprendió la técnica. Pero en la lectura se puede volver atrás, recapitular; en el teatro el esfuerzo que la narrativa teatralizada exige del espectador también se extrema.El fragmento en que un solitario monomaníaco trata de reconstruir, con la ayuda de una secretaria ad hoc y algunos objetos, toda la vida de una mujer que amó, parece dominar a las demás tramas con su mezcla, como dice la autora, de malestar y fascinación; las otras historias, que también tienen como protagonista a Iris (Gabriela Izcovich), en particular la del inquietante y un tanto sádico fotógrafo, producen sensaciones análogas. Los colores que dominan en la pieza son el rojo y el negro; siempre se está cerca del amor y en los aledaños de la muerte. Entrevemos mundos misteriosos y apasionados, donde nada o muy poco es lo que parece; sentimos que estamos a punto de irrumpir en un universo paralelo, seductor y peligroso. Gabriela Izcovich recorre la obra con variedad de caracterizaciones y tonos, siempre con intensidad y convicción: donde está ella hay fuerza, tanto aparente como sugerida. El espacio íntimo de «La carbonera» conviene a sus propósitos, porque todo parece suceder en interiores, por lo general psíquicos y deliciosamente tortuosos.
LA VENDA, de Siri Hustvedt, adaptación teatral de Gabriela Izcovich, con Gabriela Izcovich, Federico Buso, Gonzalo Kunca, Alfredo Martín y Daniel Polo. Vestuario, espacio y objetos de Alicia Leloutre, iluminación de Leandra Rodríguez, música original y diseño sonoro de Iván Barenboim, dirección y puesta en escena de Gabriela Izcovich y Carolina Zaccagnini. En teatro La Carbonera, Balcarce 998. *
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