Noches de teatro en Buenos Aires (II)

Con «La omisión de la familia Coleman» se ha producido un fenómeno tan curioso como repetido. No bien se estrenó, la pieza se convirtió en una obra de culto; ya ha sido invitada a festivales y las ovaciones más cerradas de nuestras noches de teatro en Buenos Aires fueron en «Timbre 4″ al fin de la pieza, por un público joven y apasionado. Todos, críticos, dramaturgos, directores, hablan elogiosamente de la obra; casi nadie la ha visto. Sin demasiadas ilusiones, anteojos que no conviene anteponer a los espectáculos novedosos, fuimos hasta Boedo 646, sede de «Timbre 4″. Es clásico en los teatros underground, como «Calibán» de Norman Briski, que se entre por una puerta estrecha que da a un corredor. Allí varios letreros nos aconsejan silencio, para no perturbar el sueño de los muy próximos vecinos.

La pieza es una reelaboración o quizás sólo reedición, pasada por el registro sobreagudo de «La escala humana» de Daulte, Spregelburd y Tantanián y «Nunca estuviste tan adorable» de Daulte, de los sainetes de comienzos del siglo XX. Encontramos la hermana sacrificada y trabajadora (Gabi, por Tamara Kiper) que reencarna a la «Mecha» de «Gente bien» de Federico Mertens; está el hermano extraño, que, loco o bufón, dice verdades que nadie quiere oír (Mario, por Lautaro Perotti) y que es una hipérbole del Eduardo de «En familia» de Florencio Sánchez.

Pero los sainetes tenían crecimiento, intriga, acción, conflictos, resolución. «La omisión de la familia Coleman» avanza por acumulación de episodios, anécdotas, sucesos. Lo que ocurre en los diez primeros minutos se reiterará, sin desarrollo. Momento a momento el espectador se aleja de la escena, hasta que sobreviene un final mecánico que es más agotamiento que desenlace. Casi se oye el chasquido de una sierra eléctrica que acaba de cortar un tablón.

La mejor demostración de la desactualización de la pieza, como de las similares de nuestro medio, es que ningún aspecto de la sociedad de hoy parece interesar al autor. No hay referencia alguna a los conflictos de trabajo, a la emigración, a la vida del ancho mundo, del que estamos por demás informados. Si omisión hubo en «La omisión de la familia Coleman», fue vivir fuera del tiempo. *

 

LA OMISION DE LA FAMILIA COLEMAN, de Claudio Tolcachir, con Ellen Wolf, Miriam Odorico, Inda Lavalle, Tamara Kiper, Lautaro Perotti, Diego Faturos, Gonzalo Ruiz y Jorge Castaño, dirección de Claudio Tolcachir. En Timbre 4, Boedo 640.

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