Carmen Posadas reclamó el voto consular
La novelista, que visitó durante dos días Montevideo a los efectos de presentar su novela Juego de niños, afirmó que el gobierno progresista instalado hace un año, abrió una importante expectativa de cambio para el país.
En entrevista concedida a LA REPUBLICA, la ganadora del Premio Planeta fustigó al presidente de los Estados Unidos, George W. Bush, al que calificó de «fanático», cuestionando también la creciente banalización de la cultura.
-La primera reflexión que me merece tu novela está vinculada al manejo de la temporalidad y las dimensiones narrativas. ¿La intención fue concebir un relato con formato cinematográfico?
-Desde el principio, tuve muy claro que la novela tenía que ser necesariamente visual. En este caso, uno de los aspectos más importantes es el ritmo, que alterna, por ejemplo, el humor con la reflexión.
-Se aprecia una fuerte descripción del universo íntimo del propio escritor.
-Es una suerte de traición al gremio de los escritores, quienes son como los magos, porque jamás revelan sus trucos, o los cocineros, que guardan sus recetas en absoluta reserva. Me parecía divertido contar cómo es la cocina de la creación literaria.
Hay dos tipos de escritores: los escritores cojos y los escritores ciegos. Los escritores cojos son los que necesitan tener todo estructurado y apoyarse en muletas. En tanto, los escritores ciegos son los que no tienen la menor idea de qué va a pasar y los primeros lectores sorprendidos. Yo pertenezco a esta segunda categoría, al igual que la protagonista de mi novela, que siempre tiene la sensación que va a caer del trapecio.
A mí me costó mucho terminar este libro e incluso escribí tres finales diferentes.
-Como en otras obras precedentes, se nota una influencia de Agata Christie.
-Es cierto. Agata Christie suele ser algo infravalorada, por ser una novelista de género. Yo tengo aprecio por la literatura policial, porque tiene dos niveles de lectura: el de aquellos que sólo quieren saber quién es el asesino y el de los lectores con quienes se puede ser más cómplice y ensayar guiños literarios, retratos psicológicos de los personajes y críticas sociales.
–En esta nueva novela, afloran nuevamente la crítica social a la cultura de las apariencias y a las conductas duales.
-El tema más recurrente en mis libros son las máscaras, no sólo ante los demás sino también ante uno mismo. Por ese motivo, también aludo a la muerte, ante la cual siempre caen las máscaras y se deja de representar un papel.
-¿Consideras que fuiste marcada en tu infancia y adolescencia por la represión social?
-Yo soy más una espectadora que una participante, lo que es bueno para la literatura, pero para la vida cotidiana un desastre. Nunca quise pertenecer a nada y fui una no alineada, lo que se suele pagar muy caro, porque nadie te considera de su club.
-De todos modos, ¿en tu opinión, la sociedad contemporánea es ahora más abierta y menos prejuiciosa que en el pasado?
-La protagonista de la novela es una mujer liberada, que tiene dos amantes y es madre soltera, lo que es relativamente nuevo para la sociedad en lo que concierne a la aceptación de conductas.
Ahora, esas actitudes no merecen condena social y son una elección. Sin embargo, en el libro, la protagonista está educada bajo otros códigos y mantiene esa educación en su disco duro.
-¿Cómo observas la actual frivolización del mercado editorial, con la irrupción de la denominada literatura de autoayuda y los mamotretos seudo históricos o de reinterpretación bíblica como «El Código da Vinci»?
-Lo califico como una tragedia. Lo más grave es que esta tendencia se haya transformado en canon, como si fuera la literatura en sí misma.
Todo este material es un subgénero, un artefacto y un engendro. En una parte de mi novela, yo hago un análisis de este fenómeno, sugiriendo que todos los editores están buscando su propio Código da Vinci. Al igual que lo que hacen Paulo Coelho o Jorge Bucay, se trata de literatura liviana y gastronómica.
Se está buscando una forma de literatura que mime al lector y lo haga sentir inteligentísimo.
En mi opinión, esto se inscribe en un fenómeno de mayor alcance, que es la frivolización de la cultura. Actualmente, vivimos una paradoja: aunque parece haber un mayor acceso a la cultura, cada vez hay más analfabetos funcionales y empobrecimiento intelectual.
-¿Podríamos hablar de una suerte de domesticación colectiva mediante la cultura?
-Yo deploro el buenismo. Hay quienes piensan que leer libros que transmiten buenos sentimientos hacen buena a la persona. Hay una especie de coartada para lavar culpas, pero con eso no es suficiente. Hay que hacer otras cosas, como desarrollar la solidaridad con los demás.
Además, se está formando a personas que no sienten, no piensan ni tienen criterio de ninguna especie.
-¿Sientes a esta corriente como una competencia?
-No podemos ignorar que el fenómeno existe. De todos modos, lo realmente importante es no pertenecer a él ni caer en la tentación de emularlo.
¿Cómo visualizas la situación del mundo contemporáneo, a la luz de los múltiples epicentros de tensión y violencia?
-Es terrible que Bush siga en la Casa Blanca. Además, se han creado dos bandos que son dos formas de fanatismo religioso, porque Bush es tan fanático y fundamentalista como Bin Laden.
Otro fenómeno preocupante es la emigración, lo que quedó demostrado en los recientes disturbios de París.
Recién ahora se percatan que esos inmigrantes, que ya van por la tercera generación, jamás se integraron.
Para el llamado primer mundo, creo que la solución es invertir en serio en Africa y en América Latina, porque esta situación se ha transformado en un bumerán para los países desarrollados.
Incluso, estamos echando de menos la guerra fría, porque había un equilibrio perfecto entre dos potencias, que no se podían atacar entre sí porque nos borraban de la faz de la Tierra. La vida era más fácil.
Ahora, entre Bush y Bin Laden, parece que volvimos a la Edad Media y a las cruzadas.
-¿Qué expectativas tienes en torno al actual gobierno progresista que asumió el año pasado?
-Los partidos tradicionales nunca lograron solucionar los problemas de los uruguayos. Me parece bien que haya gente nueva en el gobierno.
Si bien no quiero opinar en profundidad porque estuve apenas veinticuatro horas en Uruguay, puedo decir que los uruguayos que estamos en España, hemos vivido este proceso con gran entusiasmo y optimismo.
-¿Qué percepción tuvieron los uruguayos que viven en España?
-Desde allí, todos seguimos muy de cerca el proceso electoral. Cuando se conoció el resultado y el triunfo del Frente, fuimos a festejar con banderas a la Plaza Mayor, lo que fue muy emocionante.
Lo lamentable es que no pudimos votar.
-Pese a que viviste más en España que en tu país natal, ¿consideras justo que se implante el voto consular?
-Yo me siento tan uruguaya como cualquiera, por más que estoy muy agradecida a España por todo lo que he logrado. Espero que ahora, con el Frente Amplio en el gobierno, este tema se solucione de una buena vez. *
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