LIBROS

El fin de la pobreza

En «El fin de la pobreza», el economista norteamericano Jeffrey Sachs reclama el cumplimiento de los compromisos internacionales, convocando a derrotar a la pobreza en las próximas dos décadas.

En este extenso trabajo de investigación, el autor aborda diversas claves del mundo contemporáneo, a los efectos de afirmar su tesis de que es posible avanzar hacia un tiempo histórico con mayor justicia, derrotar paulatinamente al terrible flagelo de la pobreza y superar las exasperantes asimetrías entre países desarrollados y periféricos.

Con el propósito de marcas los contrastes entre diversas regiones del planeta, el especialista narra varias experiencias propias de campo en contacto con la realidad de un pequeño e ignoto país africano pauperizado, la actual situación de Bangladesh, la pujante China y la India del tercer milenio.

Sin desestimar la crudeza en la descripción de situaciones calamitosas, Sachs denuncia la miseria extrema, el atraso y el estado de vulnerabilidad que padecen la mayoría de los países del continente africano, asolado por el hambre, el sida y los devastadores efectos del cambio climático.

Sin embargo, valora importantes avances en parte de Asia, aunque no soslaya la persistencia de cuadros de aguda inequidad social.

Tomando un horizonte temporal de algo más de dos décadas, el autor incluye numerosas gráficas, que demuestran la evolución de la economía y el ingreso en varios países y el estancamiento y descenso de la calidad de vida en muchos otros.

Sin embargo, los indicadores más elocuentes refieren a la pobreza extrema, que sigue afectando a más de la sexta parte de la población del planeta.

Esos más de mil millones de personas de África, América Latina y El Caribe y parte de Asia, sobreviven cotidianamente en condiciones infrahumanas, subalimentadas, desnutridas y sin el acceso a necesidades básicas, como la vivienda, la salud y la educación.

Sugestivamente, se aprecia que los países de Europa del Este, luego de la caída del socialismo real y la implantación de la economía de mercado, en su mayoría empeoraron su calidad de vida.

Aunque no oculta su pensamiento liberal ni su adhesión al capitalismo, Jeffrey Sachs no ignora que parte del excepcional crecimiento logrado por el mundo occidental desarrollado tuvo su origen en la explotación colonial.

En el decurso de su trabajo, el especialista analiza la evolución de la economía mundial a partir del siglo XIX, desde la revolución industrial a la actualidad. En ese contexto, el propio devenir histórico confirma los procesos asimétricos, que confluyeron en los agudos contrastes y desigualdades contemporáneas.

Citando numerosos ejemplos concretos, Sachs avanza en la investigación del origen multicausal de la pobreza extrema, que atribuye a factores geográficos, demográficos y culturales.

Sin embargo, el economista no ignora las causas endógenas globales, como las injustas reglas del comercio mundial dominado por las grandes potencias del planeta y el permanente drenaje de riqueza de los países subdesarrollados a los desarrollados.

Al desarrollar su tesis de la «economía clínica», el investigador fustiga ácidamente a los tecnócratas, parangonando las teorías del desarrollo con la ciencia médica.

Aún sin abdicar de su adhesión al modelo de mercado, el autor marca claramente las contradicciones existentes entre los enunciados y los procedimientos de los voceros del capitalismo trasnacional.

En este capítulo, Sachs critica al Fondo Monetario Internacional y a otros organismos multilaterales de crédito, sugiriendo que sus programas de ajuste están radicalmente disociados de las realidades sociales y locales de los países que reciben asistencia financiera. Esta situación, a su juicio, condena todo proyecto de desarrollo al fracaso.

En tal sentido, formula un conjunto de recomendaciones, con el propósito de acabar con el subdesarrollo y la pobreza crónica. En su opinión, la clave está en la realización de minuciosos diagnósticos situacionales, que permitan diseñar programas acordes con las realidades regionales, locales, sociales y culturales.

Obviamente, su postura desestima las ortodoxas recetas que suelen aplicar los prestamistas. Asimismo, sugiere, en algunos casos, condonar deudas externas impagables y flexibilizar las políticas proteccionistas de las potencias económicas.

Para facilitar la comprensión del lector, Jeffrey Sachs narra algunas de sus experiencias como asesor, en países que padecían severas crisis estructurales.

Sus relatos corroboran la imperiosa necesidad de actuar con creatividad y sentido racional, para conjurar situaciones de angustia colectiva, sin recurrir a las estrategias recesivas de los teóricos neoliberales, que sólo conducen a la asfixia, la inestabilidad social y la incertidumbre.

No tan compartible es su reflexión sobre las reformas que siguieron al derrumbe del socialismo real en Rusia. Sachs califica este proceso como de «normalización», como si la única alternativa fuera la democracia burguesa y la economía de mercado.

Sin embargo, admite que el rápido proceso de transformaciones de la sociedad rusa, que soporta una pesada deuda externa, devino en una suerte de paraíso para los corruptos y las mafias.

El investigador analiza, con conocimiento de causa, las experiencias reformistas en el Lejano Oriente. Aludiendo a China, sin bien admite que en los últimos 25 años ha experimentado un crecimiento económico explosivo, no soslaya los desniveles existentes en la redistribución de esos beneficios, que atribuye, básicamente, a factores geográficos y culturales.

En lo que refiere a India, que es también una economía emergente, Sachs advierte también importantes disfunciones que deben ser corregidas, para comenzar a ganar la batalla contra la aún muy extendida pobreza extrema.

En uno de los apartados más sustanciosos de este extenso trabajo, el economista analiza en profundidad, el dantesco cuadro de desamparo de África, epicentro de la pobreza crónica, la enfermedad y el atraso.

El autor desestima la tesis de quienes atribuyen esas calamidades únicamente a los gobiernos ineficientes y corruptos. Por el contrario, acusa a Occidente de negligencia ante esa gran tragedia humana, no escatimando críticas a las políticas neocoloniales, al saqueo y a la victimización del continente durante la guerra fría.

Sachs dedica un capítulo entero al abordaje de la crisis mundial que siguió a los atentados del 11 de setiembre de 2001. En tal sentido, enjuicia severamente la «solución» militar del presidente George Bush, por sus supuestas estrategias para combatir al terrorismo y las invasiones de Irak y Afganistán.

En cambio, el autor propone lo que denomina «armas de salvación masiva», con el propósito de erradicar la miseria, el Sida, el subdesarrollo y el desencanto de los países periféricos por las recetas de los organismos multilaterales de crédito.

Jeffrey Sachs reclama el cumplimiento de los objetivos de desarrollo de la denominada declaración del milenio, documento que, en la práctica, se ha transformado en letra muerta.

Para el cumplimiento de ese compromiso asumido por la comunidad internacional, el economista propone cuatro estrategias que generan controversia en los centros de poder: la condonación de la impagable deuda externa de los países más pobres, la caída o flexibilización de las barreras proteccionistas al comercio, la transferencia de tecnología y una gestión ambiental más responsable que detenga el cambio climático.

El especialista aboga, enfáticamente, por la aplicación de un nuevo Plan Marshall para las regiones más pauperizadas del planeta, que apueste al desarro
llo, desestime la especulación financiera y termine con la miseria y la exclusión.

Aboga, asimismo, por los modelos de economía mixta, rechazando la privatización de servicios esenciales que, a su juicio, deben permanecer en la órbita del Estado.

En este extenso ensayo, Jeffrey Sachs desmenuza los orígenes de la pobreza extrema, el atraso y la marginación de millones de personas, que sobreviven  a duras penas- en los países periféricos.

El especialista, que es sin dudas un liberal y no un ideólogo de izquierda, denuncia igualmente algunas de las más graves consecuencias del capitalismo salvaje y la aplicación de draconianos programas diseñados por tecnócratas que ignoran o simulan no saber qué está sucediendo en el mundo.

Paralelamente, convoca a reflexionar sobre el insoslayable cumplimiento del compromiso asumido por la comunidad internacional, en el sentido de eliminar la pobreza extrema en 2025. *

 

(Ediciones de Debate)

Te recomendamos

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje