Misión imposible III, nueva entrega de viejas recetas

La versión cinematográfica de esta popular serial de mediados de los sesenta vuelve a la pantalla grande en su tercera entrega, co-producida por Tom Cruise y apostando fuerte a la taquilla. Desde la remake inicial dirigida por Brian de Palma, sin embargo, ha pasado bastante agua debajo del puente y si bien las hazañas espectaculares continúan como para intensificar el nivel adrenalínico del público, la fórmula impresiona bastante agotada casi desde el vamos. En primer lugar, resulta obvia la presión de Cruise (que aquí hace pesar su faceta empresarial) en el diseño de una historia que prácticamente gravita en la faceta humana-doméstica-familiar del protagonista enfrentado a su doble vida como el súper espía Ethan Hunt. (Son mínimos los instantes en que Cruise desaparece de pantalla y cuando lo hace, su ausencia se justifica por alguna mega explosión amplificada por el sistema Dolby). El resto es pura receta que calca, por ejemplo, los diversos ambientes exóticos y no tanto (del Vaticano a China, entre otros), las piruetas acrobáticas del agente cuasi invulnerable, el imprescindible y sofisticado armamento de última tecnología y algo (muy poco) de lo que llevó a la serie original ideada por Bruce Seller a convertirse en verdadero suceso mundial. En cierta manera uno puede llegar a pensar que el actor-productor Tom Cruise llegó a elegir al prácticamente desconocido Jeffrey Abrams (que debuta en la pantalla grande luego de dirigir realizaciones televisivas como Alias y Lost) para manejarlo a su antojo a la hora del rodaje.

En este caso, el mínimo argumento presenta a cierto traficante de armas (un Philip Seymour Hoffman absolutamente desaprovechado en su rol de ultra villano internacional) que pone en riesgo la seguridad del mundo y, de paso, amenaza a la dulce esposa de Cruise, Hunt, quien decide poner fin al peligro en cuestión. Con dos o tres escenas de acción sostenida, esta tercera entrega de Misión imposible intenta defenderse del bostezo aunque, al final, las debilidades del argumento hagan caer a la película en una grosera simplificación sentimentaloide y cursilera que supuestamente intentaba «humanizar al personaje». No es lo único que falla, en realidad ya que, por momentos, algunas secuencias parecen una versión más agresiva de Los ángeles de Charlie donde lo difícil se hace al instante y lo «imposible» tarda más rato.

De todas maneras, un espectador con mínimos niveles de exigencia puede resistir sin aburrirse hasta el final de la historieta o, si se duerme, es probable que las explosiones de algunas secuencias lo despierten un par de veces. En fin. *

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