Cuando el amor desafía a la tragedia
Tras la extinción de la guerra fría que sepultó al mundo bipolar, otras conflagraciones aluvionales no menos lacerantes sacudieron a la humanidad. Una de ellas fue precisamente la guerra fratricida acaecida en la península balcánica.
Merced a la revolución tecnológica de las comunicaciones, los espectadores del mundo fueron testigos de un drama humano tan impactante como lacerante, que ha sido reiteradamente recreado por el cine.
Dos ejemplos concretos son la magistral Antes de la lluvia, un fresco humano de alto vuelo poético, y El último día, un docudrama que enfatiza la solidaridad en medio del desamparo.
En La vida es un milagro, el célebre cineasta bosnio Emir Kusturica recrea el complejo universo de los afectos y las grandezas y miserias humanas, con el trasfondo de la guerra.
El filme narra la historia de un ingeniero serbio que abandona la ciudad para radicarse en una pequeña comunidad, con el propósito de diseñar el trazado de un ferrocarril en pleno paisaje. Lo acompañan en esa quijotesca aventura su esposa, una ex cantante de ópera bastante alterada emocionalmente, y su joven hijo de 18 años, que aspira a transformarse en jugador de fútbol profesional y así abandonar un claustrofóbico anonimato.
Mientras avanza la idea del proyectado tren que unirá a la comunidad con el resto del territorio de un país en vías de extinción, la guerra civil se va apropiando del explosivo espacio geográfico.
Sin embargo, esa visceral confrontación es percibida por los lugareños casi como una suerte de ficción histórica, que presuntamente jamás alterará las rutinas de la tranquila comunidad.
Como es habitual en el cine de Kusturica, abundan los apuntes costumbristas y la recreación de estilos de vida, en ambientes cuasi festivos. Esa deliberada euforia parece una ironía, si se confronta con la tragedia que se avecina. El realizador describe con crudeza no exenta de humor, cómo la violencia comienza a consumir la felicidad, ensayando una aguda mirada hacia el interior de las relaciones afectivas y el habitualmente turbulento universo de los afectos.
La talentosa paleta artística de Kusturica registra las terribles consecuencias de la guerra sobre los sentimientos de los personajes, sin desestimar algunos apuntes jocosos ni ceder a la tentación de mofarse ácidamente del circo mediático que se montó en torno al drama.
Sin embargo, en medio de ese infierno que comienza a sepultar sueños y esperanzas, aflora el amor como un aliento renovado y redentor, capaz de enfrentar las situaciones más traumáticas.
La lente del aclamado realizador condensa en el celuloide la belleza de los paisajes naturales y las identidades culturales, destinadas a perdurar más allá de eventuales terremotos y mutaciones históricas. Como sucede habitualmente con la filmografía del realizador, la música merece una mención aparte.
El cineasta no formula juicios de valor ni identifica a los eventuales culpables por la tragedia. En cambio, prefiere centrar su atención sobre los micromundos de sus personajes y cómo éstos reacciones ante situaciones singularmente complejas.
Este no es un filme político, sino un himno al amor y la solidaridad, que habitualmente no sucumben ni en las circunstancias más complejas.
Emil Kusturica confirma su indudable sensibilidad para retratar conductas humanas y rescatar sentimientos, mediante historias mínimas de fuerte acento testimonial.
En este caso concreto, el trazado del proyectado ferrocarril asume una dimensión simbólica, que está intrínsecamente asociada a la afirmación de identidades, pero también a la interconexión geográfica que supera las compartimentaciones regionales.
La vida es un milagro filme que fue galardonado con la Palma de Oro del prestigioso Festival de Cannes- posee una fascinante escritura poética, que convoca a reflexionar sobre la futilidad de la guerra y la grandeza del amor.
LA VIDA ES UN MILAGRO. Origen: Francia, Bosnia, Montenegro 2004. Dirección: Emir Kusturica. Reparto: Slavko Stimac, Natasa Solak, Vesna Trivalic, Vuk Kostic, Alexandra Bercek, Tribor Kusturica y Mirjana Karanovic.
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