Notable showman Dani Umpi

El jueves de la semana pasada, presentó su disco Perfecto, en la Sala Zitarrosa, Dani Umpi. También conocido como Daniel Umpiérrez en el campo de las artes visuales, con propuestas singulares poco reconocidas por los críticos locales y un talento para el guión curatorial fuera de serie (Tics, en el Cabildo, 2004), es sumamente apreciado en Buenos Aires, teniendo su punto de apoyo, en la galería Belleza y Felicidad, aunque no el único. En la Sala Zitarrosa, acompañado de una banda y numerosos colaboradores, algunos de fama, hizo esperar más de media hora su presentación. Valió la pena y fue memorable. De estatura baja, flaquito, irrumpe en el escenario y lo domina como pocos con una energía vocal y una invención gestual que rara vez se verifica en el género de la canción popular. Quiebra todos los estereotipos conocidos, es un natural transgresor de cómodos repertorios, y aunque no siempre el montaje escenográfico lo ayudó (luces inmóviles, letras mal proyectadas, falta de un programa) su carisma, su poderío creador fue una lección inolvidable de actuación escénica y un comunicador que, si no lo estropeara el comportamiento del público adolescente (no siempre sabe distinguir el provocador de arte de aquel que no lo consigue), es capaz de conseguir la esquiva comunión. Una irradiación energizante durante una hora, contagiosa y contagiante, mezcla, sutilmente elaborada, de Gasalla y los hermanos Marx, que se impondría en cualquier escenario del mundo. *

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