Liolá en El Tinglado

Una ráfaga de buen teatro

Por Jorge Arias

Cuando vimos «Liolá» creímos respirar el aire de otra época. Lo respiramos hondo, nos supo a felicidad; pero no fue sólo porque la acción se desarrolle en Agrigento, Sicilia, en 1916, sino por otras razones. Esta obra es sencilla: está lejos de las laboriosas tecniquerías de «Seis personajes en busca de autor» o «Esta noche se actúa improvisando» y sobre todo es –milagro, milagro, en este país donde casi cualquier cosa que no sea obra de teatro, sube a las tablas– una pieza escrita para ser representada. La obra muestra un segmento de la sociedad rural, cosa que hoy es aun más extraña a nuestro teatro.

No diremos que hay una visión en profundidad, ni una observación especialmente aguda o crítica: pero es evidente la familiaridad del autor con el medio que describe y como consecuencia, la autenticidad de los personajes y la presencia de algunas verdades de a puño que se sienten más que se dicen. Luego, Liolá tiene un argumento, una acción que se plantea, crece, llega a una crisis y se resuelve. No es una divagación, ni un ensayo literario, ni una biografía, sino un ente dialéctico, con principio y fin, con cabeza, tronco y extremidades.

Al fin, pero no lo menor, hay niños en la obra. Ya hemos perdido la memoria de la última vez que vimos un niño en escena; recordamos confusamente «El caso Winslow» y «Canillita» de Sánchez, interpretado el niño por Margot Cottens; hemos visto, sí, dos versiones de «Casa de muñecas» de donde los niños han sido expurgados. No existen los niños en nuestro teatro; creemos que tampoco los reconoce la sociedad actual, pese a los cacareos hipócritas sobre la «familia» y demás: los niños han sido abandonados por sus padres, que abdican de su papel en beneficio de la caja tonta. Fue como si Elena Zuasti hubiera abierto una ventana, condenada desde hace años, y hubiera entrado un viento fresco y renovador.

La puesta en escena, de magistral eficiencia, mostró el admirable realismo de Zuasti, que supo emplear a la perfección el material de que dispuso. La planta escénica y el vestuario eran necesariamente sobrios, y así los realizó Hugo Millán; la misma escasez nos permitió prescindir, gracias a Dios, de música incidental y coreografía.

Como de costumbre, Zuasti puso su sello en la interpretación, que fue homogénea, con clara connotación popular pero sin las afectaciones de un costumbrismo postizo.

¡Gracias, Elena!

Liolá, de Luigi Pirandello, por El Tinglado, con Eduardo Virells, Ruben García, Verónica Caissiols, Alessandra Moncalvo, Andrea Martínez, Rosario Ambrosini, Silvia Parietti, Adriana Plaz, Vanessa Castro, Fiorella Mostarda, Mercedes Santos, Iñaqui Larrañaga, Analía Martínez y Germán Santos. Escenografía y vestuario de Hugo Millán, música de Fernando Ulivi, dirección de Elena Zuasti. En Teatro El Tinglado, Colonia 2035, tel. 408 53 62. Estreno del 18 de agosto.

Te recomendamos

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje