Espectáculos de corte erótico en la mira de los científicos
La visión hispanoamericana del fenómeno erótico a nivel de espectáculos, cuando confunde el erotismo con la pornografía, suele inducir a formar un submundo en torno de una manera tan válida, como vigente y masiva, del fenómeno sexual, máxime en su forma de seducción.
Ahora la ciencia demuestra que los hombres realmente «pierden la cabeza» ante el espectáculo erótico, no por su condición ni extracción cultural, sino simple y sencillamente por su metabolismo hormonal.
Así lo explica la última edición de Proceedings of the Royal Society (de las más importantes publicaciones científicas en Gran Bretaña) donde se revelan las conclusiones del estudio llevado adelante por los científicos Brahms van Derberh y Sigfrid Dewitte. Entre decenas de hombres de entre 18 y 28 años, los investigadores sometieron a estos caballeros a distintos estímulos audiovisuales centrados en escenas de corte erótico, pero sin acceder a lo pornográfico. Los espectáculos fueron tanto «en vivo» como cinematográficos. Los niveles de testosterona de los testeados se elevaron a tales índices después de las escenas, que sus habilidades posteriores e inmediatas, para adoptar decisiones cruciales, se alteraron sistemáticamente.
A las mujeres que se las sometía a similares experiencias con hombres en actitudes francamente seductoras, nada en su metabolismo se veía alterado significativamente, y más aún sus conductas permancieron inalteradas aún en aquellas que reconocieron haberse excitado (las menos), ante los distintas escenas.
Más aún los varones que tomaron las peores decisiones ( en juegos simulados que iban desde decisiones en jefaturas laborales a intrincadas situaciones en videos de tráfico saturado) fueron precisamente los que tenían más testosterona en sangre..
«Aunque todos nos reconocemos como seres pensantes y racionales, lo cierto es que los hombres con altos niveles de testosterona pierden momentáneamente sus facultades de decisión y aquellas definitorias incluso para la supervivencia» advierte el informe. Si bien genéticamente la biología consideraba esto último «normal», el que por distintas formas de espectáculo ocurriera también el fenómeno no había sido aún ratificado por los científicos.
Los especialistas no descartaron sin embargo la posibilidad de que el individuo sea capaz de aprender a controlar estos impulsos, evitando poner en jaque sus aptitudes más caras, pero enfatizaron que el vínculo testosterona-pérdida de capacidades, está directamente referido a la ilusión de la realidad tanto o más que a la realidad en si misma.
En definitiva: una cara del mundo del espectáculo se cuela en el mundo de la ciencia, para decir que los hombres nos «taramos» hasta en la pantalla por algunas mujeres. *
Compartí tu opinión con toda la comunidad