Cómic llevado al cine
Luego de un conflicto bélico nuclear, las grandes potencias han quedado devastadas y el Imperio Británico ha resurgido con todo su poderío (y el espíritu colonizador de siempre) para imponer su mandato dentro y fuera de fronteras. Con este contexto de posibles realidades adulteradas ideado originariamente para el universo del cómic- el guionista y dibujante David Lloyd impuso una aventura gráfica de culto que llamó la atención a los creadores de Matrix y terminó convirtiéndose en esta adaptación que resume las andanzas de «V», un singular vengador anónimo identificado con la resistencia popular.
Por cierto que la trilogía de los hermanos Wachowski también tenía (y tiene) algo de ese espíritu trascendentalista, adornado con frases sentenciosas, que aquí reaparece en la prédica rebelde de un enmascarado (tirabombas y lanzacuchillos para más datos) que busca despertar de su letargo a un pueblo anestesiado. Lo que también se repite, lamentablemente, es esa pirotecnia vacía de contenido que intenta disimular carencias argumentales (como en la segunda y tercera parte de Matrix) a través de un vistoso envoltorio que calca cierta estética visual ya trabajada en el mundo virtual de los Wachowski. Se sabe, de todas maneras, que la película ha alcanzado cierta repercusión en los Estados Unidos donde buena parte del público realizó una lectura muy localista del asunto pero, fuera de ese detalle contextual, puede decirse que esta traslación cinematográfica resulta bastante pobre y maniquea. De nada sirve la intensa caracterización de Natalie Portman (notable actriz de Closer) o los desesperados intentos de Hugo Weaving por dar vida a esa careta de carnaval que debe soportar hasta los créditos finales, intentando levantar un fiasco de considerables proporciones que se empantana en una narración bastante morosa por no decir aburrida. Que le vamos a hacer. *
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