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Cómo nos domina la clase gobernante

En «Cómo nos domina la clase gobernante», el docente e investigador uruguayo Alvaro Rico construye un sólido ensayo sobre las dos décadas siguientes a la dictadura, analizando sus diversos componentes políticos, sociológicos y psicológicos.

Este esclarecedor trabajo de interpretación de la realidad, propone diversas lecturas en torno a la hegemonía del modelo democrático de cuño liberal y su reposicionamiento luego del período autoritario.

Sobre el particular, Rico analiza minuciosamente los discursos dominantes, para explicar la mutación de actitudes humanas, de la rebeldía transformadora característica de la década del sesenta del siglo pasado, al Uruguay acrítico de los noventa, que aprendió a convivir con las rémoras del pasado y la impunidad institucionalizada impuesta por la Ley de Caducidad.

En el primer capítulo de este elaborado trabajo, el investigador aborda el siempre espinoso tema de la legitimación democrática luego del período autoritario.

Para visualizar la dimensión sociológica del problema analizado, Rico desestima las habituales miradas convencionalistas, lo que le permite establecer que no siempre existe una radical dualidad entre democracia y autoritarismo.

Al respecto, el escritor evoca que en el período comprendido entre 1968 y 1973, el estado de derecho fue permeado por muchas prácticas autoritarias: represión, tortura, cárcel, asesinatos y censura de prensa, entre otras calamidades características del pachecato.

Como se recordará, la mayoría de esos atentados a los derechos humanos fueron productos emergentes de decisiones gubernamentales y legislativas, como las medidas prontas de seguridad, la suspensión de garantías individuales y la declaración de guerra interna.

Estos institutos jurídicos fortalecieron el principio de autoridad y alentaron desbordes antidemocráticos, que se parapetaron detrás de una fachada presuntamente legal.

El analista examina las diversas estrategias del discurso hegemónico de la derecha a partir de 1985, que distorsionó grotescamente la realidad y la verdad histórica del período predictatorial, con el propósito de legitimar su rol dominante y exorcizarse de culpa respecto a las causas de la ruptura institucional de junio de 1973.

Mediante esa prédica adulteradora de la historia, los partidos tradicionales se recuperaron y se reposicionaron como eventuales garantes de una presunta estabilidad democrática.

El autor interpreta que ese discurso tuvo el propósito de disciplinar a la sociedad, enfatizando las bondades de la democracia política recuperada y advirtiendo sobre los riesgos de un retorno al escenario de agitación de la década del setenta, al cual la derecha vernácula atribuyó el origen de la dictadura.

Rico corrobora que, en los años de posdictadura, el paradigma dominante fue la construcción de consensos de elite y la teoría de la gobernabilidad, que permitió a los viejos socios tradicionales reapropiarse del poder político y de la maquinaria estatal.

En el segundo capítulo de este libro, Alvaro Rico se retrotrae en el tiempo a los orígenes de la crisis económica y social que se instaló hace más de cuarenta años en el país, que se sitúan entre fines de la década del cincuenta y la década del sesenta del siglo pasado.

El ensayista no se limita el mero abordaje analítico del proceso de degeneración de la democracia política, sino que también explora los territorios de la economía: el agotamiento del modelo exportador, la dependencia de los organismos multilaterales de crédito, la instalación de la oligarquía financiera y empresarial en el seno del propio gobierno, la corrupción y los sonados fraudes bancarios.

En este tramo de su trabajo, el autor se asoma a un proceso de transformación regresiva, de país ideológicamente tolerante más allá de naturales diferencias, en intolerante. Según Rico, Uruguay mutó del liberalismo democrático al liberalismo conservador, que sitúa al disidente fuera del sistema y demoniza al pensamiento antagónico, representado, por entonces, por las fuerzas políticas de izquierda, los sindicatos y algunas organizaciones sociales.

En este apartado de su obra, el ensayista examina la paulatina transformación del Estado de raíz democrática en aparato policial represivo, mediante el cual se procuró sofocar a los movimientos y organizaciones que promovían profundos cambios estructurales.

La oligarquía, en los albores de la crisis de la democracia uruguaya, comenzó a exhibir su rostro más grotesco: el del autoritarismo cívico-militar que luego se instaló en el país.

El tercer capítulo de este libro ingresa de lleno en el análisis del proceso de reapropiación, por parte de la clase dominante, de los espacios de decisión, tras el paréntesis institucional de la dictadura.

Aunque trabaja dentro del período comprendido entre el 1º de marzo de 1985 y el 1º de marzo de 2005, Rico no soslaya referencias adicionales a la transición de la dictadura a la restauración institucional.

Un aspecto bastante novedoso del razonamiento político del autor es situar a la transición entre el plebiscito de 1980, en plena dictadura, y 1989, cuando la Ley de Caducidad fue convalidada en las urnas, clausurando las causas judiciales por violaciones a los derechos humanos.

De todos modos, lo sustancial de este capítulo es el minucioso análisis de los discursos y la apropiación de los espacios de lenguaje por parte de la derecha dominante.

Este fenómeno fue el aspecto vertebral de la estrategia de dominación y disciplinamiento de la sociedad. Mediante la subjetivación de la realidad y la mentira, se intentó abolir la oposición de izquierda, atacando y devaluando sus paradigmas y presupuestos ideológicos.

Esta movida de ajedrez político fue favorecida por la confusión devenida de la crisis y naufragio del denominado socialismo real.

La monopolización de los lenguajes, amplificada por los medios de prensa aliados a la oligarquía y sus socios políticos, también fue aplicada en las estratégicas de cambio del léxico dominante, que bombardeó a la población con vocablos como privatización, eficiencia, reforma del Estado, modernización, flexibilidad laboral y apertura económica, entre otros.

El autor reflexiona sobre las palabras pero también sobre los silencios y su connotación más ominosa, ligada, por ejemplo, a la impunidad derivada de la sanción y convalidación de la Ley de Caducidad, así como a la corrupción enquistada en la arquitectura del poder.

Este duelo dialéctico también afectó el discurso de la propia izquierda, enfrentada a la emergencia de procesar su propia transformación, por las urgencias históricas y una adaptación de lenguajes que se apartó paulatinamente de su prédica original.

Alvaro Rico corrobora que la cultura de la resignación y el pesimismo que se instaló en el país en los últimos veinte años, tiene su origen en un discurso dominante que contiene, en sí mismo, un componente de trazo maniqueísta. Ello se patentiza en las dicotomías orden-caos, estabilidad-inestabilidad y seguridad-inseguridad.

El investigador observa que en forma paralela a la relegitimación de una lógica institucional impregnada de conformismo, se gestó un nuevo imaginario social, propicio a la aplicación de la praxis neoliberal, que está en sintonía con la nueva fase del imperialismo capitalista: la globalización.

Alvaro Rico elabora una tesis revulsiva, al afirmar que la sociedad uruguaya mutó del «poder de facto» durante la dictadura, al «poder fáctico» en la posdictadura, período que bautiza como un «despotismo de
mercado».

En este extenso y minucioso ensayo político y sociológico, Alvaro Rico elabora diversas hipótesis de trabajo, para alentar un indispensable debate en torno a qué modelo de sociedad queremos.

Su razonamiento apunta a identidad muchas de las causas que originaron la estructura social del Uruguay del período pos dictatorial. El investigador desestima toda postura complaciente, hurgando en las raíces de la democracia uruguaya de comienzos del tercer milenio, con sus claros, oscuros y contradicciones.

Su abordaje crítico de la realidad constituye, sin dudas, un valioso insumo para la interpretación de los fenómenos políticos, económicos y sociales, de los cuales todos debemos ser actores y activos protagonistas.

El autor convoca a reflexionar sobre el futuro inmediato, a partir de la instalación del primer gobierno de izquierda en la historia del país, que es depositario de un supremo desafío: recuperar la esperanza y la dignidad de los uruguayos.

(Ediciones de Trilce)

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