VIGESIMO CUARTO FESTIVAL CINEMATOGRAFICO INTERNACIONAL DEL URUGUAY

Una mirada a un cine de buena calidad

Este empecinamiento o la persistencia en mantener el festival sin transar con los valores comerciales en el cine» (Manuel Martínez Carril dixit) es la marca de fábrica para un cine de calidad y ruptura que documenta cosas con un lenguaje renovador. Los galardones se entregarán el domingo próximo en una sesión de clausura que incluirá el estreno absoluto de la película uruguaya Cerca de las nubes del realizador aldo Garay. Un filme que en sesenta minutos hace un retrato veraz y creativo de un pueblito del interior de nuestro país y que viene precedido de comentarios elogiosos. A modo de avance, vayan a continuación algunos juicios críticos sobre lo que se ha exhibido desde el comienzo del festival hasta el día de ayer.

En el rubro largometrajes de ficción, que incluye veinte películas, de las cuales se premiará a la mejor, el resultado se acerca a la irregularidad con un nivel de calidad promisorio. Vale decir que «la recta final» seguramente aparejará sorpresas.

En los rubros de cortometrajes, largos documentales y cortos uruguayos en competencia, puede estar escondida la calidad necesaria que está ausente en otros apartados.

 

Los filmes más destacados

Las llaves de la casa (Italia, 2004) de Gianni Ameglio, conocido en Uruguay por la estupenda Ladrón de niños y la saga familiar de L’America. El filme es una mirada compasiva y tierna sobre la vida de un adolescente minusválido en su relación con su padre y con un entorno hostil. Logra un trabajo redondo con una actuación memorable de la actriz británica Charlotte Rampling.

Noticias lejanas, ópera prima del joven mexicano Roberto Benet, reciente ganador del Festival de Mar del Plata, quien aborda un cine comprometido con la crítica realidad social de su país, donde los ingredientes de marginalidad y pobreza son puestos al desnudo con el énfasis necesario de expresividad cinematográfica.

Moolaandé (Senegal-Francia, 2003) del veterano director, productor y guionista Ousmane Sembene, ya obtuvo una mención especial en Cannes. En el microcosmos de un poblado de la Africa negra y musulmana, sin muchos alardes técnicos pero con mano firme, denuncia las mutilaciones vaginales (ablaciones) a que son sometidas las niñas. Esta práctica aberrante ha sido objeto de campañas de denuncia por los los organismos de derechos humanos del mundo entero. El filme de Sembene contribuye, desde su impactante cine, a desterrar estas prácticas vejatorias de la condición humana.

Manderlay (Dinamarca, 2005) es la segunda entrega de una trilogía denominada «América», que el director danés Lars von Trier, patriarca de una nueva corriente cinematográfica apodada Dogma, filmó luego de la tan controvertida Dogville. La concepción de la película tiene notorias diferencias y hay que buscarlas en el criterio de la puesta en escena, donde los decorados, la iluminación, el movimiento de los personajes, no están en función de una irritante teatralidad sino en un planteo más cinematográfico. Sin embargo frente a estos lujos técnicos, la fábula moralizante sobre la esclavitud de los negros norteamericanos deviene en un planteo reaccionario, que esconde la ambigüedad y el sarcasmo. La sustitución de la platinada Nicole Kidman por la rubia Bryce Dallas Howard, trae más convicción, pero igual se viene la polémica.

 

La maestría de Angelopoulos

El valle de los lamentos o Eleni es una producción de 2004 del griego Theo Angelopoulos (La eternidad y un día, 1998) Es un filme largo y hermoso visualmente, que para los espectadores y devotos del director es todo un acontecimiento cultural y artístico. Es la primera entrega de una trilogía concebida «como suma poética del siglo XX». La pradera del llanto (o El prado de las lágrimas) título original, que por problemas de distribución adopta otras resonancias semánticas. La película comienza a principios de los años 20 del siglo pasado, cuando el Ejército Rojo entra en Odessa, permitiendo, de este modo, la salida de los refugiados griegos que se instalan en Salónica y fundan un poblado al lado de un gran río. Es una historia de amor entre la huérfana Eleni y Alexis, a su vez el drama del padre viudo que quiere casarse con Eleni, la huida de los amantes por toda Grecia y el patético final. El telón de fondo histórico se enmarca desde el final de la Primera Guerra Mundial, los movimentos fascistas, la Segunda Guerra Mundial con la ocupación de Grecia por los nazis, y la Guerra Civil Griega en 1944. Pero la intención del maestro Angelopoulos es recitar una amarga reflexión sobre los acontecimentos históricos que han marcado la historia de su país y del mundo entero, no solo como itinerario físico sino como un viaje interior. Los personajes se transmutan en el paisaje, son parte de él. Por eso que una cámara registra en planos secuencias elaboradas con maestría, la esencialidad de las cosas y la búsqueda permanente de la verdad, a través de ellas, sobre todo del agua, «principio y fin de todas las cosas», como se decía en La mirada de Ulises. El exilio y el desarraigo son notas plañideras que el filme de Angelopoulos traza desde las fuentes genuinas de la tragedia griega con claras referencias a Edipo Rey y de Los siete contra Tebas. El final de la historia, con el grito desgarrador de Eleni, llorando a su hijo muerto en la guerra, es un desgarro sobrecogedor y un momento que marca la historia del cine. Podría escribirse toneladas de tinta sobre la película o acerca de la obra inmensa del maestro griego.

Nuestra América es un soberbio documental de Kristine Konrad, una realizadora suiza que vive en Alemania. Luego de veinte años regresa a la Nicaragua que conoció en tiempos de la Revolucion Sandinista entre 1984-86. En base al reencuentro con ex guerrilleras establece un paralelo vital y político que sirve como relevamiento de actitudes y comportamientos, mientras echa una mirada nostálgica a la Nicaragua post-revolucionaria. La sinceridad, el encomio y la objetividad que despliega Kristine Konrad es una lección moral y un dato objetivo por encima de banderías políticas.

 

Los filmes uruguayos

La perrera, del realizador uruguayo debutante Manuel Nieto, acaba de ganar un premio en el reciente Festival de Rotterdam. Junto con Orlando Vargas, una coproducción con Francia y Portugal del uruguayo Juan Pittaluga afincado en París, y Cerca de las nubes, de Aldo Garay, completan una calificada trilogía de la reciente producción fílmica de nuestro país, que ya se conoce a nivel internacional por premios recibidos en festivales de todo el mundo. La perrera es una gratificante sorpresa y abre para Manuel Nieto un crédito futuro de imprevisibles consecuencias. El filme está pensado y hecho para los jóvenes de este empobrecido país y muy en la línea de 25 Watts pero mucho más directa y cercana. La anécdota es mínima y (re)conocida, pero tiene una fuerza en las imágenes que trasciende el mero registro de una problemática juvenil. Los actores se mueven como peces en el agua, pero hay que subrayar la actuación sobresaliente de Pablo Riera, muy desprejuiciado y convincente.

Estos apuntes «al hilo de la marcha maratónica» del Festival se complementarán la semana próxima, ya con los premios sobre el tapete. Vale agregar que el noventa por ciento del material exhibido no será visto en Montevideo. Los amantes del cine con mayúsculas deberían aprovechar esta oportunidad del Festival y correr hacia las cinco salas de Cinemateca Uruguaya. *

(*) Carlos R. Oroño es corresponsal de LA REPUBLICA en Baleares – España y ha sido invitado a participar como Jurado en el Festival
Cinematográfico Internacional del Uruguay en el «Rubro Internacional».

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