Descarrilados, un trhiller tan previsible como efectivo

Casi al comienzo del filme, un padre ayuda a su hija en una tarea literaria y le comenta las características de cierto relato «con final predecible pero dotado de una narración intrigante que seduce al lector».

En realidad, algo de lo señalado también ocurre en este largometraje dirigido por Mikael Häfström sobre personaje adúltero que resulta extorsionado por un delincuente luego de haber interrumpido su cita de amantes en forma violenta.

Como si el guionista nos hiciera una guiñada desde el principio, las barajas del acontecimiento muestran el juego en forma fugaz y luego sumergen al espectador en la intriga, haciéndolo olvidar – de inmediato – posibles obviedades. (En este sentido, el cineasta sueco revela buena pasta de prestidigitador logrando una narración equilibrada y con el suficiente «gancho» como para atrapar a la platea hasta los créditos finales).

No es Hitchcock, por supuesto pero, de todas maneras, el armado de la trama supera algunas debilidades del libreto como para que la platea siga la peripecia doméstica de este publicista (casado, padre de familia, etcétera) que traba relación con una hermosa empresaria a bordo de un tren y termina en la cama de un hotelucho de mala muerte.

Son las humanas tentaciones de «gente como uno» que, como en este caso, pueden derivar en un episodio de crónica roja y Häfström las sintetiza a través de una narración pulcra y un buen trabajo de actores (Clive Owen, Jennifer Aniston, Vincent Cassell) que otorgan credibilidad a la ficción plasmada en pantalla.

Hay, por cierto, un par de simplificaciones y alguna que otra coincidencia forzada como para que las piezas encajen pero, en el conjunto, estos detalles no empañan una calificación de razonablemente aceptable en medio de una oferta que, por lo general, viene siendo bastante mediocre.

Es que si echamos un vistazo a otras propuestas (la rutinaria Firewall; el horripilante bodrio de Terror en la niebla o la calcada Pantera rosa, otra remake, por cierto), un simple aficionado al cine policial o pasatempista no encuentra muchas opciones para pasar el rato. Con Descarrilados, por lo menos, va a experimentar esa placentera sensación de haber desquitado el precio de la entrada mientras le contaban una historia para matar el tiempo. Algo es algo. Un último consejo: si una chica hermosa le quiere pagar el boleto del tren (o del ómnibus), no acepte. *

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