"MORANGOS MOFADOS", UNA OBRA DE UN HOMBRE QUE HABITABA UN MUNDO INQUIETANTE

Caio F. Abreu: una voz que no podía callar

Cuando el Tercer Festival de Porto Alegre (1996) Caio Fernando Abreu acababa de morir de sida, el 26 de febrero. Nadie nos habló de él, pero no fue casual que se ofreciera «Os dragôes nao conhecem o paradiso» ya con el tema de Eros y Thanatos, y «Dama da noite» el monólogo que interpretó magistralmente Gilberto Gawronski en el pub gay «Fim de século»; tampoco fue casual, creemos, que Gilberto haya puesto en escena «En la soledad de los campos de algodón» de Bernard  Marie Koltès, que había nacido como Caio en 1948 y que también murió de sida, en 1989. Ese fin de año Gilberto nos obsequió un ejemplar de «Estranhos estrangeiros» que reúne dos volúmenes de Caio. Allí comenzamos a entender, a veces a rechazar y otras a dejarnos fascinar por un hombre que habitaba un mundo inquietante.

 

Un mundo más libre

Caio era homosexual, o bisexual; pero militante. Vivió en parte bajo una dictadura y creía que la publicidad de sus inclinaciones, tan a menudo socialmente reprimidas, serviría a la creación de un mundo más libre, donde aceptáramos sin ambages en los demás lo que tal vez no aceptaríamos en nosotros. Esa actitud era peligrosa para Caio, que padeció toda clase de malestares físicos (fiebres, taquicardia), y su sinceridad debió ser, a veces, dolorosa para quienes lo amaron. Así Caio F. escribe a Vera Antoum, con quien proyectó casarse: «… tengo un componente homosexual muy fuerte. Hasta hoy, mis relaciones heterosexuales siempre fueron medio idiotas, porque, con excepción de ti y de otra muchacha gaúcha, M., el cuerpo femenino es una cosa que no logra entusiasmarme»; el 21 de agosto de 1994 comunicó su enfermedad a sus lectores de «Estado de Sao Paulo» en una nota que tituló «Carta para más allá de los muros».

Supimos que Luciano Alabarse estrenaría en febrero de este año (en realidad, reestrenaría) una obra de Caio, «Morangos mofados». El proyecto parecía interferir con la puesta en escena del «Hamlet» de Shakespeare que Luciano proyecta para julio; pero la empresa de Luciano era mucho más que la puesta en escena de una pieza que se daría sólo tres días. «Morangos mofados» ocupaba su lugar en una organizada serie de memoriales en honor de Caio, donde, durante una semana, y entre otros actos como conferencias y mesas redondas, se ofrecieron las versiones cinematográficas de sus obras («Sargento García», «Dama da noite», «Pela passagem de uma grande dor», «O dia em que Júpiter encontrou Saturno», «Aqueles dois») se hizo la lectura escénica de «O Homem e a Mancha», con dirección de Luciano, se estrenó por Silvia Ramos el unipersonal «Caio F.», con libreto de Silvia Ramos y Rafael Baiao sobre cuarenta cartas escritas por Caio F. a Luciano Alabarse. Finalmente recibimos de Luciano la selección de cartas de Caio, un volumen de 532 páginas editado en el año 2002 por Italo Moriconi, con prefacio del mismo Luciano.

 

Un corazón al desnudo

En este libro que compila las cartas, tanto o más que en sus obras, está el rostro de Caio y su corazón al desnudo. A veces nos sorprende, a veces parece familiar y muy próximo, otras distante y misterioso; siempre nos fuerza a simpatizar con él y nos desarma con su sinceridad; su agudeza intelectual y su arte de escritor nos seducen. Comprendemos su sed insaciable de vivir, en el más amplio sentido que la vida pueda tener. No nos extraña, según leemos las cartas, que Caio F. haya intentado todos los transformadores psíquicos, la psicoterapia, la yoga, el budismo zen, el Tao Te King, la autorelajación de Schultz, la astrología, el Tarot, el I Ching, la magia, la Numerología, los Rosacruces, la Umbanda, el espiritismo, la comunicación con los muertos, las ideas suicidas y hasta las fantasías homicidas; los excitantes como el alcohol, el tabaco, el mate, el té macrobiótico, el ginseng, el LSD, la mescalina, la marihuana, el haschich y la cocaína; las curaciones por homeopatía, alopatía y macrobiótica, sin olvidar las dolorosas oscilaciones de depresión y euforia y, al fin, hasta un cuadro agudo de disociación mental. Todo aquello estaba propulsado por un ansia de libertad («…sin barreras morales, políticas, religiosas…») y un ansia de amor que lo hizo sentir como la manzana madura que nadie deseó y se pudrirá en el árbol: «…me derrota el paso del tiempo, mis 38 años, los cabellos que caen, todo lo que huye y se pierde, y el amor que no viene…» Pero para hacer las cosas más difíciles, estos impulsos chocaban con poderosos sentimientos de culpa, ya fuera por haber abandonado la carrera de Letras, por haber sido despedido de la revista Veja (aunque fue por razones de economía) , o por el impacto que podría tener el conocimiento de su homosexualidad en sus padres.

 

Un hombre desgarrado

Este hombre desgarrado es el autor de «Morangos mofados» una pieza que el mismo Luciano Alabarse había puesto en escena en 1985 y que reestrenó con un elenco juvenil, sólo por tres días, los 23, 24 y 25 de febrero. Caio, que tenía todos los tics del escritor genuino respecto del buen uso del lenguaje, no gustaba del título. Prefería «Certos morangos»; sugirió «Morangos e outros mofos», que tampoco le gustaba; temía que el libreto fuera «literário demais».

«Morangos mofados» tiene seis episodios sin mayor relación entre sí; el conjunto revela la variedad de estilos y formas que podía adoptar Caio. Hay dos dramas en un acto, «Pela passagem de uma grande dor», que retrata ácidamente la insensibilidad de un hombre que ni siquiera oye el anuncio de su amante de que al día siguiente , y «Caixinha de musica» donde aparece, a la inversa, el trágico rencor de un hombre hacia una mujer a la que cree su parásito o su vampiro; también «Pera, uva o maca?» donde hay rasgos de humor; «Os sobreviventes» y «Além do ponto» tienen otra estructura, menos convencional, más abierta. Estas palabras finales resumen el espíritu de Caio: «… infelizmente las personas tienen, tenemos, emociones…están los niveles no formulados, camadas imperceptibles, fantasías que no siempre controlamos, expectativas que casi nunca se cumplen y, sobre todo, como decía, emociones. Por todo eso ya no soy capaz de callar, porque mi silencio ya no es una omisión, sino una mentira».

Luciano Alabarse puso en escena «Morangos mofados» con el ritmo, proporción e intensidad de todas sus producciones. Los jóvenes actores demostraron perfección técnica, compenetración con el sentido de la obra, gracia hasta para una especie de ballet que atraviesa la obra, brío y dedicación. El espectáculo fue hasta trágico, la ocasión conmemorativa fue grave; pero «Morangos mofados», cuando concluyó, nos devolvió a la vida corriente con renovadas y originales percepciones del mundo y nuevas energías. Fue una celebración de alegría. Así lo hubiera querido Caio F. *

MORANGOS MOFADOS, libreto de Luciano Alabarse sobre el libro de Caio Fernando Abreu, con Alexandre Silva, Casiano Ranzolin, Elisa Lucas, Evandro Soldatelli, Juliano Barros, Marcelo Adams, Monica Mendes y Rafael Mentges. Escenografía y vestuario de Rodrigo Lopes, Iluminación de Breno Ketzer, banda sonora y dirección de Luciano Alabarse. En teatro Renascenca de Porto Alegre.

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