Función completa, por favor
Antes de la televisión, la videocasete, el cable e Internet, el entretenimiento por excelencia era únicamente el cine. Nada deslumbraba más que ver a la pantalla blanca cobrar vida en la penumbra de la sala y llenarse de magia ante nuestros ojos.
En Montevideo llegaron a existir más de cien salas cinematográficas, y otro tanto en el resto del país durante la época de mayor auge, en la segunda mitad de la década del cincuenta del siglo pasado. No había barrio que no tuviera al menos un local exhibidor de generosa capacidad, comparando con las modernas pero pequeñas salas contemporáneas.
En 1953, se alcanzó en Montevideo la cifra récord de casi veinte millones de entradas vendidas, con una población capitalina que no excedía las novecientas mil personas.
Aquellos ya lejanos tiempos de apogeo del gusto por el séptimo arte en nuestro país, así como sus orígenes y su actual transformación, son impecablemente documentados, analizados e investigados en Función completa por favor, la magnifica obra de Osvaldo Saratsola, que es, sin dudas, un verdadero libro de consulta y referencia insoslayable para los conocedores y aficionados a la cinematografía.
Saratsola se dejó cautivar por el cine desde muy temprana edad, incursionando en la crítica cinematográfica con tan sólo dieciocho años, actividad que desarrolló en diversas publicaciones, como los desaparecidos diarios «Acción» y «El popular».
También colaboró activamente en la redacción de los boletines del Cine Universitario, hasta 1973.
Gran conocedor y coleccionista, difundió en el año 2001, a través de Internet, parte de su gran investigación, un completísimo catálogo de todos los estrenos cinematográficos registrados en el Uruguay, desde 1929 hasta dicho año. El listado completo se incluye naturalmente en este libro.
Por otra parte, la obra nos acerca una pormenorizada reseña de todas las salas cinematográficas que existieron desde el año 1908 hasta el 2003, incluyendo su dirección, capacidad locativa y otros datos de particular relevancia.
El libro está ilustrado con fotografías de muchas de las salas ya desaparecidas, programas de distintas épocas, planos y precisas descripciones de los más relevantes espacios cinematográficos.
El autor documenta detalladamente los orígenes del cine en nuestro país, desde principios del siglo veinte hasta nuestros días, haciendo referencia a las principales empresas distribuidoras y narrando su apogeo, caída o reemplazo.
Saratsola reconstruye particularmente la historia de empresarios fundamentales para el desarrollo de la industria del entretenimiento en nuestro país, como Bernardo Glücksmann, el principal empresario del negocio del celuloide, desde mediados de la década del veinte hasta bien entrados los años cincuenta.
El trabajo se ocupa tanto del circuito comercial como del cineclubismo, refiriéndose, principalmente, a instituciones señeras como Cinemateca Uruguaya y Cine Universitario.
Un capítulo aparte merecen las incontables anécdotas recogidas por el autor en las entrevistas a trabajadores del medio, proyectistas, acomodadores, boleteros y vendedores varios, que han atesorado en sus memorias entrañables instantáneas.
Los recuerdos de los protagonistas constituyen un jugoso archivo del cual Función completa, por favor deja también constancia.
Los cines de barrio están recordados en el libro con particular nostalgia, principalmente las funciones continuadas, lo que sugiere el propio título de la obra. Función completa era lo que debía solicitarse si el cliente pensaba quedarse a todo el continuado, que podía constar de tres, cuatro o más filmes.
Inclusive los cines porno, llamados antiguamente condicionados, tienen su espacio en este brillante trabajo de investigación.
El autor no soslaya los aspectos técnicos concernientes al mundo del celuloide, que sirven de ineludible referencia, tanto para el conocedor como para el neófito.
Esta es, sin dudas, una obra paradigmática, ya que conjuga, por igual, la nostalgia con el rigor histórico, transformándose en un material indispensable, tanto para quienes vivieron esa era de oro como para los ávidos cinéfilos contemporáneos.
(Editorial Trilce)
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