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Vivos los llevaron

En «Vivos los llevaron…», los autores Gabriel Bucheli, Valentina Curto y Vanesa Sanguinetti, con la coordinación de Carlos Demasi y Jaime Yaffé, asumen la reconstrucción de la épica del movimiento Madres y Familiares de Uruguayos Detenidos Desaparecidos, que estremecieron a la propia dictadura con sus reclamos de verdad y justicia.

Este minucioso trabajo, que recrea una lucha inclaudicable de más de tres décadas, se nutrió  básicamente- de testimonios de los propios protagonistas, a los que se adosó el invalorable aporte de materiales de archivo.

Esta obra de fuerte acento testimonial, contiene conmovedores relatos de María Luisa Cuesta, María Esther Gatti, Amalia González, Milka González, Luz Ibarburu, Javier Miranda, Hortensia Pereira, María Magdalena Salvia y Oscar Urtasun, figuras referentes un movimiento social sin precedentes en la historia de nuestro Uruguay.

Ello permitió recrear los hitos de una epopeya militante en busca de la verdad sobre el destino de los detenidos desaparecidos, tanto en el territorio nacional como en la vecina orilla.

La investigación abarca todas las etapas de esta experiencia colectiva, que creció y se fortaleció en la adversidad, desde la brega cotidiana y el exilio hasta la renovada lucha contra la impunidad institucionalizada por la Ley de Caducidad, que clausuró todas las causas judiciales sobre violaciones de los derechos humanos durante el período autoritario.

Los diversos capítulos que componen este libro, se nutren del dolor de los familiares, de las madres, los hijos y los hermanos, pero también retratan elocuentemente la férrea voluntad de un grupo de uruguayos que jamás sucumbió.

Estos heroicos uruguayos enfrentaron el silencio oficial y el alevoso ocultamiento de los gobiernos de turno, que pretendieron desalentar los reclamos y reivindicaciones.

La primera parte, que pone bajo la lupa al tortuoso período comprendido entre 1976 y 1984, da cuenta de la formación de las primeras organizaciones, que comenzaron a actuar luego de la instalación de gobiernos dictatoriales en la región, los que ejercieron una terrible represión coordinada contra la resistencia opositora.

Mediante removedores testimonios contemporáneos, los investigadores reconstruyen reacciones y actitudes, ante la aparición de un fenómeno inédito en el país: la desaparición forzada.

La crónica se centra precisamente en ese concepto, evocando lo sucedido aún antes del quiebre institucional, cuando, en el marco de las denominadas medidas prontas de seguridad, era muy habitual la detención y reclusión de dirigentes políticos y gremiales opositores.

Parte de los aportes de numerosos familiares permiten visualizar, desde el comienzo de los relatos, la dimensión de una tragedia de singulares proporciones.

Los comentarios de los entrevistados habilitan reveladoras lecturas respecto a la situación imperante en aquellos tiempos, cuando costaba asumir la desaparición de un ser querido, ya que siempre se confiaba en que iba a ser localizado preso, aunque con vida.

La propia actitud de ocultamiento del régimen dictatorial, si bien despertaba sospechas por la falta de información, abonaba la esperanza y alentaba a proseguir la búsqueda, aunque para ello fuera menester recorrer oficinas y cuarteles.

Las narraciones evolucionan permanentemente, a partir de aporte de los propios protagonistas, muchos de los cuales  que inicialmente eran casi todos mujeres- debieron trasladarse a Buenos Aires, con el propósito de seguir la pista de sus desaparecidos.

Era una lucha dirimida en una situación harto desventajosa, que logró avanzar en medio de monumentales obstáculos, gracias a la unidad y el espíritu de cuerpo que el tiempo fue consolidando.

Este trabajo documental corrobora los problemas que debieron afrontan las inicialmente dispersas organizaciones, para denunciar las desapariciones. En efecto, a la falta de información se sumaron las dificultades de movilización en un país en plena dictadura, el temor e incomprensión de los compatriotas y el permanente hostigamiento de los servicios de inteligencia del régimen.

Otro escollo, que fue superado con el tiempo, fueron las diferencias estratégicas existentes entre los militantes locales y los exiliados, así como las discrepancias metodológicas que surgieron entre los grupos políticos que encabezaron la resistencia contra el gobierno autoritario.

Otro aspecto que desnuda contundentemente esta obra, es la actitud inmoral de los militares y civiles que integraron el núcleo duro del gobierno autoritario, que negaban la existencia de desaparecidos, amparados en la ausencia del estado de derecho y de un Poder Judicial que había sido mutilado en su independencia.

Los relatos resultan realmente conmovedores, al describir la odisea y las vicisitudes padecidas por los familiares, que chocaron permanentemente contra la estrategia elusiva de los usurpadores uniformados, quienes se negaban a reconocer ante los organismos internacionales la existencia de presos políticos, con el propósito de no comprometer aún más su imagen.

No en vano toleraban las actividades de las organizaciones civiles de familiares de desaparecidos, aunque siempre las mantuvieron bajo una estricta vigilancia.

Los autores de este trabajo evocan particularmente el año 1983, al que consideran un crucial punto de inflexión en la militancia, cuando los diversos grupos comenzaron a sumar sus esfuerzos hacia la unidad, favorecidos, además, por un creciente clima de efervescencia social y movilización ciudadana.

Por entonces, tras la derrota en el plebiscito de 1980 y la devaluación monetaria de 1982, el régimen comenzó a desmoronarse paulatinamente.

Crecieron los reclamos y las protestas colectivas, que desafiaron al aparato represivo a partir de la refundación de sindicatos obreros y estudiantiles, que se transformaron en auténticos baluartes del bloque opositor.

El libro documento la percepción que tenían los familiares de estos cambios cualitativos, que alentaban la esperanza de una apertura institucional y la satisfacción de algunos reclamos.

En la segunda parte de esta obra, que abarca el período comprendido entre 1985 y 1989, los autores y los entrevistados transitan a través de los espinosos senderos de la reapertura democrática, las denuncias de violaciones a los derechos humanos ante el recuperado Poder Judicial, las presiones y desacatos de los militares para evitar ser enjuiciados y la grotesca Ley de Caducidad, que clausuró las causas judiciales e inauguró la impunidad institucionalizada.

Uno de los tramos vertebrales de este trabajo refiere naturalmente a la derrota del recurso de impugnación contra la norma, en 1989. Los protagonistas reproducen la sensación de frustración que golpeó a la organización y la duda que invadió a los militantes respecto a la conveniencia o no de continuar con la lucha.

Los testimonios recogidos coinciden en que fue una decisión compleja, que puso a prueba la inclaudicable voluntad de los militantes y, a la sazón, fortaleció la unidad en la adversidad.

La crónica incluye, naturalmente, la aparición de Mariana Zaffaroni y de Simón, que fueron dos clamorosos triunfos de la fe y la perseverancia.

La obra resume los grandes hitos de una batalla de largo aliento por la verdad y la dignidad, que continuó desafiando al poder aún luego de la sanción de la Ley de Impunidad.

El relato y las reflexiones contenidas en este exhaustivo documento, analizan el reposicionamiento del tema de los derechos humanos en la agenda política. Hay una valoración relativa del trabajo de la denominada comisión para la paz, que logró algunos avances pero defraudó en la determinación del destino de los desapar
ecidos.

La obra incluye un análisis de trazo ensayístico sobre la movilización de los familiares, así como una breve biografía de los voceros que colaboraron para la reconstrucción de esta historia de perfiles épicos.

«Vivos los llevaron» es un libro de fuerte acento testimonial y de compromiso, que conjuga la crónica con el relato histórico y el necesario análisis de coyuntura, lo que habilita la reinterpretación de los acontecimientos de nuestro pasado reciente.

Las narraciones permiten reperfilar los horizontes de un debate que debe ser permanente, para evitar que nuestro país vuelva a padecer situaciones como las acaecidas.

Este documentado trabajo excede al marco referencial de la mera crónica histórica, para transformarse en un indispensable disparador de la reflexión y un valioso insumo para superar las fracturas de la memoria.

 

(Ediciones de Trilce)

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