Testimonio de amigos: el exilio como tortura, el canto como acto de amor
Pero por supuesto que quedaron «cosas» a montones; es bueno recordar que la entrevista, efectuada a expreso pedido de Alfredo (mediante una orden dada «dedito índice para arriba«), se dio cuando recién salíamos de la extensa dictadura, en el verano de 1986, verano que el «Flaco» supo pasar por estos pagos cercanos a Piriápolis y que uno aprovechó grabador en mano, o, para ser bien precisos, grabador sobre la mesa.
(Tola)…»y al salir de ahí (de la cárcel militar) la calle te encuentra desacomodado totalmente (antes había insistido sobre el encapuchamiento con olor a mierda sufrido)… le pasó también a Javier Arturo Larroca, el esposo de Sarita Teca, Sarita Larroca, la actriz… , una maravilla de ser… un tipo que se mantuvo los últimos días de su vida a dos litros de grappa diarios, con un tercio de pulmón, que era todo lo que le quedaba, junto con una entereza espiritual increíble. Tenía un hermano que había sido policía (¡salud!), un tipo finísimo que cuando se mamaba venía a hablar conmigo (aparentemente se refiere a cuando Tola estaba en prisión) y él me decía: «Vos sabés que mi vida era la vida de las pensiones de cuarta, de los boliches, de las putas, de los chorros, y cuando a mi me tocaba ir a un cumpleaños de familia, por ejemplo, no entendía, no entendía nada porque yo vivía el clima de las comisarías, del grito continuo, de la prepoteada…»
De ese cambio de ambiente pasaron a hacer la otra diferencia: la que existe entre quien está preso por ladrón y quien lo está por defender sus ideas, lo que según Tola, «Policho» Sosa definió como el «ingrediente moral«.
Aquí haremos una pequeña pausa para dar una imagen de «Tola» Invernizzi, personaje muy bien conocido por los pagos esteños pero tal vez no tanto en el resto del país. Muy alto, el mayor piropeador del mundo con mujeres entre los quince y los noventa y cinco años respetuoso y fino–, militante del Partido Comunista (aunque con Zitarrosa dejó ex profeso el asunto confuso en cuanto a su afiliación) y base del frenteamplismo local, admirado y querido por blancos y colorados de cualquier condición social, y de ocupación constructor (aparte de su condición de excelente pintor de cuadros a la cual ya nos referimos), apoyado por la profesión de arquitecta de su esposa la eficiente y amable Milka.
Zitarrosa unió «exilio» con «tortura»: (…)» el exilio a mi modo de ver es una forma de expresión, también, una forma de tortura, obviamente a otro nivel, y que depende fundamentalmente del grado de sensibilidad de cada, de compromiso del tipo, de su madurez política, qué sé yo , incluso de su edad, de su profesión, depende de muchas cosas pero te aseguro que el exilio es jodido» (…) el exilio te da todas las mortificaciones sin darte las defensas».
Allí fue cuando el cantor dijo, tal como ya lo establecimos en la nota anterior, aquello de que «¿qué haría yo si me tocan la guitarra, pa´ nombrar lo más querido y entrañable de mi vida, (…) lo voy a buscar y le pego cinco balazos…».
Y ampliando los comienzos como cantor de «el Flaco Alfredo», luego de definirse como » muy flaquito, tengo voz gruesa, me peino pa´tras , tengo cara de triste», se refirió largamente a aquel peruano, César Durán, (que) estaba condenado a muerte, tenía un enfisema y sabía que su vida no pasaría de los 38 o 40 años, que vivía cuatro días de la semana en una habitación con aire acondicionado y el resto de los días trabajaba a reventar era ejecutivo de una agencia de publicidad–y que un día le dijera: «vos tenés que cantar, loco» (…) y un día me quedé sin trabajo y él me dio un trabajo, me hizo cantar en televisión y efectivamente a partir de ahí yo me convencí que efectivamente yo podía cantar y vivir de eso (…) antes cantaba para mis amigos una noche por ejemplo estábamos en una casa grande, allí en la Avenida Miraflores, había mucha gente, había muchos en pedo, y a mí la alta burguesía no me gusta, era la casa de un burgués peruano, yo me sentí incómodo y me fui…»
Luego de las expresiones anteriores es cuando Zitarrosa define el canto como un acto de amor que según Tola la gente lo capta inmediatamente.
Las penalidades que tuvo que pasar el cantor en Europa merecieron largas estrofas del mismo: «…yo pasé sin pasaporte a Madrid, crucé la frontera con una valija, estaba sin un mango, no tenía documentos, estaba enfermo, y con un dolor de cabeza que me volaba la bata, pasé de Madrid a Milán con un auto prestado, yo ni manejar podía, estaba muy mal, una camioneta grande una Volvo nueva flamante, me la había prestado el hijo de un millonario, un tipo que piensa bien, ingeniero o arquitecto, tenía que ser algo grande para llevar las guitarras, uno iba como un paquete, y para mejor en España estaba Pacheco me acuerdo que era de madrugada y lloviznaba–y fui citado por la policía para declarar si yo había salido del país sin permiso… «–habrá sido un hermano mío», les dije yo, «¿y usted es comunista? …no, no, no… pero mire que el PC es legal en España, si usted es comunista dígalo… yo soy del MPU que es una parte del Fidel… que es un invento de los comunistas… no señor, el Fidel es un frente popular»…
Ahora es cuando interviene Claudio Invernizzi con aquello de las «lecturas mínimas de Marx» y cuando Zitarrosa dice que «yo puedo vivir con un peine, una máquina de escribir y una guitarra», y Tola termina de enredar todo con aquello de que «cuando fui edil por el Fidel y me decían el compañero comunista yo le mandé una carta a Eduardo Viera que le decíamos «El Billiken»–diciéndole si querés la publicás y si no querés no, pero yo no soy comunista aunque nunca estaré en un lado opuesto al PC, una definición muy cómoda para mi, pero siempre fui el primero en decir «qué afiche hay pegar, dónde hay un volante para repartir».
Las diversas manifestaciones del arte y sobre todo de la pintura mereció largas reflexiones de ambos. Tola dijo «la gente precisa también cosas quietas, pedazos de vida quietos, fíjate que nuestros recuerdos de vida son fotográficos, no cinematográficos, que te duran toda la vida, congelados» y ante una objeción con voz femenina (¿Ligia?) «la realidad quieta pero cambiante«, el Flaco, acompañado por el gesto aprobatorio de Tola, retrucó con algo así como que «la pintura te espera, para que tú la cambies como quieras, para que la dibujes de otra manera», coincidiendo ambos también en que el hombre (el autor) deja de importar, y lo único que importa verdaderamente es «sólo la obra, el objeto pasivo».
Si ambos artistas tienen razón, al cabo de poco servirán estos trozos escritos de sus conversaciones; pero claro que sí a quienes los conocimos en vida y ahora los recordamos con la mayor admiración y el mayor de los afectos. *
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