Colgado de travesaño
La cultura no es la mera expresión artística de una comunidad, sino el conjunto de manifestaciones, costumbres, tradiciones y señas de pertenencia que atañen directamente a su identidad.
Aunque algunas de esas expresiones tienen un origen eminentemente vernáculo, otras abrevan de las influencias determinadas por los acontecimientos históricos, las corrientes migratorias y el intercambio entre grupos humanos.
Otro aspecto sin dudas insoslayable de este fenómeno refiere a los mitos y las leyendas, que también alimentan, en mayor o menos medida, la iconografía del denominado ser nacional.
Esa mitología, que casi siempre invoca e interpela al pasado, refiere a hazañas militares, grandes gestas emancipadoras, radicales transformaciones políticas y sociales y perdurables avances científicos o tecnológicos.
Sin embargo, el imaginario colectivo también atesora proezas deportivas, que, en el caso concreto de nuestro país, marcaron hitos asociados a un Uruguay que ya no existe.
No en vano la irrepetible conquista de Maracaná, de la cual ya nos separan casi 56 años, está asociada a la denominada Suiza de América de la posguerra, un modelo económico y social paradigmático que fue demolido por la realidad.
Aunque luego la enseña celeste conoció algún otro momento de relativo esplendor, ese tiempo de gloria imperecedera quedó congelado hace más de medio siglo.
Pese a que el fútbol que se practica en nuestro medio es cada vez menos competitivo, los jugadores emigran siendo casi adolescentes y la violencia se ha apropiado de los escenarios de juego, la pasión por este deporte sigue siendo parte de nuestra identidad nacional.
Esa intransferible magia que mueve multitudes y divide a la sociedad cada fin de semana por la adhesión a los colores, es una suerte de herencia genética que se transmite de generación en generación sin solución de continuidad.
En «Colgado del travesaño», el abogado y escritor uruguayo Carlos Abin, que actualmente ocupa la titularidad de la embajada de nuestro país en Italia, construye un friso costumbrista rico en matices e inflexiones humanas.
En este libro de relatos, el fútbol es un mero pretexto para ensayar una atenta mirada a la sociedad uruguaya, que discurre entre la tradición, la nostalgia y el sentido de pertenencia.
Contrariamente a lo que podría suponerse, los protagonistas de estas historias no son los jugadores, los jueces, los contratistas u otros actores privilegiados del más popular de los deportes.
Mientras el autor construye numerosos micromundos humanos poblados por seres mínimos que experimentan las mismas emociones que cualquiera de nosotros, rescata fragmentos de pasado, que evocan el auge de la radio, los vibrantes relatos del legendario Carlos Solé y los tiempos en que la rivalidad no terminaba en tragedia.
El narrador dota a su obra de una elocuente pintura de ambientes, corroborando que para los uruguayos- el fútbol es casi una religión y una auténtica manifestación cultural.
«Colgado del travesaño» mixtura la nostalgia con la radiografía de conductas humanas, rindiendo homenaje a algunas de las más perdurables leyendas del balompié uruguayo.
(Editorial Alfaguara)
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