"DIOSAS Y DIVAS", DE RAFAEL PENCE, EN EL TEATRO ALIANZA

Actuar por actuar es no actuar

Suponemos que para el autor, Rafael Pence, alcanza con eso, porque no hay, que hayamos podido identificar al menos, un tema. No hubo de dónde agarrarse, no hubo hilo conductor, no hubo siquiera una peripecia o una anécdota; ni qué hablar de aquellas antigüedades, acción, nudo y desenlace, que parecen impuestas, no ya por el arte dramático, sino por la fisiología del espectador. Librado a las divagaciones del autor, no se siente interés por lo que pueda ocurrirle a las actrices imaginarias de «Diosas y divas». Cuando se inicia la pieza y el personaje a cargo de Graciela Gularte llega tarde a la imaginaria función y se demora (y nos demora) explicándose, pensamos que ese introito tendrá algún sentido en la trama; pero pronto vemos que su cháchara no lleva a ninguna parte. La pieza nos ocupa sin entretenernos, nos muestra escenarios y escenas sin ilación, presenta el guardarropas, se detiene en el maquillaje, alude al vestuario que se lleva y trae por tres veces y está el sempiterno camarín, con sus luces. Hay asimismo las rencillas, las pullas, los grititos y los desplantes, que han de soportarse con el estoicismo con que se soportan sus equivalentes en nuestra vida cotidiana. Durante más de una hora asistimos a diálogos ramplones referidos a la puesta en escena de una obra de teatro clásico, griegos y troyanos incluidos.

Graciela Gularte es una aceptable cantante pero no es actriz y se nota demasiado, a nuestras expensas. Jenny Galván es, en cambio, una actriz competente y aún hermosa: por qué aceptó este papel, es uno de los enigmas del año teatral. Confesamos que con un interés de aficionado a los acertijos y problemas de ajedrez hemos elaborado varias hipótesis, pero la única que se sostiene es la peor. Se escribe así: actuar en «Diosas y divas» es actuar. A veces obras mediocres tienen éxito por los intérpretes. Sarah Bernhardt interpretó obras inferiores, que sólo su arte redimía. Eran mediocres; no inexistentes, importante matiz. Cuando la pieza es mala, el buen actor hace más evidente su inanidad. Percibimos, entre líneas, el desprecio del buen actor por lo que hace y dice, la nostalgia de un buen libreto, cierta náusea. Como si mascaran algodón. *

 

DIOSAS Y DIVAS, de Rafael Pence, con Graciela Gularte y Jenny Galván. Vestuario y luces de D-K Dance, escenografía de Halinna Egaña, dirección de Rafael Pence. En teatro Alianza, sala 2.

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