Mi amigo el Che
En «Mi amigo el Che», de reciente reedición, el escritor argentino Ricardo Rojo reconstruye la inconmensurable personalidad del guerrillero argentino cubano Ernesto Guevara, tanto en su dimensión política e ideológica como humana.
En este libro de singular valor histórico cuya primera edición data de 1968, el autor registra su propia peripecia personal. Para evocar su entrañable amistad con Ernesto «Che» Guevara, Rojo retrocede en el tiempo a 1953, cuando abandonó su país y se exilió en Bolivia, que vivía la euforia revolucionaria del nacionalista Víctor Paz Estensoro.
Como se recordará, este mítico líder promovió importantes reformas estructurales, nacionalizando la producción minera y aplicando una reforma agraria que restituyó, por lo menos momentáneamente, la dignidad a la masa indígena explotada.
El escritor reproduce minuciosamente los paisajes históricos de ese país, que comenzaba a ponerse de pie, desafiando osadamente al capital trasnacional y a la oligarquía vernácula que, por entonces, le escamoteaba groseramente la riqueza al pueblo boliviano.
La referencia histórica permite visualizar el momento en que el escritor conoció al joven Guevara, que en los años siguientes se transformó en un paradigma del combatiente por la liberación y luego, tras su asesinato, en un mito que aún hoy perdura.
Rojo construye un elocuente retrato del veinteañero médico argentino, que aún antes de abrazar con pasión la ideología marxista, era ya un idealista que se conmovía ante la injusticia social, tras haberse nutrido del conocimiento empírico de sus viajes por América Latina.
En ese continente postrado, el «Che» había observado las aberrantes asimetrías sociales, el saqueo de la neocolonización y la marginación de la población indígena y mestiza, terriblemente depauperada y condenada a vivir en una situación de semiesclavitud y servidumbre.
El autor revela facetas de agudo observador y retratista de la realidad, al narrar el periplo compartido junto a Ernesto Guevara y otros argentinos, que abarcó, sucesivamente, Perú, Ecuador y la Guatemala del reformista presidente Jacobo Arbenz.
Esta experiencia tuvo un final traumático, cuando Arbenz fue derrocado por una conspiración mercenaria inspirada por Estados Unidos, tras disponer la expropiación de numerosas tierras pertenecientes a empresas multinacionales norteamericanas.
La aventura de estos osados y soñadores jóvenes que enfrentaron severas penurias y privaciones, les permitió conocer una de las más prometedoras y efímeras experiencias revolucionarias de nuestra América.
Rojo registra el fracaso de esa revolución, que pese a sus loables ideas e intenciones, pecó de ingenua y menospreció el poder de una oligarquía desplazada, que se alió al imperialismo, entregó el país y sepultó los sueños de los guatemaltecos sin pestañear.
El narrador construye un potente retrato de ese malogrado proceso histórico, que compartió con un «Che» Guevara cada vez más afirmado en sus convicciones ideológicas y en cuál era el camino rumbo a la liberación.
El escritor recuerda el cambio radical que experimentó el joven idealista, luego del naufragio de la revolución guatemalteca. Ahora, el médico argentino estaba convencido de que la vía armada para conquistar el poder era insoslayable, por lo que comenzó a estrechar sus vínculos con los guerrilleros cubanos que bregaban por derribar al dictador Fulgencio Batista. El ataque al cuartel de Moncada había inaugurado ya la insurrección.
El acelerado proceso de ideologización de Guevara es minuciosamente descrito por Rojo, quien se reencontró con su amigo en México, que por entonces era una plaza fuerte para los asilados políticos latinoamericanos.
Para situar al lector en un tiempo histórico de removedores acontecimientos políticos y renovados sueños de emancipación, el narrador ofrece una concisa pero no menos prolija crónica del proceso que culminó con el triunfo de la revolución cubana y la inauguración de la primera experiencia socialista en América Latina.
Roberto Rojo revela también ser un concienzudo analista, al ensayar un reveladora visión de la situación de tensión generada por el ascenso de Fidel Castro al poder, que, desde el comienzo, desafió los intereses económicos norteamericanos, quienes habían transformado a la paradisíaca isla en una suerte de inmenso prostíbulo tropical para magnates y corruptos.
Roberto Rojo marca el importante protagonismo de Ernesto «Che» Guevara en el exitoso alzamiento armado, el triunfo de la insurrección y los primeros pasos de la joven revolución.
Mixturando la literatura testimonial de trazo documental con la novela, Rojo recrea un acontecimiento capital de la historia contemporánea que, en la segunda mitad del siglo pasado, se transformó en ejemplo y modificó la ecuación del poder bipolar.
Uno de los momentos sin dudas cruciales de esta historia real es el reencuentro del escritor con el «Che» en La Habana en 1961, en pleno frenesí revolucionario y en estado de alerta, por las permanentes agresiones del imperialismo.
El punto culminante de las hostilidades hacia la Cuba socialista fue, naturalmente, la fracasada invasión perpetrada por anticastristas apoyados por la CIA.
Ricardo Rojo, que abandonó un cargo diplomático que le había confiado el presidente argentino de la época Arturo Frondizi, observó in situ- la conmovedora imagen de un pueblo en armas y celoso vigilante de las primeras conquistas de su revolución, que soportaba un duro bloqueo promovido por Estados Unidos.
El autor no oculta su admiración por el guerrillero heroico, cuya participación fue fundamental en el proceso de consolidación de las transformaciones estructurales promovidas por Fidel Castro.
El escritor recoge la prédica revolucionaria del «Che», en varios coloquios mantenidos con obreros, ideólogos, intelectuales y hasta exiliados de otros países del continente.
También resalta el ejemplo del combatiente, encabezando la zafra azucarera como uno más, para alentar el crecimiento y fortalecimiento de la economía cubana.
El relato está también vinculado a la historia contemporánea de nuestro Uruguay, cuando Rojo evoca la participación de Guevara en la recordada reunión de Punta del Este, que coincidió con un momento de honda tensión entre La Habana y Washington.
Por entonces, el presidente John Kennedy lanzaba su Alianza para el Progreso, como forma de reducir el impacto provocado por el fracaso de la invasión a la isla.
El escritor recuerda naturalmente el atentado perpetrado contra la vida del «Che», así como las entrevistas mantenidas por el guerrillero con los presidentes Arturo Frondizi y Janio Quadros.
El cronista captura fragmentos clave de la épica guevarista en Cuba. Recuerda la vida del combatiente siempre al límite, tanto por su denodada lucha por construir el sueño de la gran patria socialista latinoamericana, como por su quebrantada salud, que le postró pero nunca le hizo claudicar.
Este libro biográfico y documental, registra al Guevara gobernante que jamás dejó de ser un guerrillero, porque la revolución fue permanentemente jaqueada, como en 1962 durante la denominada crisis de los misiles.
Roberto Rojo ingresa en los propios entretelones de la revolución, para corroborar las discrepancias del «Che» respecto al creciente papel hegemónico de la Unión Soviética, en el período más álgido de la guerra fría.
Sus diferencias con el propio Fidel Castro culminaron con la renuncia de Ernesto Guevara a todos sus cargos de gobierno y su partida de Cuba rumbo al Congo.
Rojo refue
rza el sentimiento de desencanto del combatiente, con la reproducción de abundante correspondencia, que incluye cartas a Fidel Castro y a sus hijos.
Obviamente, uno de los capítulos más elocuentes es el referido a la epopeya del «Che» en Bolivia, que culminó con su muerte y su transformación en imperecedera leyenda.
La versión de este libro sobre este episodio, que es bastante conocido, desnuda la soledad y desamparo del guerrillero, abandonado a su suerte y asesinado por los cipayos del imperialismo.
«Mi amigo el Che» es, sin dudas, uno de los testimonios más valiosos sobre la vida, pasión y martirologio del guerrillero argentino cubano.
El libro, que desde su primera edición vendió más de medio millón de ejemplares, es un auténtico friso existencial, que revela la monumental estatura del personaje evocado y su tiempo histórico.
Además, Roberto Rojo descubre al hombre detrás del combatiente, que jamás transó ni renunció a sus inconmovibles valores éticos.
(Editorial Sudamericana)
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