Ante el cáncer, la lucha por la vida
El asunto proviene la obra teatral Los pelones (pelón: dícese de aquel pelado o rapado al ras) que desarrolla las situaciones reales que atravesó su autor Albert Espinosa, coguionista del filme junto al director Antonio Mercero.
El melodrama y el golpe bajo eran el riesgo del filme, y por ello hay que reconocerles a Mercero y su equipo que, aunque no los eviten totalmente, los controlen bastante. Uno de los rasgos inesperados de Planta cuarta es su humor negro, acentuado por el hecho de que los enfermos son adolescentes con deseos, fuerza, celos, ganas, amores, espíritu de grupo, hambre de triunfo. Ahí están, como prueba, las escenas del reto a duelo que deviene en destructiva carrera en sillas de ruedas, o las de las pesas de las que se cuelga algún personaje que busca venganza y deja el muñón de otro elevado más allá de lo que la corrección política imperante permitiría.
El grupo de personajes, muy arquetípico, permite hacer avanzar la trama hacia diferentes situaciones (el primer amor de Dani; Jorge y el temor ante el resultado de su análisis; el resentimiento de Miguel Angel con su padre, el componedor Izan, recolector y especie de narrador de estas historias), sin abandonar jamás la ironía, las burlas ni ninguna de las características de los jóvenes de su edad.
Un cierre musical con el grupo español de moda Estopa permite clausurar en clave de fiesta una película en la que no se fuerzan finales felices. El espectador entra en contacto con los personajes cuando su historia ya ha empezado, y casi ninguna acaba durante el metraje del filme. Naturalmente alguien muere, hay quien se alegra de no estar enfermo ante quien sí lo está, hay quien sigue luchando, pero Mercero y su colibretista juegan limpio al no tratar a los enfermos terminales como víctimas o pobrecitos para con quienes sólo se puede tener conmiseración, lástima o compasión. Hasta la escena del médico «malo» resulta con su violencia verbal algo no esperable, y que permite reflexionar sobre métodos, actitudes, humanidad y buenos sentimientos.
A pesar de su sustancia trágica, Planta cuarta entrega vida en dosis generosas, con un tema duro y sin ofrecer falsas esperanzas. No es un mérito menor.
El director Antonio Mercero nació en Lasarte (Guipúzcoa, 1936). Se licenció en Derecho y años más tarde obtuvo el título de director de cine en la Escuela Oficial de Cine de Madrid. Su primer trabajo profesional fue el corto Lección de arte, con el que obtuvo, entre otros premios, la Concha de Oro en el Festival de Cine de San Sebastián.
Dio el salto al largometraje con Se necesita chico, y entre 1966 y 1970 realizó diversos documentales para TVE y reportaje anónimos para NO-DO. También rodó varios cortometrajes, como Elegía para un circo (1968), galardonado en la semana de cine en color de Barcelona.
A propósito de Planta cuarta, Mercero ha señalado que se trata de «una película dirigida a todos los públicos, porque en ella hablamos de la amistad, esperanza, humor, optimismo y lucha ante la vida. Pienso que estos temas interesan a toda la sociedad». Premio Cifej en Ale Kino, premio Cinekid, mejor filme para jóvenes en Hamburgo, mejor director en Montreal, mención especial en Málaga. *
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