Los científicos de Hitler
En «Los científicos de Hitler», el historiador británico John Cornwell ensaya una reveladora mirada sobre la Alemania nazi y las devastadoras consecuencias de esta ideología del espanto.
Para situar al lector en los paisajes de la primera mitad del siglo pasado, el autor evoca sus estremecedoras vivencias de infancia en la década del cuarenta, cuando Londres padecía los demoledores ataques de la aviación nazi.
A partir de estos recuerdos, reflexiona sobre la eclosión de la ciencia en la Alemania de fines del siglo XIX y comienzos del siglo XX y su íntima relación con las dos grandes conflagraciones bélicas que desangraron injustamente a la humanidad.
Sin embargo, el famoso historiador no se limita al mero cuestionamiento de las conductas éticas de los investigadores germanos. También fustiga el holocausto nuclear de Hiroshima y Nagasaki y los criminales ataques norteamericanos a Vietnam, con la bomba Napalm.
Apelando a abundante material de archivo, el historiador explica la responsabilidad de Adolf Hitler en el fracaso tecnológico de Alemania durante la Segunda Guerra Mundial.
Según muchos de los testimonios reproducidos en este libro, el Führer era un absoluto ignorante en materia científica y siempre imponía sus criterios, muchos de los cuales eran groseramente erróneos.
Sus reacciones y su comprensión de la situación cuando la guerra estaba virtualmente perdida fueron tardías, particularmente en la utilización de los cohetes de largo alcance y otros proyectos que, afortunadamente, jamás se concretaron.
Para explicar la crucial incidencia de los científicos en los dos más importantes conflictos bélicos del siglo pasado, John Cornwell revela la espeluznante experiencia de los gases tóxicos utilizados por primera vez en la guerra de 1914.
En ese contexto, el escritor británico narra brevemente la historia del grupo de químicos que participó activamente en el operativo, que, según se estima, provocó la muerte de casi un millón y medio de soldados en el frente de batalla.
El irracional argumento de estos monstruos de prodigiosa inteligencia, era que la utilización de estas armas letales acortaría considerablemente la duración de las hostilidades, ahorrando miles de vidas.
Del relato se infiere que, por entonces, se asistió a una confrontación entre la moral y la ciencia, que violentó groseramente las más elementales normas humanitarias y el sentido común.
Sólo una mentalidad alienada puede alegar tales motivaciones, para justificar los incalificables actos de barbarie perpetrados durante la guerra.
Uno de los temas sin dudas vertebrales de esta extensa obra, es el relativo al origen eminentemente científico de la doctrina racista, que inspiró la instauración de la praxis del terror.
El autor cita voluminosos antecedentes que se remontan al siglo XIX y aún antes, para explicar que el odio racial nació de una grotesca interpretación de las investigaciones de Charles Darwin y su teoría de la selección natural.
En ese contexto, el historiador construye el proceso de avance de la eugenesia aplicada a la psiquiatría y a la «depuración», mediante la eliminación de los enfermos y particularmente de los alienados. Ello inició, en los primeros tramos del siglo XX, lo que luego sería una experiencia aterradora.
El autor registra la influencia de la física en el decurso en los primeros tramos del siglo pasado, en lo que concierne a la evolución del devenir histórico y en el origen, maduración y crecimiento de la denominada ideología nacionalsocialista.
La corriente científica resistió en Alemania, el colapso económico derivado de la derrota militar en la Primera Guerra Mundial, así como las férreas restricciones impuestas por el Tratado de Versalles.
Con lenguaje tan contundente como explícito, Cornwell describe los primeros días del régimen nazi, así como la expulsión y deportación de numerosos científicos judíos.
En tal sentido, cuestiona la actitud de otros investigadores y de la mayoría de la clase intelectual germana, que aceptó sin mayores resistencias las draconianas medidas del emergente régimen.
Los testimonios aportados a este libro, confirman que muchos científicos adhirieron sumisamente a la ideología del partido, ya sea por convicción o como una mera estrategia de supervivencia.
El historiador revela las actividades clandestinas desplegadas por numerosos investigadores durante el Tratado de Versalles, con el propósito rearmar a Alemania en secreto.
En efecto, se continuó trabajando en el desarrollo de tecnología bélica, lo que se transformó en un importante sustento para el crecimiento de la industria armamentista, aún antes de que Hitler ascendiera al poder.
En varios capítulos de este libro, el historiador denuncia la participación de los médicos que, descontentos con la extinta República de Weimar, apostaron al nazismo como presunto restaurador de la dignidad perdida durante los años de depresión económica y social que siguieron a la Primera Guerra Mundial.
Uno de los personajes que merece mayor atención por parte del autor es Heinrich Himmler, que propició la práctica de la pseudociencia, destinada a estudiar los orígenes de la raza aria.
Cornwell dedica un capítulo entero a este siniestro criminal, para explicar cómo el régimen armó su arquitectura de poder en base a mentalidades furibundamente alienadas.
Para otorgarle un marco rigurosamente histórico a su trabajo, el escritor evoca la carrera armamentista que caracterizó a la Segunda Guerra Mundial, así como los avances e investigaciones tendientes a la fabricación de la bomba atómica, a partir de la fisión del átomo.
El autor explica los entretelones del fracaso del programa nuclear de la Alemania nazi, que felizmente impidió a Hitler asumir la hegemonía y someter a los aliados.
Nutriendo su obra de profusa documentación y abundantes referencias históricas, Cornwell construye una reveladora radiografía de la estructura de poder de la Alemania nazi, caracterizada por compartimentaciones y furiosas rivalidades corporativas. También evalúa el desencuentro entre los propios científicos.
Con un criterio explícitamente aleccionante, el autor aporta abundantes referencias sobre la demencia de los investigadores nazis que colaboraron con el denominado programa de «higiene racial», que derivó en el masivo exterminio de millones de prisioneros recluidos en los campos de concentración.
En ese contexto, el escritor explica pormenorizadamente la técnica de la eutanasia, que fue aplicada tanto a los enfermos como a los opositores al régimen.
La operación excedió con creces a la denominada «solución final» que alimentó el holocausto judío, en una de las más terribles hecatombes que registra la historia contemporánea.
Uno de los tramos sin dudas más impactantes de esta removedora obra, refiere a los experimentos realizados por científicos en los temibles campos de exterminio nazis.
Cornwell nutre su relato con numerosos y desgarradores testimonios, que describen con inusual crudeza- los espeluznantes crímenes perpetrados por médicos, biólogos y genetistas del régimen.
Para confirmar o refutar muchas de sus teorías, los investigadores usaron a seres humanos como cobayos, sin reparar en las consecuencias, por más terribles que estas fueran.
Esta obra también corrobora que numerosos científicos que colaboraron con la dictadura de Hitler no fueron juzgados, a cambio de jurar lealtad a Estados Unidos o la Unión Soviética.
Muchas de las tecnologías militares desarrolladas por ambas potencias hegemónicas que fundaron la bipo
laridad, deben ser atribuidas a ex nazis conversos.
«Los científicos de Hitler» es una rigurosa crónica del espanto, que refiere a uno de los aspectos menos conocidos y comentados de la demencial experiencia nazi fascista que asoló a Europa en la primera mitad del siglo XX.
John Cornwell mixtura el relato histórico con el ensayo político y el tratado científico, para reafirmar el enfermizo carácter mesiánico que inspiró a una de las más espeluznantes tragedias colectivas de todos los tiempos.
En este libro de más de cuatrocientas páginas, el escritor británico ensaya una minuciosa radiografía del nazismo como fenómeno que excedió a los meros parámetros políticos e ideológicos.
En efecto, el autor aborda la dimensión científica del tema, desarrollando una aguda lectura en torno a la tesis de la superioridad racial.
«Los científicos de Hitler» es una obra potente y rigurosamente documentada que adquiere un valor testimonial, en la medida que reflexiona sobre el autoritarismo y la ciencia de la barbarie.
(Ediciones de Paidós)
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