EL JUEVES PROXIMO SERA ESTRENADO EL FILME DE JEAN- LUC GODARD "ELOGIO DEL AMOR"

Ensayo filosófico ilustrado con imágenes

La trama cuenta que Edgar, director de cine, realiza unas pruebas junto a sus productores para encontrar a la protagonista de su próxima película. Como su probable modelo Godard, quien dirigió el filme y se identifica seguramente con ese cineasta de la ficción, al hombre le interesa más hablar de filosofía que discutir las características del personaje. Sin embargo, recibirá un impacto cuando conozca a Elle, quien despierta su fascinación y la certeza de haberla visto antes, en un tiempo y un lugar que es incapaz de concretar. Cuando finalmente la elige, descubre que ha muerto. En ese momento la reconoce como la nieta de una pareja de sobrevivientes del Holocausto que vendiera a un productor de Hollywood el relato de sus vidas, y la conoció mientras era huésped de un viejo amigo. Es a partir de entonces que esta suerte de ensayo sobre el cine, el pasado, la ficción y el amor comienza a concentrarse en las dos o tres cosas que el cineasta sabe de Elle (c´est à dire, les «deux ou trois choses que je sais d´elle», 1967)

El párrafo anterior puede ser una forma como cualquiera otra de describir la película, y probablemente no ayude a entenderla. Porque Elogio del amor es más bien un ensayo filosófico ilustrado con imágenes, una suerte de reflexión de sobremesa sobre los grandes temas de nuestro tiempo, incluyendo la historia, la ficción, el Holocausto y la trivialización por Hollywood de las tragedias del mundo real.

Una parte de la fascinación que puede provocar el resultado depende de la empatía que el espectador pueda sentir por los puntos de vista de Godard, un charlista a menudo caprichoso aunque capaz también de decir alguna cosa inteligente.

De Godard se pueden decir muchas cosas, excepto que sea un rutinario. Fue hace casi cincuenta años uno de los creadores de la Nouvelle Vague francesa (Sin aliento, Vivir su vida, Una mujer es un mujer), rompió con el sistema luego del famoso año sesenta y ocho para asumir posturas políticas militantes y filmar obreros, fedayines y maoístas, y regresó luego de esos extremismos a posturas más calmas, quizás desencantadas, que en algún caso llegaron a provocar una bastante desubicada polémica religiosa (Yo te saludo María). De esos vaivenes proviene acaso la discusión filosófica que promueve Elogio del amor, testimonio de la evolución (¿involución?) de Godard como creador cinematográfico. Un fragmento de Sin aliento analizado recientemente en televisión permite confirmar que el cineasta era hace cuatro décadas un inventivo y un audaz que ayudó a crear la Nouvelle Vague: sus aparentes desequilibrios de cámara y su nervioso corte directo transmiten todavía la angustia existencial del protagonista Belmondo en su carrera hacia la muerte. Este Elogio del amor suscitará algunas reflexiones no del todo ociosas. *

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