Poder y contrapoder en la era global

La denominada aldea global ha modificado radicalmente nuestras rutinas, generando crecientes incertidumbres en torno a nuestro futuro y al de la humanidad.

Hoy, más que nunca, basta que estalle un conflicto en Oriente Medio para que aumente el precio internacional del petróleo crudo y las tarifas locales de los combustibles se disparen en nuestro mercado interno, con la consiguiente escalada inflacionaria que afecta particularmente a los sectores más vulnerables de la sociedad.

Otro tanto sucede con la inmoral manipulación financiera que practica el capital transnacional, que  a miles de kilómetros de distancia- puede provocar la debacle de la economía de un país.

Las habituales fugas de capitales, que suelen responder a maniobras especulativas a gran escala, operan como un efecto dominó, que socava la confianza de los ahorristas y demuele los sistemas bancarios.

Ni que hablar de las recetas recesivas impuestas por los organismos multilaterales de crédito, que monitorean permanentemente la marcha de la economía de sus clientes y hasta influyen en la determinación del grado inversor que otorgan las consultoras especializadas.

La pérdida de la soberanía constituye uno de los más temibles flagelos de nuestro tiempo, similar al Sida, el hambre, la marginación, la exclusión o la guerra.

El meollo del problema es la tan mentada globalización, que está aniquilando a los estados nacionales e incluso condiciona el poder de decisión de los gobiernos legalmente constituidos.

En «Poder y contrapoder en la era global», el pensador Ulrich Beck construye un ensayo de sesgo crítico en torno a la pérdida de independencia derivada de la globalización.

El analista no duda en afirmar que los estados europeos no existen actualmente como tales, porque han desaparecido al integrarse al engranaje de la Unión Europea.

Beck fustiga ácidamente la transnacionalización del viejo continente, donde, a su juicio, ya no existen las fronteras tal cual se concebían tradicionalmente.

En su opinión, los países son concebibles solamente en la imaginación de sus habitantes y en el manual de los historiadores, en una suerte de espejismo absolutamente divorciado de la realidad.

Uno de los abordajes más críticos refiere a lo que el autor denomina la «dinámica de la coacción», en explícita referencia a las rígidas pautas impuestas por el mercado internacional, que rigen permanentemente la marcha de las economías locales.

El autor analiza las diversas variables del fenómeno globalizador, ensayando una mirada que aborda no sólo el tema económico, sino también lo social y lo cultural.

En este extenso ensayo, Ulrich Bech construye un fuerte alegato favorable a la cultura cosmopolita, como alternativa idónea para enfrentar los desafíos de un tiempo histórico sin dudas inquietante.

Partiendo de la tesis que el neoliberalismo está agotado como otros sistemas que le precedieron, el investigador propone la redefinición del concepto de dignidad, como condición insoslayable para lograr la efectiva recuperación de las identidades.

(Ediciones de Paidós)

 

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