Crónica de un amor a la intemperie
En ese contexto, el western uno de los géneros sin dudas más exitosos y comercialmente redituables ha operado como soterrada herramienta de penetración imperialista, mediante su frecuente exaltación de apócrifos heroísmos y un retrato deliberadamente maniqueísta de la historia.
Aunque las corrientes revisionistas le confirieron una mirada bastante más rigurosa y desencantada un buen ejemplo de esa tendencia es la estupenda Los imperdonables, de Clint Eastwood, y los filmes de desaparecido realizador Sam Peckimpah la estética del género se ha mantenido virtualmente inalterada.
Otro realizador que sacudió los paradigmas tradicionales hace ya más de tres décadas, fue el director italiano Sergio Leone, que fue, sin dudas, un auténtico iconoclasta.
Un giro claramente osado y revulsivo al cine contemporáneo de cow boys fue la excepcional e inolvidable Perdidos en la noche, una obra testimonial que, en su momento, aportó una visión sombría del sueño americano, a partir de la traumática peripecia de un vaquero que abandona las praderas para internarse en la jungla urbana de Nueva York.
Secreto en la montaña, el filme del realizador taiwanés Ang Lee, que cuenta con nada menos que ocho nominaciones al Oscar y cosechó el León de Oro del Festival de Berlín, aporta un enfoque aún más provocador, al narrar el romance homosexual entre dos vaqueros.
La película, inspirada en un relato de la ganadora del Premio Pulitzer Annie Proux, está ambientada en la década del sesenta, en Wyoming. Los protagonistas son Ennis del Mar (Heath Ledger, que fue nominado al Oscar por este papel) y Jack Twist (Jake Gyllenhaal), un campesino y un vaquero de rodeos respectivamente, quienes son contratados por un hacendado para custodiar un rebaño de ganado ovino.
Ambos deberán permanecer durante un buen tiempo en la montaña y lejos de la civilización, expuestos a la intemperie, el rigor de los agentes naturales y, naturalmente, la soledad.
Esa situación de extremo desamparo va generando un sentimiento de mutua solidaridad entre ellos, que inesperadamente se transforma en amor.
Aunque el destino separa a los amantes, que incluso contraen matrimonio con sendas mujeres y hasta se transforman en padres, Ennis y Jack asumen que han descubierto una faceta oculta e insoslayable de sus afectos, que modificará definitivamente el curso de sus vidas.
Con sensible paleta artística, el realizador Ang Lee (Sensatez y sentimientos y El banquete de bodas, entre otros recordados títulos), construye una osada parábola de trazo existencialista, que demuele mitos e interpela intensamente a la realidad.
La homosexualidad masculina, cuyo tratamiento en el cine ha sido casi siempre epidérmico y hasta irónico, propone, en este caso, un abordaje bastante más profundo, maduro y sobrio.
Contrariamente a lo que podría aguardarse, el realizador taiwanés renuncia a efectismos facilistas, lo que corrobora que el filme no apunta al mero propósito comercial.
En efecto, es claro que la controversia no está originada en el escaso erotismo de la película sino en su temática, porque demuele el mito de los tradicionales cow boys, que simbolizan el machismo y una idiosincrasia caracterizada por la intolerancia.
Como el texto original, el filme no pretende ser una apología de la homosexualidad, sino una desprejuiciada mirada a las conductas de una sociedad que rinde pleitesía a la cultura de las apariencias.
Aunque no enfatiza la segregación, que permanece casi siempre en el plano de lo implícito, la película reflexiona sobre la hipocresía, el amor y hasta la marginalidad de estos dos seres irredentos.
Ang Lee construye un romance asordinado y prohibido, que ingresa osadamente en el territorio de los afectos, mediante una mirada crítica pero mesurada. Los decibeles del drama están rigurosamente dosificados, a los efectos de no caer en inconvenientes cursilerías.
El filme aporta también una poética de la imagen realmente subyugante y conmovedora, que retrata paisajes naturales casi inexplorados de inenarrable belleza.
En un reparto actoral de desempeño muy profesional, sobresale la memorable actuación protagónica de Heath Ledger, que es serio candidato a adjudicarse el Oscar al Mejor Actor.
Secreto en la montaña es una obra sensible y de fina caligrafía cinematográfica, cuyas virtudes artísticas trascienden a la mera controversia. *
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