Tiene la palabra

El caso Berríos no quiere aclararse

Señor Director de LA REPUBLICA

Dr. Federico Fasano Mertens

* El caso Berríos de cuando en cuando vuelve al tapete. Y como siempre ocurre, al mismo se le van dando largas, dado que muchos ex gobernantes corren el riesgo de quedar pegados.

¡Lo mismo que los militares que tuvieron mucho que ver con el hecho pero son defendidos a toda costa!

Ya lo dijimos alguna vez y lo repetimos. La familia de Berríos compró el testimonio de un ex agente de la DINA, la Policía Secreta chilena y sabe todo lo sucedido con el famoso químico trasandino.

El agente arrepentido, que hizo saber a la familia de Berríos cómo se sucedieron los hechos, en su momento vino a Uruguay donde consiguió refugio temporario. Primero tuvo a su cargo una vieja pensión en los altos de una verdulería ubicada en Paysandú y Julio Herrera y Obes. Fue también empleado de «Los 4 Ases» en Portones Shopping y finalmente, disparó a Brasil cuando comprobó que su vida corría peligro.

El confidente de la familia Berríos, que se supone obtuvo una elocuente suma de dinero por poner en su conocimiento lo ocurrido, se sabe también estaba vinculado sentimentalmente a una mujer uruguaya, cuyos padres residen en Piriápolis, muy cerca del Argentino Hotel.

Se sabe que tanto gente del Partido Nacional como altos mandos militares, no tienen interés ninguno en que el asesinato de Berríos se aclare. Pero su familia, no se da por vencida y pronto pueden surgir novedades muy importantes.

Esperamos confiados.

ORLANDO LEITES

 

Hay que tener más respeto por los edificios públicos

Señor Director de LA REPUBLICA

Dr. Federico Fasano Mertens

* Es vergonzosa la condición en que se encuentra el entorno del Liceo Nº14, de 8 de Octubre esq. Batlle y Ordóñez.

En las aceras que rodean este hermoso pero descuidado edificio, faltan decenas de baldosas, dejando pozos donde se acumulan basura y residuos de todo tipo. Es un riesgo pasar por allí, máxime cuando llueve, porque en los desniveles se acumula agua sucia.

En el «jardín» (si hablamos de ese espacio detrás del enrejado) hay basura acumulada, supongo que de alguna poda hecha hace tiempo y que nadie recogió.

El deterioro se acentúa en la parada de ómnibus, porque allí los vendedores ocupan más espacio del que deben y los transeúntes debemos pasar en fila india.

Es el colmo y parece que a nadie le importa, ninguno es responsable de este mamarracho que sin embargo podría corregirse fácilmente. Cumpliendo, simplemente, con los reglamentos vigentes.

¿A nadie le preocupa este estado de abandono? ¿Las autoridades de la Enseñanza creen que deben hacer la vista gorda ante tamaña falta de respeto a un instituto educativo? El Estado, que tanto dinero gasta en sostener cuarteles pulcros y repintados, no se cree obligado a respetar los edificios donde se cultiva la educación que el país necesita para progresar?

ADRIANO / C.I: 560.304-3

 

La controversia con Argentina

Señor Director de LA REPUBLICA

Dr. Federico Fasano Mertens

* Ayer mi vecino no contestó mi saludo y me tiró basura en la puerta, enseguida el orgullo, la soberbia y la violencia que todos tenemos, unos más otros menos, me incitaron a calzar un revólver en mi cintura y salir a recriminarle su actitud. Pero la experiencia me retuvo diciéndome: está loco, déjalo correr; le hice caso y hoy el vecino me saludó lo más bien y me pidió disculpas explicándome que había procedido así porque alguien le había tirado basura en la puerta a él y pensó que había sido yo, pero cuando vio que yo con toda humildad había recogido la basura que él tiró y la había llevado a la volqueta que estaba cercana, comprendió que yo no podía ser el que le tiró la basura.

Si yo hubiera hecho caso a la soberbia, él quizás estaría muerto y yo estaría preso y arrepentido de lo que había hecho.

Yo habría tenido razón pero con razón y todo marche preso dirían las autoridades.

Por lo tanto en esta controversia con Argentina hay que estudiar las cosas con mucha tranquilidad y dejar de lado la soberbia pues ella es mala consejera.

El hecho de que tengamos la razón con las papeleras no significa que nos dejemos llevar por el orgullo y la soberbia, y sí que estudiemos las cosas con objetividad.

¿Qué las papeleras generarán 2.000 puestos de trabajo además de mayores ingresos al país ya que en vez de madera exportaríamos celulosa? Es cierto.

¿Pero que ocurriría si el gobierno argentino, presionado por una minoría, resolviera la ruptura de relaciones con Uruguay o alguna otra medida legal que impidiera el turismo argentino? Sería el fin de Punta del Este y otros balnearios que sabemos subsisten gracias a ello.

¿Cuántos puestos de trabajo generan desde el productor de papas y tomates hasta el hacendado y el frigorífico que realiza la faena de la carne que consume ese turismo?

Se me dirá que esto es utópico pero todos sabemos que cuando comienza una confrontación nadie sabe cuándo terminará y cómo terminará. He oído que una tercera papelera se instalaría en el centro del país, por tanto dejando de lado la soberbia y la mayor conveniencia de las dos primeras pienso que sería conveniente que las mismas se instalaran en otro punto del país lo cual terminaría con la confrontación.

Al respecto sugiero el departamento de Rocha con lo cual se abriría la posibilidad de la construcción de un puerto de grandes posibilidades y quizás el mismo podría ser encarado por los mismos capitales de las papeleras o de otros capitales con visión.

En síntesis: Lo que ofrecen las papeleras, 2.000 puestos de trabajo, más mayores ingresos por exportación de mano de obra no son nada, comparado con un buen relacionamiento con una nación hermana como es Argentina. Por tanto nuestros administradores deberían poner los pies sobre la tierra y pensar muy bien porque además 2.000 puestos de trabajo no arreglarían el país que está necesitando muchos más, para lo cual no se toman las medidas adecuadas.

Por lo tanto, en caso de tener relacionamiento con Argentina elijo esto último porque repito las confrontaciones se sabe cuando comienzan pero no cuando terminan.

Doctor Tabaré Vázquez: la historia nos dice lo malo de las dictaduras militares en las que hubieron hombres que pensaron que obraban bien. No cometa el mismo error, de confrontar con Argentina pudiéndolo evitar, la historia y el pueblo uruguayo no se lo perdonarían.

SALVADOR SILVA PIRIZ

 

Derechos Humanos para todos

Señor Director de LA REPUBLICA

Dr. Federico Fasano Mertens

* Muchas veces -a diario diría- oímos que tal o cual es un derecho humano valga la redundancia, pero todos los derechos son derechos humanos. No son de algunos ni de unos pocos. Son de todos y para todos. Y quien no respeta ello está violando dichos derechos, los está omitiendo. Reprimiendo. En el instante de ser concebidos ya adquirimos nuestro primer derecho humano. El derecho a nacer, en ese momento tenemos nuestro segundo derecho humano. El derecho a la vida. De ahí en más, todo es un derecho humano. Con sus deberes y obligaciones. Nadie lo duda. Que existan los derechos humanos, es algo fantástico. Si son respetados y reconocidos es… ¿cómo decirlo?: El cielo y la tierra tocados al mismo tiempo con las dos manos. Y podemos mencionar entre la «infinidad-infinita» de derechos,
unos cuantos a modo de reflexión. El niño tiene derecho al amor, respeto, cuidado, cariño, afecto, educación, salud, enseñanza, calor, calor humano, guía, bienestar y otros. Solo así recibiendo derechos humanos hoy, estará apto, mañana, para crecer, desarrollarse en la senda vertical del bien, y podrá a su vez llegado el momento, trasmitir él a otros toda esa cadena positiva y necesaria de derechos. Y en ese camino estamos involucrados todos. Todos los que habitamos nuestra querida «tierra». Los adultos tenemos derecho a estudiar, trabajar, forjar nuestro destino, buscar nuestro lugar, proyectarnos al futuro, formar y poder mantener una familia, tener las necesidades básicas satisfechas y otras… y llegado a la etapa de adulto mayor, los derechos humanos apuntan a una «longevidad razonable y responsable». A su vejez digna, dignísima como recompensa al camino transitado. Una jubilación acorde, actividades acordes, cuidados y respetos acordes. Amor, mucho amor, de unos hacia otros. Los derechos humanos apuntan a que la vida tenga gusto a vida. No a sobrevida. La vida nos fue dada para gozarla, vivir a pleno, caminar sin temores, en libertad. Mirando siempre hacia adelante con la inquebrantable fe en el porvenir. Cada vez mejor. No importa la raza, ni el color, ni la religión, ni el grupo étnico al cual pertenecemos. Dado que no hay diferencia entre uno y otro. Tú y yo somos iguales, somos humanos. Eso nos une, nos hace iguales. Nos hermana. No a la discriminación, no a al intolerancia, no a la segregación, no a la explotación del hombre por el hombre, no a la mentira, la falsedad, la traición, la humillación, la degradación, la injusticia. Igualdad para todos. Derechos para todos. Derechos humanos. Pensemos siempre y luchemos por esos sagrados derechos. Y algo para no olvidar jamás. Todos, todos debemos defender esos derechos y ser todos y cada uno de nosotros, fieles custodios para su cumplimiento. Atentos saludos.

CARMI RAUCH / C.I. 866.784-6

 

Y sonó el despertador

Señor Director de LA REPUBLICA

Dr. Federico Fasano Mertens

* Tuvieron que pasar muchas cosas para que dejara de andar ideando imaginarios mundos perfectos y me decidiera aceptar la realidad como es. Muchas.

El curro Bank of American cerró y dejó el tendal. El gigante automotriz que era el principal sostén del banco no pudo escapar a la crisis del sector y lo arrastró en su caída. Primero cerró seis plantas de montaje, después despidió treinta mil empleados y finalmente entró en cesación de pagos, lo que afectó en gran medida al mundo bursátil. El curro Bank, guía y custodia de los intereses vaya a saber de quién, no aguantó el cimbronazo y lo que se presagiaba ocurrió. Cuando no pudieron hacer frente a sus obligaciones (eufemismo que se utiliza para no decir: la plata no está), los del banco se tomaron las de Villadiego (antigua paquetería que se usaba para no decir rajaron) Eso sí, no se llevaron nada (salvo el dinero, claro está). Se fueron dejando los locales con las instalaciones, muebles y equipos adentro (adentro también quedaron los ahorristas, pero esa es otra historia), y doscientos diecisiete (217) funcionarios en la calle. Es decir afuera.

Entre ellos yo, que después de muchos años de banco y un corto paso por el seguro de desempleo entré a la bolsa de trabajo, una suerte de limbo donde los desocupados duermen la siesta de los justos mientras esperan el golpe del balde como tortugas de aljibe.

Con ser mucho, eso no es todo. Acabo de cumplir cincuenta años. A riesgo de parecer un bruto incivilizado, no creo que sea algo digno de festejo y menos en estas circunstancias. Si lo es, debo haber faltado a alguna clase de urbanidad pues no me enteré o bien debe haber algo que no comprendo o no sé.

Como tampoco sé -no consigo darme cuenta- si yo estoy un poco lento o los años corren más que antes. Lo cierto es que se me van como keniatas, y salvo la vieja receta de jorobarse y tomar quina, no conozco otra medicina.

Razón le asiste a Machado: nunca es triste la verdad, lo que no tiene es remedio.

Aún así, vivir es formidable. Hasta en el peor de los casos es una experiencia fascinante. Lo malo, lo injusto, es que la vida sea tan breve.

Tanto, que al menor descuido uno se convierte en un adulto mayor (cosa fiera si las hay), sin siquiera darse cuenta. Cuando niño me parecía que la vida pasaba lentamente que se me antojaban una caravana de camellos en el desierto.

En cambio hoy parece volar. Se termina el partido y voy perdiendo por goleada. Mi tiempo se acaba. Con tristeza descubro que entre el imaginario reloj de arena con el que controlaba el tiempo allá en la infancia y los digitales de última generación de hoy sólo hay unas horas.

Unas pocas horas. La última, seguramente me tomará por sorpresa y tal vez me encuentre desprevenido, pero no con el reloj en la mano y mirando el segundero -lo aseguro- sino ideando imaginarios mundos perfectos. Los mismos que dejé de imaginar por correr tras la ilusoria quimera del oro, los atavíos de engañoso brillo, el éxito efímero, el tan estúpido como innecesario consumismo y otras absurdas quimeras. Lamentablemente tuvieron que pasar estas cosas para que volviera a luchar, no igual sino más que antes; para tratar de hacer realidad mis viejas utopías. Las verdaderas. Las que vale la pena soñar. Las únicas. Las de siempre.

CARLOS GEROSA CAMARGO / CARLOSGEROSA@HOTMAIL

 

* Cualquier parecido con situaciones o hechos similares conocidos no es coincidencia.

Te recomendamos

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje