FINALIZA HOY EL NOVENO FESTIVAL INTERNACIONAL DE CINE DE PUNTA DEL ESTE

Una propuesta con perfil propio

Quizás eso sea lo que ocurre en este Noveno Festival Internacional de Cine de Punta del Este donde apostar a Latinoamérica supone un objetivo medular en la organización del evento. No se trata de chauvinismo ya que la presencia de Estados Unidos y Europa, por ejemplo, también forma parte de una equilibrada programación que alterna filmes de Volker Schlondorf (El noveno día); Atom Egoyan (Donde está la verdad) y José Luis Garci (Tiovivo C. 1950) con otros nombres que importan a nivel regional e internacional, como el caso del maestro chileno Miguel Littin (La última luna); el cubano Humberto Solás (Barrio Cuba) y el brasileño Jorge Furtado, que inauguró el Festival con la simpática (e inteligente) comedia Mi tío mató a un tipo.

En este sentido, resultan muy elocuentes las palabras del director de Cinemateca, Manuel Martínez Carril que, en el vistoso catálogo del Festival, confiesa un trabajo de autocrítica de anteriores ediciones que sirvió para confirmar un espacio donde se privilegia «la visión que a través del cine aportan al espectador cineastas del Mercosur». Pero la propuesta no se agota en una selección de filmes que, dicho sea de paso, acaparó más de treinta filmes que representan a quince países, sino que eleva la mira a otros propósitos de indudable repercusión continental. También Martínez Carril recordó que «este encuentro es sede de reuniones de la Recam, las autoridades de los institutos oficiales de América Latina, que deliberaron y adoptaron varias resoluciones», convirtiéndose en «centro de la toma de decisiones sobre políticas cinematográficas conjuntas».

Resulta oportuno detenerse en estas consideraciones, porque es bueno recordar que este festival no se reduce a una simple pasarela de caras conocidas para los medios. La pretensión es concretar un evento que marque rasgos de identidad bien definidas y se convierta en un polo de atracción para que los realizadores latinoamericanos sientan la necesidad y obligación de pasar por Uruguay a presentar sus producciones, entre otras cosas.

No debemos olvidar que nuestro país además de continuar siendo un referente de cultura cinematográfica, también ha demostrado su capacidad para generar productos cinematográficos de primer nivel, lo que ratifica una esencia cinéfila tan criolla como el mate. En momentos en que lo relativo a la producción audiovisual nacional logra tantas conquistas – Drexler mete un gol comparable al tanto de Maracaná con su Oscar a la Mejor Canción de Película, La perrera obtiene el premio a la Mejor Película en el Festival de Rotterdam y nos continúan nominando para premios importantes como el Goya (por Alma mater que compitió dignamente en España y forma parte de la programación del Festival)-, es bueno apoyar un desafío de esta naturaleza y continuar posicionándonos en un territorio donde sabemos pisar muy firme. Vale. *

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