CUANDO NO PUEDEN VIAJAR A URUGUAY FESTEJAN EL CARNAVAL POR AQUELLOS LARES

La Bacana, una murga uruguaya que aterriza desde Australia para "no perder las raíces"

Ninguno de los 17 uruguayos que integran La Bacana había formado parte de una murga en su país natal. La idea surgió en Australia, frente a la «necesidad de mantener viva la cultura y el canto popular de Uruguay», cuenta Ernesto Albistur, de 55 años, nacido en suelo charrúa y residente australiano desde principios del 70.

Así fue que se formó La Bacana, el 17 de noviembre de 1977 en el barrio Fairfield de Sydney. «Nunca nos olvidamos de dónde venimos, del paisito como lo llaman algunos. Y esta es una forma de revivir nuestras tradiciones en tierras lejanas», asegura Albistur, uno de los 17 integrantes actuales de la murga.

El hombre se considera un «amateur al doscientos por ciento» en cuestiones de carnaval. Tal es así que dice que el «desafío es no desafinar, porque nos gusta pero nos cuesta». Más allá de las dotes artísticas, la murga no se deja estar: renueva todos los años la vestimenta, los guiones y la escenografía.

Y además contrata a personalidades reconocidas del carnaval para superarse a nivel artístico y personal. Claro que los ensayos son en Australia, por eso los maestros deben viajar a ese país para la preparación: Andrés Atay permaneció allí dos meses el año pasado para coordinar el espectáculo «Viaje al corazón», que se puede ver en los escenarios municipales.

Debido a que los integrantes de La Bacana no pudieron viajar en noviembre pasado para la prueba clasificatoria, este año no compiten en el concurso oficial. Lo hicieron la primera vez que vinieron a participar del carnaval, en el 86, y obtuvieron el séptimo puesto.

Este año llegaron a Uruguay por segunda vez desde que se creó la murga y disfrutan de cada actuación, aunque no sea calificada por un jurado. Además están acostumbrados porque la imposibilidad de viajar a su tierra natal no les impide festejar el carnaval.

«En el Club Uruguayo de Sydney celebramos todos los carnavales, con la comunidad de uruguayos que viven en esa ciudad australiana y en otras. De hecho, hay gente que viaja hasta mil kilómetros para no perderse la fiesta. El carnaval está vivo allá, siempre», señala Albistur.

Los que se acercan al carnaval son todos uruguayos, reconoce Albistur. «Los únicos australianos que van son hijos de uruguayos. Siempre tiene que haber una conexión con el país porque si no la gente no se engancha».

 

Una excusa para ayudar

Las presentaciones de la murga en Australia y las reuniones que organiza la comunidad uruguaya en ese país siempre tienen un fin benéfico. En una previa del carnaval, que hicieron a fines del año pasado, juntaron más de 700 kilos de ropa, que está siendo donada a comedores de Parque del Plata, La Teja, La Unión y Canelones, entre otros puntos del país.

Lo que la murga recaude en este carnaval, deducidos los gastos, también será donado (al igual que se hizo en el ’86). «Con el dinero que juntemos en estos 28 días vamos a ir a un supermercado a comprar alimentos y luego los entregaremos a merenderos», promete Albistur, quien agrega que desde Australia se mantienen 32 merenderos uruguayos con el aporte de los charrúas que «permanentemente están con la mirada hacia Uruguay».

Pero la decisión de ayudar no surgió en los últimos años sino que data de principios de los 80. En el 83, por ejemplo, se enviaba una suma mensual de dinero a familiares de presos políticos, según se lee en los comprobantes que el integrante de La Bacana lleva consigo para dejar constancia de sus palabras.

Al referirse al año 84, Albistur se pone orgulloso porque asegura que la ayuda era entregada al ahora presidente Tabaré Vázquez y en aquella época presidente del Club Progreso. En esa oportunidad se mandaron cerca de 2.500 dólares para la creación de un comedor en el barrio La Teja y después otros mil dólares más.

Albistur no quiere dejar de nombrar a Uruguayos Unidos, una asociación con fines benéficos creada en 1990, «cuando a la murga le quedó grande el trabajo de ayudar a Uruguay».

Esta organización es la encargada de hacer llegar entre siete y nueve contenedores anuales con frazadas, sábanas y camas que se distribuyen en hospitales públicos del país.

A la hora de responder por qué no falta la ayuda, Albistur dice que tienen «el confort y el sustento económico» para hacerlo, además de expresar que «no hay nada más lindo que ayudar a tus compatriotas, sobre todo si no están pasando por un buen momento».

El más joven de La Bacana tiene 21 años y el mayor, 60. No se olvidan de la «rambla, el mate, caminar por 18 y ni hablar de un domingo en el estadio». Y como lo dice una de las letras de su presentación, «no hay nada que detenga las ansias de llegar». *

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