Arte

Falleció el pionero del videoarte: Nam June Paik (1932-2006)

Aunque nadie osaría arrebatarle el título, Nam June Paik fue algo más que el padre del videoarte. En los trepidantes sesenta, cuyos ecos llegaron amortiguados a un Uruguay preocupado por la economía y los conflictos sociales, el joven coreano se convirtió en el protagonista de la escena internacional, entre los nuevos centros de la vanguardia disputados entre Estados Unidos y Alemania, entre Nueva York / Los Angeles y Wuppertal / Dusseldorf. Utilizó su propio cuerpo como soporte para una estética naciente: pintar con la cabeza embadurnada, sumergirse vestido en una bañera, utilizar su espalda desnuda como violoncello, caminar sobre pianos, cortar la corbata y la camisa de John Cage, presentarse abrazado a bombas desactivadas. Cierto, no era el único a ejecutar las primeras performances, body art, happennings o events. El neodadaísmo irrumpió con inusitada virulencia y el grupo Fluxus (Beuys, Vostell, Maciunas, John Cage, Emmett Williams, La Monte Young) se convirtió en el portavoz más encumbrado. Objetos absurdos procedentes de la vida diaria y desconcertantes intervenciones públicas así como la integración con otras expresiones artísticas, en especial la música, literatura y teatro, de acuerdo a la óptica filosófica del budismo zen, en un entender la vida y el arte como un flujo continuo, sin jerarquías valorativas, en lucha pertinaz contra las ideas heredadas.

Los objetos vulgares subieron al podio de la creación. Las instalaciones comenzaron a desplazar la pintura y la escultura tradicionales (incluso las más recientes) e inundaron muchas ciudades de Alemania, Francia, Italia, Inglaterra y Estados Unidos. Los ríoplatenses que eventualmente residían en Europa fueron testigos privilegiados de esa situación (el argentino Alberto Greco, fue uno de sus representantes desde su cuartel general de Madrid y el Arte Vivo Dito). Pocas veces el clima cultural del siglo XX alcanzó la intensidad, la violencia desacralizadora de lugares comunes, la vitalidad, variedad y vastedad de los sesenta, década en la que nació el siglo XXI. Todos los lenguajes posibles nacieron allí, algunos de los cuales, en las culturas periféricas, se retoman con divina ingenuidad.

Nacido en Seúl, Corea, en 1932, Nam June Paik, estudió música, piano y composición en la ciudad natal. Durante la guerra de Corea, su familia lo llevó a Tokio, terminando sus estudios de estética e historia del arte y de la música con una tesis en la universidad de Tokio sobre Arnold Schönberg. Viajó a Calcuta y El Cairo y partió hacia Alemania para seguir cursos de música contemporánea en Darmstadt con Karlheinz Stockhausen y Luigi Nono, integró un estudio de música electroacústica, se vinculó a los artistas vanguardistas germano-estadounidenses y regresó al Japón para ver los progresos en la técnica de video en color, amistando con los especialistas en electrónica Hideo Uchida y Shuya Abe. Al año siguiente, 1964, se marchó a Nueva York, trabajó con Maciunas y empezó la colaboración con la concertista Charlotte Moorman, formando una pareja artística que alteró el ritmo usual de las presentaciones públicas, entre las cuales hay que anotar el concierto en góndola, durante la bienal de Venecia de 1966, debajo del puente Rialto, y otro en que los pechos desnudos de Moorman estaban cubiertos por dos monitores de video de caja transparente. Dos escándalos que los condujo a prisión.

Compró, en 1965, la primera cámara de video al recibir la beca Rockefeller. El 4 de octubre, en el Café a Gogo, pasó la cinta en video sobre una filmación hecha desde un taxi en Nueva York. Considerada la primera cinta en video, hecho que tiene como punto de partida de la creación videográfica en sentido estricto, es decir, con imágenes grabadas sobre soporte electromagnético, convirtiendo el entretenimiento pasivo de la TV en una creación activa.

En 1977 se casó con Shigetu Kubota, otra artista del video. Juntos, recorrerán las etapas fundamentales del videoarte. Paik, es el eterno pionero. Inventor permanente de soportes e imágenes. Dejó atrás el frenético uso de su propio cuerpo, los happennings y otras intervenciones públicas, para concentrase en las peculiaridades de la imagen televisiva, pasando, sucesivamente, de los ready made, a la manipulación con imanes y sintetizadores las señales de TV, usando el rayo catódico como una tela y el monitor como soporte. Pasa, luego, a las esculturas videos, inventa robots, conjunto de instalaciones en enormes jardines u ocupan inmensas paredes como en la bienal de Venecia. La crítica a la cultura de masas, a las multinacionales, el humor permanente («Soy un pobre hombre de un país pobre. Por eso tengo que ser siempre divertido», ironizó en célebre confesión al igual que «La TV es un medio de comunicación de masas, como el sexo») y el intento de humanizar la tecnología, fueron las características de Nam June Paik. Tuvo una exhaustiva retrospectiva en los museos Guggenheim (Nueva York, Bilbao) en 2000-01, a las que asistió, ya en silla de ruedas debido a una parálisis parcial, manifestando un invencible humor.

Con sus amigos, el músico John Cage y el bailarín Merce Cunningham, el aval del legendario Maciunas, tres personalidades que incidieron en su estética, la colaboración de técnicos en electrónica, Nam June Paik resignificó los medios de comunicación masiva, comulgó y estimuló las corrientes del pop art, el op art, el minimalismo, el body art, y acortó la distancia entre arte y tecnología sin dejar de trasmitir el sentido erótico en sus trabajos. Como sucedió con Picasso y la pintura en la primera mitad del siglo XX, los artistas de hoy son deudores del legado de este genial coreano, de una sólida formación artística en varios lenguajes a los que supo transgredir con solidez conceptual e imaginativa. *

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