ARTE

Nelson Ramos: murió uno de los grandes

Nelson Ramos, uno de los grandes artistas nacionales, nació el 19 de diciembre de 1932, en Dolores, Soriano, pero buena parte de su infancia transcurrió en Juan Lacaze donde trabajó su padre. A Montevideo vino en visitas esporádicas hasta que, al morir de repente su padre, su madre se trasladó a Montevideo. Poco afecto a las aulas escolares, estudió piano y taquigrafía, se empleó en una oficina y un buen día recaló en la Escuela Nacional de Bellas Artes en 1951. Encontró la vocación de su vida. Tuvo buenos profesores: en dibujo a Ricardo Aguerre, y en pintura a Miguel A. Pareja, Felipe Seade y Vicente Martín. Su entusiasmo con Pareja lo condujo a integrar con otros compañeros, el grupo La Cantera, en Las Piedras, en 1954. Una beca a Brasil lo llevó a Río de Janeiro, estudió con el pintor Iberé Camargo y el grabador Friedlaender, luego se empleó en una fábrica de textiles en San Pablo como diseñador de telas, mientras colaboraba con ilustraciones en diarios locales.

Antes, en 1953, había conocido la Bienal de San Pablo y allí vio por primera vez artistas fundamentales del arte contemporáneo (Picasso y el Guernica, Klee, Calder, Henry Moore), una visita decisiva para continuar su vocación pictórica. Que comenzó como dibujante de talante neoexpresionista, con energía en el trazo y violencia dramática, a veces caricaturesca, en la figuración, ejecutados de manera casi automática y cierta impostación gestual.

Los años sesenta constituyen la afirmación de un estilo que luego llevará a nuevas instancias que lo definirán con mayor rigor, el empleo artesanal de diferentes elementos, el papel y la madera.

Transcurrirán, alternando, etapas de tensiones explícitas y de tranquilas estructuras, especialmente a través del recurso del collage. El collage con un personal entendimiento y de acuerdo a los códigos del constructivismo torresgarciano. En los años setenta y ochenta producirá la serie, una de las más felices etapas de su trayectoria: Pandorgas y claraboyas, ya saliendo del plano y elaborando cajas en las que inscribe, con delicado y refinado sabor artesanal, un mundo típicamente montevideano, cotidiano y reconocible, con economía de medios, alusivos a una sociedad empobrecida, camino a un inevitable deterioro. Esa serie, realizada en materiales frágiles, d enorme sutileza y complejidad en la composición.

La proximidad de los festejos hispanos en torno al 500º aniversario del descubrimiento de América, lo condujo hacia un compromiso político y a una explícita narrativa de denuncia. Otra serie temática, La voz de los vencidos, basada en escenas de violación a los pueblos indígenas, recupera la perdida memoria de hechos que acontecieron, en secuencias narrativas en donde las pequeñas figuras de cartón y papel, en tonos sombríos, corporizan las andanzas de los invasores, sembrando urnarios, telarañas, esqueletos, calaveras, murciélagos, sacerdotes violadores. Otra serie memorable, para «Jugar con el tiempo, el tiempo detenido. Eso que sentí cuando estuve en Nuevo México al ver el enorme muro lateral de una especie de meseta, surcado de pequeños caminos, de escaleritas, perforado por huecos, por túneles que cavaban como topos los vigilantes puyé, los vigilantes de la plaza del cacique», confesó Ramos.

Otra serie es Nuevas formas, de 1995. La exhibió en Punta del Este en el verano de 1997 y estuvo conformada por trabajos en madera de cajón pintada con los colores habituales de su paleta, blanco y negro, algún castaño, alguna mancha aislada de rojo. Pero el soporte ya no está en las cajas sino en el plano, en estructuras sintéticas, minimalistas, de hachas, cuchillos, gatos y vacas, con títulos muy sugeridores, en clave humorística.

Porque Nelson Ramos, a cada serie dramática oponía otra más formalista y juguetona, como sus espléndidos collages de papel de colores diferentes y superpuestos que exhibió el año pasado.

Tuvo, oportunamente, el reconocimiento del público y de la crítica, de las autoridades oficiales que lo enviaron a las bienales de San Pablo, Venecia y Mercosur, entre otros encuentros internacionales. Recibió numerosos premios y distinciones y, en especial, tuvo la gratificación de fundar un taller, el CEA. en 1971, donde formó centenares de alumnos a lo largo de más de tres décadas, compartiendo allí los mejores años de su vida. *

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