Señor Director de LA REPUBLICA
Dr. Federico Fasano Mertens
* El 10 de enero de 1875 se desarrolla lo que, después, llamaron el “MotÃn de la Plaza Matriz”, ahà cae muerto Francisco Lavandeira, después hieren a Ramón Márquez, Segundo Tajes y tantos otros. Ellauri se presenta en la Plaza y ordena al coronel Lorenzo Latorre establecer el orden. Se suspendió el acto comicial. El diario El Siglo acusa a “la turba de gauchos asesinos” venidos de todos los puntos de la República y, llama “San Bartolomé de la Plaza Matriz”. Sin embargo, no fue el rencor de los mal entrazados del Interior contra Montevideo.
“La patria es pa’ tuitos o no es pa’ naides” era la divisa. La montonera interrumpe las interminables discusiones de los doctores.
Ante la realidad, para él, insuperable, Ellauri se da a la fuga, abandona el cargo después de 3 años de ejercicio, se exilia en un consulado amigo. Luego, en una nave brasilera, e, increÃblemente hay quienes lo quieren hacer volver y entre ellos estuvo ¡Julio Herrera y Obes!
El gobierno quedó acéfalo, designan provisoriamente a Pedro Varela, a este señor, el presidente Lorenzo Batlle Grau, lo habÃa deportado, parece que estuvo vinculado en el asesinato del General Flores. Lo primero que hizo, fue nombrar el Coronel Lorenzo Latorre ministro de Guerra. Se pacifica el paÃs, pero comienzan las detenciones de polÃticos opositores; José Pedro RamÃrez, Juan José Herrera, Juan Ramón Gómez, AgustÃn de Vedia y muchos más, la flor y nata de la oligarquÃa nacional. Todos, fueron embarcados en un navÃo de nombre Puig, el cual, en su viaje, fue rechazado en varios puertos o sea, les negaron asilo.
Se inauguró, en el paÃs, el curso forzoso de la moneda emitida por el Estado. El gobierno fiscaliza todas las operaciones con moneda. Necesitan un economista, el senado nombra, también residente en Buenos Aires a Andrés Lamas. Vuelven los levantamientos contra el gobierno, los enfrentamientos pueden calificarse de “degollatinas” de un lado y del otro.
Quedaron ranchos vacÃos, saqueo, dispersión, hambre, enfermedades, mutilados.
Latorre emite una resolución que establece que “será ejecutado sin más trámite, todo al que se le encuentre con armas en la mano”. El alzamiento se disuelve. El gobierno argentino colaboró, vigilando las costas y no permitiendo el refugio a persona alguna.
Latorre logra la importación de fusiles Remington, de repetición, con los que impone el orden.
Le hacÃan recibimientos apoteóticos, el Parlamento lo nombra General, pero lo rechaza. Mal que les pese a los que escriben la historia, vestÃa el raÃdo uniforme de Coronel de Cazadores, sin entorchados ni fideos extras.
El papel moneda sin respaldo inunda el paÃs, hubieron artÃculos que subieron 800% su precio. Andrés Lamas hace recomendaciones inoperantes y maneja cifras astronómicas.
Latorre no consulta, hace lo que piensa, le retira el apoyo a Pedro Varela y despide a Andrés Lamas, hombre de vizconde Mauá. El paÃs empantanado. Pasaron 13 meses del MotÃn de Plaza Matriz. Pedro Varela imitó a Ellauri y se exilió en la embajada de Francia.
Escuché, hace poco, en una tertulia en El Espectador que, José Pedro Varela, pragmático, aprovechó el gobierno de Latorre, totalitario, para hacer la Reforma de la Enseñanza. Yo dirÃa, aplicar las ideas de Sarmiento. ¿No será al revés? Que Latorre era pragmático, y aprovechó a José Pedro Varela, a quien nombró ministro por consejo de José MarÃa Montero. Saben que durante su gobierno, un doctor Querencio, que actuó un tiempo en Francia, llevó a algunos lugares del Interior, lo que podrÃamos llamar, policlÃnicas. Los propietarios de la tierra, deberÃan hacerle un monumento, en su gobierno se aprobó la ley de alambrados, marcando lÃmites cuya falta producÃa enfrentamientos mortales entre los que reivindicaban la propiedad; y los artistas, a quienes apoyaba, el caso más notorio fue su apoyo a Juan Zorrilla de San MartÃn.
¿Llegó por generación espontánea? O fue producto de una clase dirigente que lo rodeó y lo apoyó, o sea producto del medio social y económico.
En menos medida, se inauguró el servicio de tranvÃa de caballos, cuya proximidad anunciaba el CornetÃn del Mayoral del TranvÃa. El Siglo, comenta: los vecinos maravillados, observan la plantación de árboles en las veredas, Montevideo tiene aproximadamente 130.000 habitantes. Juan Carlos Gómez sueña con un paÃs formado por Chile, Argentina, Paraguay y la República Oriental.
El Parlamento le ofrece la presidencia, la rechaza y, se nombra a sà mismo jefe del Poder Ejecutivo. Era colorado, pero decÃa “El predomino de cualquiera de las facciones en que se divide la opinión pública, acarrearÃa la guerra civil”.
“Se que no podré presidir un gobierno ilustrado, pero responde que haré un gobierno decente”.
Golilla, poncho, sombrero de ala y zapatillas era el vestir de sus partidarios “tandomberos”.
El 10 de marzo de 1876, rodeado de uniformes, levitas, jaqués, vestidos escotados ampulosos en el Fuerte (casa de gobierno), y en la calle, el pueblo afónico y extenuado gritaba vivas. Le otorgaron el poder sin transmisión de mando, sin oposición, su voluntad será la ley y, sin golpe de Estado.
Su primer paso hacia la notoriedad comenzó con su regreso de la guerra del Paraguay, del la cual abdjuró, cubierto de heridas frescas, cubiertas con cataplasmas de barro.
De muchacho, fue vendedor de cigarros con Casullo, sirviente doméstico en casa de Ojer, repartidor de mercaderÃa y, finalmente, se enroló con el General Flores.
Pasó por el batallón Florida.
Comienza a gobernar, impone el orden, crece la confianza, baja el precio del oro y de muchas mercaderÃas. Nombró al doctor Vázquez Sagastume como fiscal en lo civil y crimen.
La prédica era que cuando la prensa atacara, cerrarÃa diarios, se chasquearon, no cerró ninguno, y funcionaban varios; El Siglo, Hoy, La Democracia, El Negro Timoteo, La Nación, etcétera.
Prometió llamar a elecciones, pero cantidad de interesados querÃan prorrogar su mandato (serÃan los mismos que reclamaban la reelección de Pacheco y después de Sanguinetti, la historia se repite).
Desde su casa en la calle Convención esquina Soriano hasta el Fuerte (Casa de Gobierno, por la Plaza Zabala) iba a pie solo. Nunca recibió un atentado.
¡Qué casualidad, fue padrino de bautismo del que después fue el doctor Gabriel Terra.
JOSE ENRIQUE PALACIOS
Señor Director de LA REPUBLICA
Dr. Federico Fasano Mertens
* Estimado amigo Fasano, luego de la publicación de algunas de mis reflexiones en su solidario periódico, he recibido un e mail injurioso de un tal Hebert Santa Cruz que dice asÃ: “No me asombra que usted le escriba al cerdo de Fasano, usted debe ser de igual calaña que él y por lo tanto se halagan mutuamente, se les aplica aquello de “cree el ladrón que todos son de su condición” por suerte en este paÃs ya se están dando cuenta quién es quén y ni poniendo el pasquÃn a $ 15 logra su venta. No gaste tiempo en escribir, nadie le importa lo que usted piense”, que por lo visto está radicado en España.
Existen varias posibilidades. La más probable es que sea un antiguo criminal y torturador prófugo y que mis propósitos le hayan fastidiado. Otra es que sea un simple imbécil, pues por el simple hecho de que haya hecho uso de la hospitalidad de la rúbrica Pido la Palabra, infiere que tengo una r
elación orgánica con su periódico, cuando en realidad mi relación es de puro reconocimiento por la labor que viene realizando desde antes de la dictadura. Además, este sujeto escribe con faltas de ortografÃa y con una pobre sintaxis, ni hablemos de su estilo, el que me hace recordar la carta que Seutonio dirigió a Nerón antes de suicidarse “Masacra pueblos, quema ciudades, pero no masacres la poesÃa”.
Existen otras posibilidades, pero para qué gastar tinta en un individuo que tiene tan poco tino para expresarse.
Al principio pensé reaccionar como me es habitual en estos casos, con la indiferencia, pues la indiferencia es al castigo adecuado para los mediocres. Pero al fin decidÃ, saliendo de mi habitual cortesÃa y mesura, abusar una vez más de su hospitalidad periodÃstica para hacerle llegar un mensaje al sujeto Hebert Santa Cruz:
Caballerito, váyase al carajo.
Estimado amigo Fasano, una vez más me despido con un saludo fraterno.
MARIO E. DELGADO BUTTURINI
Señor Director de LA REPUBLICA
Dr. Federico Fasano Mertens
* Escribo nuevamente a LA REPUBLICA (hace poco lo hice con un mensaje titulado “La perversa lógica moderna y las plantas de celulosa”) para expresar mi opinión sobre lo siguiente:
Estoy en contra de la instalación de las plantas de celulosa en la región, pues las considero contaminantes y por esto asesinas. Ahora bien, hasta hace unos pocos dÃas creÃa que las plantas de Botnia y Ence eran una carga, una herencia del gobierno anterior, y que este gobierno, que me merece menos desconfianza que los anteriores, tenÃa que lidiar con ello de la mejor manera posible. Esto es, continuar con las obras y permitir la instalación y el funcionamiento de las plantas, y que luego (sabiendo que contaminan) al ver que las empresas incumplÃan los compromisos ambientales expulsarlas sin indemnización (pues supongo que si ahora se las expulsa, se les deberá pagar indemnización).
El tiempo que, en dicho caso, las plantas contaminaran, significarÃa la muerte y el envenenamiento de animales, vegetales, humanos, tierra, agua y aire, pero serÃan, al fin y al cabo pérdidas calculadas y con un propósito: expulsar a las empresas contaminantes y no permitir que se instalen nunca más. Esas pérdidas, esas muertes, entonces, serÃan un sacrificio (al que desde ya me opongo, pero bueno, la polÃtica es la polÃtica, y para muchos importan más los sistemas que los seres humanos).
Pero, no, señores y señoras. El anuncio de que otra planta se instalará en el rÃo Negro y que otra empresa forestal planea venir al norte del paÃs, me obligan a pensar otra cosa. No es un sacrificio para obtener la posterior cura de nuestro ambiente, de nuestro rincón en el mundo. Son sacrificios para obtener ganancias. Y en esos sacrificios inútiles son cómplices las empresas, el gobierno y el Parlamento. Y por supuesto, la ciudadanÃa que los apoye.
Los dirigentes de Stora-Enso fueron clarÃsimos: vienen por nuestra agua (y no sólo ellos). ¿Qué dicen ahora los muy artiguistas que ocupan la mayorÃa del Parlamento y el Edificio Libertad? ¿Dónde quedó ahora aquello de que “No venderé el rico patrimonio de los orientales al bajo precio de la necesidad”? ¿Lo habrán olvidado convenientemente, ahora que los pueblos de ambas orillas del Uruguay podrÃan unirse en una causa común (lo cual sà es artiguista y a ello responden las tricolores en los cortes de ruta de Entre RÃos), para sostener un rancio discurso nacionalista que busca codificar el asunto como una lucha entre Argentina y Uruguay?
Ojalá que toda la sociedad, de ambos márgenes del Uruguay y del Plata, se informe y discuta, reflexione, tome acciones, se movilice, porque está en juego nuestra propia vida y los medios que hacen posible nuestra propia subsistencia como seres humanos, y no nos dejemos avasallar por sentimientos nacionalistas (cortinas de humo), o nos dejemos caer en la desesperanza de un sistema que nos propone o morirnos de hambre o morirnos de cáncer. Aún hay tiempo. Pero no mucho.
DIEGO ESTIN GEYMONAT – DEGCOLONIA@HOTMAIL.COM
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