ENTREVISTA CON LUIS FOURCADE

El teatro es el amor, la política y la cárcel

* Luis Fourcade era ampliamente conocido como actor y aun como autor dramático (Damas, 2004); pero su carrera de escritor dio un salto cualitativo con Compañeros (dirección de Dardo Delgado), que fue considerada por LA REPUBLICA como la mejor obra de autor nacional del año 2005.

Escrito por: JORGE ARIAS

Viernes 13 de enero de 2006 | 11:20
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Fourcade nació como Luis Pérez Fourcade el 12 de octubre de 1940 en Montevideo, en el barrio La Blanqueada. Su padre, que era maestro, murió cuando Luis tenía seis años. Su madre era maragata y fue pianista de cine mudo en el teatro Macció de San José; más tarde debió dejar el piano y trabajar como enfermera en el sanatorio Walter Martínez. De niño concurría con amigos al cine Metropol en 8 de octubre y Estero Bellaco; de vuelta a los hogares rehacían, también aquí con los compañeros, los filmes que habían visto. Más tarde trabajó en una fábrica de pastas que aún hoy existe, luego en la sociedad de crédito y ahorro “Sucasa”, luego en Suney S.A., para cargar cosas de la sección caza y pesca, donde trabajó cuatro años, posteriormente trabajó en Gaseba.

El llamado del teatro vino con una profesora que armó un grupito apoyado por los curas de la Iglesia de “Tierra Santa”, sita en 8 de Octubre y Estero Bellaco, que hacían actividades deportivas y culturales. Se armó un grupo de teatro cuando Luis tenía sólo 17 años. Cuando se fue un actor, le dieron un papel en “Cuando los hijos se van”.

Entró en El Galpón en el año 1961. Su intención era la Comedia Nacional, pero la Escuela Municipal de Arte Dramático funcionaba en la mañana, horario que coincidía con su trabajo, por lo que se inscribió en la escuela de El Galpón. Tenía 21 años. Hubo un llamado al que concurrieron 150 postulantes, para 20 lugares, se compró en cuotas “La historia del teatro” de D’Amico, y salvó el examen. Fueron compañeros de estudio Dardo Delgado y Miriam Gleijer. Se enamoró de Miriam, se casaron en 1967 y tienen un hijo.

Luis Fourcade está sólidamente construido y tras su permanente buen humor deja una impresión muy clara de fuerza en reposo. Es de mediana estatura, y en él se destacan sus ojos, que suelen brillar con un mensaje muy nítido, ya sea de comunicación, de alegría o de pasión.

 

–¿Cómo era la enseñanza en El Galpón?

–Los alumnos podíamos participar de las asambleas, sin voz ni voto; pero eso era aprender, y mucho. Una vez se votó un repertorio y le bocharon El león ciego a Atahualpa, que fue mi primer maestro. Atahualpa pidió tiempo y reconsideración, y al fin lo votaron.

 

–¿Qué otros maestros podés recordar?

–Recuerdo en particular a Bernardo Galli, Carlos Zino, Mario Levrero, con quien hice un taller de literatura en el año 2004 y Luis Masci y su taller de dramaturgia del año 2003.

 

–¿Cuándo comenzaste a actuar?

–Llevaba unos meses de alumno y El Galpón hace “El enemigo del pueblo” de Ibsen: todos los alumnos hicimos de “pueblo”. No éramos “extras”: Atahualpa nos explicó, uno por uno, qué sucedía en la obra y por qué.

 

–¿Y a escribir?

–Escribí desde la escuela, tenía una maestra, Daysy González, que nos alentaba sugiriéndonos temas; luego en casa escribía cuentos, influido sobre todo por los guiones del cine. En la escuela de El Galpón tuve a Nené Macedo, que además de enseñarnos el siglo de oro español nos hacía escribir narrativa con tema libre.

 

–¿Y la actividad política?

–Entré en 1965 al Partido Comunista. Cuando yo tenía 17 años (1957) sucede el impacto de la revolución cubana, precedida de la batalla de Guatemala, con Arévalo y Jacobo Arbenz.

 

–¿Qué te sucedió durante la dictadura?

–Me meten preso cuando cae el Partido Comunista. En enero empezaron a llevar gente al “D.6″.Yo era cobrador, llego un día a casa y se habían llevado a Miriam. Llevé a nuestro hijo a la casa de mis suegros, a los pocos días. Torturaron a la gente de El Galpón, al Chino, a Braidot, a Dardo Delgado. Me llevan a mí más tarde y en mi casa comienza la tortura, el balde para el “submarino”, también tiran todo, destrozan libros y artesanías. Me atan, me encapuchan, me sacan en un auto, me llevan al “300 Carlos”.

Ahí empezó el baile, con magnetos en los genitales. Tenía alucinaciones, veía a nuestro hijo. Vi a Miriam, escuché mi sobrenombre. Lo terrible no es sólo la tortura; es oír que torturan a otros. Uno oye todo tipo de gritos. Un día de abajo de la venda vi a un médico con un estetoscopio. Recuerdo especialmente, de cuando estuve en el 5º de Artillería, a un preso, un hombre vestido de payaso, al que los militares vejaban. Era homosexual, del diario El País, un arquitecto que tenía un alto puesto en la Asociación Latino Americana de Libre Comercio. Me admiró la dignidad con que soportaba todo. Estaba preso con su compañero.

Estuve preso hasta el año 1980. Dos años pasé en cuarteles: en el 5º de Artillería y en La Paloma, del Cerro. Después tres años en Penal de Libertad.

 

–¿Cuál fue tu comienzo como escritor de teatro?

–Mi primera obra es ¿Quieres dormir en casa? una comedia de la que Luis Masci decía que era la cuota de humor que me faltaba. Luego vinieron Damas, La perra vida de Wilfredo y Cuarteto para cuerdas, ahora Compañeros. El libro se escribió en 2000. Esta obra es parte de un libro De bigotes para arriba, premio 2000 del concurso de la Intendencia Municipal de Montevideo. En 2004 obtuve una mención de la Cofonte por la versión teatral.

 

–¿Cómo llegó Compañeros al teatro?

–Arturo Fleitas dijo que había que llevarla al teatro. El Galpón la votó, la iba a dirigir el mismo Arturo Fleitas, luego él no pudo y la dirigió Dardo Delgado.

 

–¿Qué escritores han influido en tu vida?

–Son muchos… William Faulkner, Oscar Wilde, J.D. Salinger, Hemingway, Marcel Proust, Felisberto Hernández, Mario Levrero, Mario Delgado Aparain. En teatro Chejov, O’Neill, Arthur Miller, Tennessee Williams, Neil Simon.

 

–¿Cuáles son tus actividades actuales?

–Ahora escribo. Leí mucho sobre guión cinematográfico.

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