Entonces el tiempo
El oficio de narrador es, sin dudas, un arte intransferible, porque posee la suprema cualidad de construir y reconstruir historias y vivencias individuales o compartidas.
Esa creación es siempre una suerte de parto, que discurre entre la fantasía y la realidad, entre la ficción primigenia y las irrefrenables voces de la cotidianidad.
Estas fuentes expresivas no son ciertamente conceptos antagónicos sino complementarios, porque la construcción literaria es siempre fruto de la conjunción entre ambas.
En medio de esa imperceptible frontera entre lo real y lo imaginario emerge lo onírico, un territorio escasamente explorado pero que posee una identidad propia.
Sin embargo, esos espacios cuasi vírgenes de la conciencia nutren recurrentemente a la literatura, en tanto ésta opera como catalizadora de percepciones, sensaciones y emociones.
Uno de los elementos vertebrales de este discurrir creativo es el tiempo, que, en la maleable materia literaria, no siempre respeta las coordenadas meramente temporales.
En «Entonces el tiempo», el autor uruguayo Nadal Vallespir desarrolla un profundo ejercicio introspectivo, que transita paisajes humanos complejos y a menudo hasta turbulentos.
Psiquiatra de profesión, el escritor desarrolla en sus relatos un agudo ejercicio de observación de las conductas humanas, sometidas, a menudo, a la presión derivada de situaciones límite.
Esta personal indagatoria es, para el propio autor, una suerte de viaje iniciático compartido rumbo al conocimiento de nuevas y apasionantes peripecias ajenas.
En esta selección de relato dividida en dos partes -«Continuidad de la noche» y «Otros cuentos»- Nadal Vallespir trabaja con indudable pericia con la temporalidad y la espacialidad.
Por ejemplo, en «Simultaneidad», el narrador apuesta a la perplejidad del lector, sorprendiéndole con una historia de trazo surrealista, en la que el pasado se mixtura con el presente y quizás hasta con el futuro.
En cambio, en «Sueño de los puños», hay una intensa apelación a la memoria y la nostalgia, que transcurre en escenarios humanos plenos de contrastes.
Por su parte, «Paralelo en gris» exhibe con crudeza la orfandad e indefensión de algunos seres humanos sumidos en la marginalidad, que deben vender incluso sus afectos con tal de sobrevivir.
«El hombre de la ventana de enfrente» propone un extraño juego especular de soledades compartidas, en el que faltan las palabras pero abundan las miradas y los gestos.
En el cuento intitulado «Los de entonces», el narrador trabaja nuevamente con la nostalgia y el crudo devenir del tiempo, en un discurrir literario que no olvida los estigmas de la dictadura.
En esta obra, Nadal Vallespir entrelaza los estados emocionales de sus personajes con la geografía urbana, en una construcción creativa que no soslaya las angustias, las asperezas y las desgarraduras afectivas.
Este conjunto narrativo nos permite descubrir a un autor sensible y maduro, que sabe capturar en su prosa las inflexiones emocionales y hasta los propios lenguajes del paisaje ciudadano.
(Ediciones de Orbe Libros)
Compartí tu opinión con toda la comunidad